Propuesta veraniega

En este verano tan atípico donde reina la distancia física y las mascarillas, la ausencia de abrazos, besos y celebraciones en corrillo se lleva como se puede.

Se me ha ocurrido que esta situación trae nuevos retos para relacionarnos y he lanzado un taller sobre mi tema favorito: El amor y sus circunstancias.

Se trata de un taller presencial en A Coruña para un grupo de 10 personas máximo y con medidas de seguridad en mi espacio de trabajo, el coworking la Eléctrica.

La idea es dedicar las mañanas de los sábados de Agosto (el festivo no) a indagar juntas sobre este tema tan apasionante que es el amor y las relaciones. Se puede hacer por sesiones sueltas o el taller completo.

Es una apuesta en momentos difíciles llenos de incertidumbre, entiendo los miedos a juntarnos y por ello en septiembre haré la misma propuesta online.

Espero que os gusten los carteles que he hecho con mucho amor.

Besos y buen verano

Propuesta veraniega

El lio de los hombres en deconstrucción

Tenemos un lio montado. Algunas mujeres queremos compañeros que conecten con sus emociones, que se comuniquen bien, que cuestionen el patriarcado y que se unan como aliados a la lucha contra la desigualdad. Queremos que se callen cuando nosotras hablamos de feminismo, que acompañen desde atrás, que conjuguen el verbo conciliar y corresponsabilidad, y ya por pedir, si están como un queso mucho mejor.

Hoy estuve acompañando a un hombre cis sensible, consciente, cuidadoso y cuidador, y hetero. ¿Cómo puede ser que este ser mágico como los unicornios, no tenga una lista infinita de mujeres esperando tener una relación amorosa basada en la igualdad, el respeto, el consentimiento, la comunicación y la ternura? Hasta a mí me cuesta dar respuesta.

Creo que los estereotipos nos han jodido bien. Algunas de nosotras queremos eso, pero dentro de un cuerpo y comportamiento de leñador canadiense. Si se presenta este hombre sensible muchas desconfiamos. Primer pensamiento, es gay. Si no lo es, pasa a la categoría de amigo del alma, tu si me comprendes.

No sé si son las feromonas, las hormonas, nuestra carga biológica que nos hace buscar para la reproducción hombres que resistan la glaciación o qué coño pasa, pero estas nuevas masculinidades no tienen referentes de seducción.

Entrenadas durante años para darle el corte al baboso, un empujón o una patada en los huevos al que invade tu espacio o tu cuerpo sin tu permiso, cuando el hombre-unicornio se acerca nos desconcierta. Ellos tampoco saben cómo seducir porque la carga estereotipada de hombre seduciendo, pasa por ser activo, valiente, directo y súper seguro de sí mismo.

Si eres feo por lo menos gánatela con la labia. Si eres un cuerpazo con dos neuronas, simplemente apóyate en la barra del bar y espera, o pon tus mejores fotos en el Tinder que irás a la cesta de la compra seguro. Sus referentes son una mierda, y el que no se ve reflejado sufre.

Creo que todavía no hemos conseguido conectar con lo erótico que puede ser la vulnerabilidad, mostrarse tal cual, sin esa máscara de macho.

Hay un desafío en el aire, no solo hay que deconstruir, sino que hay que construir referentes de seducción de antihéroe para que las nuevas generaciones se sientan cómodas y puedan expresarse sin hacer aquello que te dictan desde fuera.

Para nosotras, creo que tenemos que comenzar a dejarnos seducir por la ternura, que no confundirla con el despiste y la torpeza, que activa nuestro rol maternal-salvadora.

Para los hombres-unicornio, además de hacer talleres donde hablan de privilegios y se flagelan muchas veces, talleres de seducción por favor. Necesitamos referentes, escritos, en pelis, en series, en canciones, que lo invada todo y así el arcoíris será completo y se deshará el lio.

El lio de los hombres en deconstrucción

Sexualidad imaginada

Hace poco me leí el libro “¿Follamos?” de Bel Olid, súper recomendable. Una de las cosas que ella comenta es que tenemos curiosidad por cómo la gente folla , como es su sexualidad, cuáles son sus fantasías, como se masturba, cuánto tarda en llegar al orgasmo… estas son algunas cosas que nos encantaría preguntar pero que no hacemos. Igual, si lo hacemos con nuestras relaciones cuando sentimos mucha confianza, pero en general no son temas que se aborden en una cena entre amigas o con la familia.

El caso es que el otro día en una cena con amigas y después de dos botellas de maravilloso Godello me lancé a hacer todas estas preguntas indiscretas. Pasó lo que me imaginaba. De las cinco que estábamos solo dos declaramos abiertamente que tenemos fantasías eróticas, que nos maravilla fantasear despiertas con encuentros furibundos mientras vamos en el autobús o estamos haciendo un coñazo de curso online, que el cine para adultos tiene ahora fantásticas directoras que hacen que un pizzero no te someta como en el porno mainstreaming , que hay literatura a mogollón para conocer tus genitales y buscar tu placer. Hay un campo fecundo para explorar nuestra sexualidad pero mucho tabú para compartirla.

¿Dónde buscamos información? Pues lamentablemente, como educadora en institutos con temas de educación sexual, el imaginario erótico de nuestros adolescentes se nutre del porno, ojo, el de los adultos también.

Las “peculiaridades eróticas” se ocultan y quedan relegadas a chats temáticos para temas raritos. Qué pena! Para mi toda esta diversidad de deseos me parece un potencial pero he visto el sufrimiento y la incomprensión en algunas personas a lo largo de todos estos años.

El fetichismo, mirar, ser observado, los tríos, las orgias,… ya están dentro de lo cotidiano. Lo que no es cotidiano es comunicar, sigue siendo el reto. Hablar sin vergüenza de aquellas cosas que nos erotizan y nos dan placer, pedir, dar, mostrar sigue siendo un desafío.

El mundo del poliamor ha traído más morbo al asunto si cabe. Durante mucho tiempo mis amistades pensaban que ser poliamorosa era vivir en una bacanal constante y ser una evolucionada nivel diosa en el Kamasutra y diferentes disciplinas eróticas. Puede ser que para algunos y algunas sea así, pero de lo que yo conozco, no es lo habitual. Lo que si trae estar abierta y cuestionar la norma, es la apertura a explorar nuevas experiencias, y aquí si que digo que son acumulativas.

A lo largo de estos años he ido construyendo mi sexualidad a través de todas las historias compartidas. Otros y otras me han enseñado posturas, roces, caricias, besos, que eran desconocidos para mí. Me he divertido, asustado, sonreído, bloqueado, disfrutado, y construido finalmente mi mapa erótico. Sigue en construcción, claro que sí, eso nunca termina.

Mientras tanto quiero ver cómo darle la vuelta a esta situación. Como contarles a nuestros y nuestras adolescentes y también a los/las adultas la diversidad de sexualidades. Como tener una actitud curiosa, no juzgar aquello desconocido como perverso, y así poder expresar nuestra sexualidad libremente y sin sufrimiento.

Largo camino seguro, voy a seguir con mi curso de Sexualidad y Género que me está encantando.

Sexualidad imaginada

¿Nueva normalidad?

Llevo días pensando que narices querrá decir esto. Ya solo la palabra “normalidad” me pone un poco nerviosa. Todo lo que conozco que se dice normal me recuerda que va parejo a lo que no es normal. Este binomio diabólico me ha traído de cabeza a lo largo de toda mi vida.

¿Quién decide lo que es lo normal? Pues seguramente la “mayoría”, otra palabrita que me perturba. Estar dentro de la mayoría y la normalidad te da una tranquilidad de la hostia. No se te cuestiona, se te acepta con solo mirarte, se te escucha, cuentas. Ser minoría y no-normal te mete en armarios, cajones, te deja sin voz y sobre toco te toca las narices. A menudo pasas un montón de tiempo explicando las cosas que la gente no entiende o no quiere entender.

Tengo un aspecto convencional. Mujer cis, de cuarenta y tantos, con un vaquero y zapatillas de deporte soy feliz, la típica persona que te encuentras en el súper o esperando un bus. No tengo nada de original que se vea vamos, quiero decir que no voy con una camiseta de activista con todo mi ideario y colores de los cuales ni se el nombre. Esto genera cierta confianza porque la gente presupone un tipo de persona y así se acerca y relaciona.

La cosa cambia cuando ambas personas nos sentimos cómodas y podemos profundizar, compartir ideas y opiniones, ahí es cuando viene el :”vaya, no tienes pinta”. Si me hubiesen dado  un billetes de 5 euros cada vez que me han dicho esta frase tendría tranquilidad económica. Creo honestamente que no tengo unas ideas muy locas simplemente me ha llevado mucho tiempo y curro llegar a vivir con cierta coherencia y poder expresarla.

Todo este confinamiento además de desarrollar la maestría en no hacer nada y no sentirme culpable, lo he dedicado últimamente a pensar en cómo seguir subiendo escalones de la vida y como puedo volver a tener vínculos lindos.

El primer paso fue despedirme de mi vínculo anterior. No de la persona, sino del patrón , de la forma viciosa de relacionarnos, de toda la mierda que emergió en el confinamiento y casi destruye nuestras identidades individuales.

Las fases nos trajeron la oportunidad de separarnos físicamente y diosbenditodeldivinopoder me ha venido de coña para poder mirar desde la distancia la linda persona que comparte mi vida, no el coñazo de tu gloria en lo que nos habíamos convertido. Yo, la primera que convertida en hámster, salto a la mínima y todo me molesta.

Ahora quiero dar sentido a todo este sinsentido que nos ha pasado. Este aviso de la vida que nos recuerda lo vulnerables que somos nos pone una hoja en blanco. Ya conocía algunas cosas que me iban bien y he visto aquellas que me hacen insoportable, y la dureza que puedo desarrollar.

2020 iba a ser mi súper año, lleno de proyectos que evidentemente se fueron a la mierda. Ni siquiera tengo claro si los quiero recuperar o no. Mientras esté en este estado febril de alerta y alarma no soy capaz de pensar con claridad sobre proyectos futuros laborales. Sé que si empiezo con cosas placenteras como escribir en el blog, poco a poco me iré reactivando.

Me recuerda un poco al deseo. Empezaré por seducirme a mí misma para reactivar mis celulitas e ir despertando del shock. Esta lentitud me encanta, me encanta para todo, también para relacionarme. Me reconozco anteriormente una ansiosa de caray. Quería vivir todo con una intensidad loca, con rapidez, con cantidad, con diversidad.

Ahora que hay un nuevo escenario, siento que podemos seguir creando lo que nos apetezca, que lo que era normal ha sido tambaleado por un pequeño rey. Que el aislamiento no ha significado abandono sino que nos ha vuelto más creativas.

Nuevos tiempos, nuevos retos, nuevas miradas.

¿Nueva normalidad?

Que bonita eres

Quiero una persona que me diga: “qué bonita eres”.

Me cansé de los te quieros vacíos con el tiempo, de los te amo con locura insana, de los compañeros que se hunden en su culpa cuando no tienen respuesta y te castigan con sus silencios enfadados. Ya no puedo con aquellos que no dejan el abrigo de sus preocupaciones en el perchero, con aquellos que solo ven restas donde yo veo sumas, con los que no escuchan los mensajes que se  oyen y se ven, con las prisas en todo, en la vida, en el sexo, me cansé.

Si algo bueno tiene que se pare el mundo es que quieras o no, tienes tiempo. Tiempo para buscarte y encontrarte. Tiempo para conocer, aprender, leer, cuestionar, aburrirte y respirar. Todo el rato nos bombardean con “la vuelta a la normalidad” y me he dado cuenta de que yo no la quiero. Si quiero tener tranquilidad, quiero tener mis necesidades básicas cubiertas, sobre todo la de mis hijas. Quiero que mi profesión me dé una vida digna y salir de la precariedad. Que por fin de fruto todo el esfuerzo y el trabajo que he puesto en reinventarme a mí misma.

Salí de la normalidad hace tiempo. Primero de la normalidad normativa relacional, después de la normalidad laboral. Tenía una profesión que por la crisis económica se fue al carajo como a mucha gente. Durante un tiempo estuvo bien dedicarme a la maternidad, pero la necesidad de realización tocaba fuerte a la puerta y en cuanto mis gacelitas empezaron a necesitarme menos me puse a reinventarme. Me gusta estudiar, me gusta trabajar con y para la gente, me entusiasma la mente, me gusta cuidar, me gusta enseñar, me gusta emocionarme y sorprenderme, y sobre todo me gusta crear comunidad.

En tiempos de distancia social tener una comunidad es oro. Los abrazos están garantizados, la soledad es escogida puntualmente y respetada, compartir tareas, crianza, recursos, son para mí la mejor solución para superar estos momentos extraños.

Hace tiempo que no tengo mi comunidad física y es ahora cuando más la extraño. Tengo comunidad virtual sí, pero me agota. Siento que mi vista se resiente cada día que pasa en cuanto enciendo una pantalla. Para poder conectar y compartir antes hay que escribir un whatsapp o un mail convocando y tener suerte de que las agendas en este momento loco, estén disponibles.

Pareciera que vivo sola, no, pero si me siento sola. Hice una apuesta grande. Creí y ahora que paré vi. La velocidad de la vida tapa los flirteos, los pequeños avisos que te da la vida de que las cosas no van bien. De que lo que das por supuesto no lo es, de que la inercia es peligrosa si no pones límites a tiempo y de que puedes esfumarte delante del otro sin que te des apenas cuenta.

Para mí el amor se muestra. Se siente, si claro, pero sobre todo se muestra. En pequeñas cosas cotidianas y muchas veces absurdas que sacan una sonrisa. Un plato sabroso, una copa de vino acompañada de un silencio, una colada doblada, una compra repetida porque los dos hemos pensado lo mismo, un fregadero sin recoger para poder ver una serie, un abrazo cuando no puedes más y una mirada. Esa mirada que te dice sin palabras: “qué bonita eres”.

Esa mirada ve a la persona completa, con virtudes, con defectos, con pasados, presentes y futuros, con aciertos y desaciertos, con cagadas, con lágrimas, fracasos, éxitos, alegrías, con lo que eres y puedes llegar a ser. Es también una mirada curiosa porque somos personas en un rio. En un rio que se mueve y cambia, que a veces tiene corrientes fuertes y otras está en calma y es más fácil de navegar.

Con esa mirada yo me siento segura y también puedo mirar, y ver al ser humano que tengo enfrente con sus cosas y sus quienes. Ahí siento el amor, en esa cosa electrizante e inexplicable que me manda un mensaje claro que me hace sentir bien. No hay alrededor nada más, es una sensación pura que me conecta.

Es también un detector del desamor porque pasa por el cuerpo constatando que eso mágico se perdió. Casi todas las rupturas sentimentales que he tenido a lo largo de mi vida las he sentido así, en una mirada. A veces una mirada antes de un “tenemos que hablar” o una mirada de despedida, son mi avisador. Todo lo que viene después es confuso porque de alguna forma el resto de los sentidos se adormecen y solo queda esa sensación en el cuerpo.

Creo que en cuanto pueda dejar de mirar la pantalla y pueda volver a mirar a las personas en la calle me voy a dar una sobredosis. Voy a mirar caras, a imaginar historias detrás de esos rostros, a cotillear expresiones, alimentarme de sonrisas, adivinar palabras y volver a conectar así con otros seres humanos que también me miren ,sentir que somos comunidad ,y pueda decirme a mí misma, que bonita eres.

Que bonita eres

Tiempo de Coronavirus

Son tiempos extraños. Un ser minúsculo ha llegado para tambalear nuestras vidas, nuestros modelos, nuestra seguridad, nuestros absolutos, nuestros sistemas, nuestras creencias, todo lo conocido y obvio, ya no lo es tanto después de su llegada.

Nos creíamos libres de ir y venir, eso fue lo primero que cayó. Nos creíamos invencibles, y sí se está cebando con los mayores, con aquellos que lucharon por nuestras libertades y que toca cuidar, pero también con aquellos que su salud no es de hierro. De repente muchos y muchas de nosotras somos de riesgo, asmáticos, diabéticos, enfermos crónicos,..y por lo tanto posibles candidatos a sufrir la enfermedad.

Esta distancia social de los otros y las otras en sus casas, ha traído nuevas miradas. Vecinos y vecinas que intuías detrás de sus cortinas ahora se muestran y hay algo que nos une, el aprecio, el reconocimiento a todos y todas aquellas que están trabajando para sacarnos de esta y cuidarnos. Nosotros y nosotras nos toca obedecer y pensar que estar en casa es mi forma de contribuir a que cada día ese número infernal disminuya.

En casa. Cuantas formas de estar en casa hay. En casa sola, en casa en pareja, en casa con familia, en casa con enfermos, en casa con jardín , en casa minúscula compartiendo con diez, en casa con tu agresor, en casa con un ERTE, no dejo de pensar el montón de situaciones que se están dando.

Mi casa la semana pasada se convirtió en una casa de locos, de dos locos. Somos dos que gestionamos las cosas de formas diferentes, ritmos desiguales, preocupaciones diversas, privilegios distintos y la casa se convirtió en un lugar de desencuentro donde poner a prueba la pareja.

Hubo un día en concreto, los lunes son siempre días de tensión aunque en este encierro todos los días parezcan iguales. Una tontería, un comentario sobre algo de la tele o yo que sé, nos llevó a la discusión. Yo me fui rápidamente a la frialdad y a la claridad, dos cosas que cuando se juntan son mortíferas. De repente no quería quedarme confinada con mi pareja. Por un momento sentí que no le quería o que no le quería así, me imaginaba estando sola y me invadía un sentimiento de felicidad suprema. Me imaginé descansando. Descansando de cuidar, sostener y acompañar al otro en esta crisis y en otras muchas. Notar esa sensación  fue maravilloso.

Cuidar, cuidados, cuidando, son palabras que utilizo muy a menudo y se han vuelto el centro de la manera que tengo de ver las relaciones, siempre le vi sentido pero ahora me pesa. Me he dado cuenta que en temporadas de crisis me llega con mi autocuidado y que los demás tienen que hacer su trabajito, que tengo que poner los límites antes y también compartir y poner en el centro como estoy yo, reclamarlo si es necesario, porque si no el otro no se da cuenta o no le interesa darse cuenta porque entonces su lugar cambia y pasa de ser cuidado a ser el que cuida.

Esta crisis también me ha puesto delante de la cara que no siempre cuido bien, que muchas veces no soy capaz de empatizar o simplemente no quiero escuchar, que las quejas me molestan, que soy susceptible a muchas cosas que no me daba cuenta y una vez más que el amor no basta. En nombre del amor no todo vale, y que cuando me dicen en medio de un enfado “yo te quiero” me sale decirte “pues yo te odio”.

He aprendido que poner distancia social dentro de casa y en la pareja también evita contagios. ¡Santo remedio! Espacios y tiempos para que cada uno haga su gestioncilla ayuda a que no se mezclen historias de vida que no comprendemos. No siempre podemos comprender al otro/a.

Esta semana volvemos a ser cinco y ya no es locura, bueno, es la locura de siempre vamos. Ahora siento que me estoy dando un tiempo para acercarme lentamente, para ver si nos volvemos a reencontrar en nuestro espacio. Estoy viendo si este virus diminuto no ha enfermado nuestra relación y este confinamiento nos trae una oportunidad para nuestra pareja o a puesto de manifiesto nuestras carencias escondidas tras la cotidianidad.

Tenemos unas cuantas semanas más para seguir indagando y explorando, y mientras sea desde ahí desde la creatividad yo me apunto, si es desde el desgaste y hastío yo me bajo.

Vamos a ver como evoluciona la curva.

Tiempo de Coronavirus

Parar

Estar confinada no es problema para mí, trabajo desde casa y he conseguido crear un espacio amable y cómodo para mí. Se ha parado todo el trabajo que tenía presencial, talleres, charlas, encuentros, y digo parado porque confío en que volverá a activarse todo a la vuelta.

La distancia social, que interesante concepto, es física, porque cada día me siento más conectada. Iniciativas solidarias asoman por mi pantalla y el continuo mensajeo me alegra y me vuelve loca por momentos.

He conectado en estos días con ir más hacia adentro, aprovechar este momento para parar y ver cuál puede ser el significado que hay detrás. Me he dado cuenta de la inercia, de mis inercias, y que no sabemos parar, o yo por lo menos no sé.

Vivo este momento de parón reflexionando, pensando, imaginando, recordando y acompañando. Me pregunto cómo van a cambiar las formas de ver este mundo que se ha demostrado vulnerable como los seres que lo forman. Como vamos a seguir relacionándonos y que importancia tienen los vínculos y como los cuidamos.

Esta mañana tuve una sesión con una mujer libre, poliamorosa y bisexual como dice ella, pero sobre todo libre. Por sentir y ser ha pagado un precio alto. La incomprensión, la presión, la dureza del sistema, la duda, la culpa, la incertidumbre, las preguntas sin respuestas. Hoy yo tampoco tenía muchas respuestas, y en este estado nebuloso que me encuentro escuchaba su historia como un sueño. Hoy podía parecer más una pesadilla pero el sueño que hay detrás se me antoja hermoso.

Juntas hemos llegado a un punto de “no lucha”, de no forzar, de no insistir, explicar, negociar, hablar, a ese maravilloso lugar del NO HACER que nos dice el Tao. Puedo decir que nos hemos sentido más ligeras y más fluidas, no sé si con certezas, pero si entendiendo que los caminos son largos y que cuando nos cansamos es mejor pararse a descansar un rato.

Parar, esa palabra tan contradictoria para mí , hoy es sin embargo sabiduría pura.

Parar

Activista de otros modelos relacionales

Soy una estudiosa del amor. He encontrado por fin la definición con la que me siento más cómoda en este momento: activista de otros modelos relacionales.

Antes cuando me presentaba como poliamorosa, sobre todo en los inicios de esta andadura, estaba entre la provocación, la curiosidad y la identidad. Ahora que ya han pasado casi 5 años siento que no necesito una etiqueta que me limita a solo una cosa, sino que necesito un estado fluido. Lo explico.

Siempre creí que para darle coherencia y peso a la decisión de salirme de la norma “debería” estar activa siempre. Si soy poliamorosa soy poliamorosa a tope. Esto llegó a causarme una presión inaguantable y difícil de gestionar. Tenía la sensación de estar permanentemente abierta a las posibilidades de conexión con otros seres humanos. Si volvía al estado anterior, la monogamia, era alta traición.

El 2019 me trajo un aprendizaje maravilloso a las bravas. No es fácil la conexión y menos la conexión erótica cuando estas sumida en un duelo y con mil preocupaciones en la cabeza, se te quitan todas las ganas de aventura, y toda la energía que tienes es para seguir adelante y mantener tus vínculos sanos.

Noté que mi pasión activista disminuía y me quedaba en el papel de terapeuta, de ahí que el blog estuviese parado tanto tiempo. No sentía la necesidad de escribir, ni compartir, ni explorar, ni profundizar. Eso sí, nunca perdí la pasión por estudiar. Aunque yo no estuviera activa mis clientes si, y muchos y muchas necesitaban respuestas. Esto me permitió estar en un lugar de observadora y seguir mi investigación desde un lugar más mental y desde luego más sosegado. A la vez he dedicado este tiempo a  aumentar mi formación y mis conocimientos en sexualidad y estoy disfrutando como nunca el aprendizaje de esta disciplina.

El espacio que se organizó el otro día sobre los Celos fue sorprendente. El colectivo que lo organizaba y yo misma pensábamos que tendríamos sobre unas 15 personas o así, pero este número por lo menos se duplicó, y tuve la suerte de encontrarme con un montón de cabecitas curiosas, algunas de las cuales compartieron sus ideas y vivencias con respecto a las relaciones.

No sé si algo está cambiando, lo que si se es que mucha gente en muchos sitios está pensando. Se está repensando esto del amor y como nos relacionamos. Palabras como los cuidados, el capitalismo, la responsabilidad, la sostenibilidad, la comunicación, la escucha… están queriendo tener mucho más protagonismo y convertirse en algo central en nuestras vidas. Sentí que alguna gente se revelaba ante un discurso conocido y que muchas veces causa daño, insatisfacción y falta de poder. Porque no hay nada más desempoderante que no poder elegir.

Quise ser muy prudente aunque no sé si lo conseguí, se me ve mucho el plumero, y mantener la monogamia como una opción tan valiosa y sostenible como otras formas de relación. He visto parejas que da gusto, historias de amor de cuento, pero también otras muchas que siguen una inercia a lo zombie sin escapatoria.

Yo no tengo la respuesta de si otros modelos como la anarquía relacional o el poliamor pueden solucionar muchas de las insatisfacciones que tenemos, lo que si se es que repensar y cuestionarnos las cosas para encontrar NUESTRA respuesta es interesante. En este repensar yo muchas veces me he encontrado en callejones sin salida, contradicciones, miedos, dictaduras, pero ahí sigo repensando.

Ahora desde este lugar activista donde me ha puesto la vida hago una labor mas de educadora que de otra cosa. No pretendo dar moral sino conocimientos, otros que no se cuentan.

Esperaba el 2020 con ansía y ha llegado con cosas bonitas. Dos charlas este mes y la idea de sacar un taller sobre relaciones en un futuro no muy lejano. La teoría mola, pero si podemos aprender un par de estrategias y herramientas para que la vida sea mas fácil pues mucho mejor.

Estoy contenta de estar así, mucho más conectada con mi pasión, las personas vendrán si tienen que venir y sino disfrutaré de este lugar y este momento. El año acaba de comenzar,jejejeje.

Activista de otros modelos relacionales

Esta cosa de los celos

Los celos son una jodienda, para que negarlo. Tanto si los sientes como si eres  “objeto de” es una situación difícil de abordar, incómoda y muchas veces apocalíptica.

Yo los he sentido, he sido objeto de celos, me he desesperado, desquiciado, abrumado pero al final harta de no saber qué hacer con esta emoción que nos atrapa hice lo que hago siempre: estudiar.

Cuando una cosa tiene poder sobre mí, automáticamente me pongo a buscar información sobre “la cosa “para poder entenderla y aprender a gestionarla. Desde luego el aprendizaje no ha acabado y tengo para rato, pero por lo menos me siento mucho mejor y ya no siento que cuando los celos entran en escena voy cuesta abajo sin frenos.

Todo este estudio me ha valido para mí misma pero también para poder compartirlo con otras personas que estaban pasando por las mismas experiencias. Como resultado ha nacido una charla con la idea de empezar a explorar juntas este tema. Más adelante si hay interés podremos hacer un taller para aprender herramientas que nos ayuden en la gestión de los celos.

83668245_499794883988203_1601479883182047232_o

Mientras tanto me gustaría contaros una historia que también tiene que ver con la gestión de los celos. He conocido a una mujer que forma parte de un matrimonio polígamo. Esto por supuesto no me lo esperaba, mucho menos  aquí en Galicia.

Estoy haciendo un curso, a la hora del café salgo con mis compañeras y charlando una de mis compas que tiene 63 años me dice que se está construyendo una casa en un país africano y que igual cuando se jubile se va para allá. Curiosa le pregunto que se le ha perdido allí y me contesta que su marido 15 años más joven es de allí. Sonrió, y curioseo más. Espera, espera, cuéntame toda la historia.

Llevan 12 años juntos, se conocieron bailando, se hicieron amigos y después compañeros de piso (el necesitaba un sitio para vivir y como ella ya tenía a sus hijas independientes tenía sitio en casa) y finalmente pareja. Uno de los sueños de él era ser padre, ella con 51 años, aunque podía no compartía ese sueño. Seguimos hablando, yo con la boca abierta fascinada por toda su historia pero sobre todo con como la cuenta. Me enseña una foto donde él sale con su hija de dos años. ESPERA! Me faltan datos. Ella me explica con mucha naturalidad que como él quería tener un hijo conoció a una chica en su país y se casaron, es la segunda mujer.

A ver, el tema de la poligamia en España está prohibido y la idea cultural no nos seduce nada. Parejas poliamorosas con crianza compartida hay, no muchas pero existen. Parejas homosexuales con colegas que han ayudado a gestar también conozco pero polígamos hasta ahora no conocía.

Se activó mi gen de investigadora porque la oportunidad era fantástica, así que le pregunté cómo era vivir esta situación y como se gestionan todas las emociones. “Pues normal”, me dijo. Él tenía una necesidad que yo no podía cubrir y no le iba a obligar a que renunciase a ello así que como él puede tener varias esposas porque no.

Han creado una gran familia, las esposas se conocen y se llevan fenomenal. Ella me aclara que el mérito es todo de él que lo gestiona maravillosamente. Yo creo que el mérito es de tod@s ,y sobre todo de ella que siendo española, viviendo en una ciudad pequeña, teniendo una relación interracial e intergeneracional , ha tenido una generosidad y apertura que me flipa.

La hija de él le llama tía, y cuando ellos visitan su país comparten vivienda y tiempos. Ella me cuenta que cuando van él quiere pasar la mitad del tiempo con cada una para no crear desigualdad pero ella le dice que no, que ya lo tiene todo el año aquí y que esté con la madre de su hija.

No hay celos, o por lo menos ella no los siente. Todo ha sido consensuado, hablado, negociado y revisado. Cuando lo cuenta, yo siento que en toda la historia hay muchísimo amor y mucha admiración hacia todas las personas. Sus dificultades vinieron de sus propias hijas por ser “demasiado” moderna. Se ríe, y desde esa sabiduría que dan los años, me dice que lo que piense la gente le importa un bledo.

Me quedan 4 fines de semana con ella y voy a ponerme en modo esponja para que me cuente, me comparta y traiga ideas nuevas para darle a la tarra.

Mientras tanto seguiré pensando desde otro enfoque más ¿Cuánto de cultural hay en nuestros celos? Está claro que los mitos del amor romántico han argumentado y justificado los celos, pero desde otras culturas de matrimonios múltiples ¿como es la mirada? Habrá celos entre esposas, seguro, pero ¿cómo se gestiona?

Desde luego este tema apasionante plantea más preguntas que respuestas, así que a seguir investigando.

Esta cosa de los celos