Momento dulce

Puedo decir que ahora estoy en un momento muy dulce. Fue un comienzo de año atropellado, poco a poco se han ido calmando las cosas, y sobre todo hemos encontrado tod@s puntos de encuentro para hacer de nuestra convivencia algo sostenible.

Cuando ya parecía que no tenía otra opción que separarme de mi pareja y compañero de vida porque había entrado la desconfianza y el nivel de dialogo era tenso, conseguimos replantearnos nuestro papel individual y visión en la pareja. Unos cuantos post its y la pregunta de” ¿Qué ventajas tiene estar en pareja para mí?” ,empezó a generar puntos de encuentro. No solo nos necesitamos para criar a nuestras hijas y apoyarnos en nuestros propios proyectos laborales, necesitamos los afectos y los cuidados, y seguir creciendo juntos como familia y también de manera individual. No está todo hecho, este es seguramente el primer pasito para recuperar el dialogo honesto y comenzar a restaurar vínculos que conseguimos deteriorar entre los dos sumergidos en nuestras luchas de poder respectivas. Tengo confianza y ninguna prisa, y crear otro modelo de pareja que nos satisfaga a los dos, pasa por muchas horas de conversación.

Paralelamente a este proceso estoy viviendo mi historia de amor, de complicidad, de sorpresa, de conocimiento, de confianza y libertad con un ser maravilloso. Estamos construyendo algo en la distancia, algo de futuro pero viviendo con intensidad el presente.

En apenas dos meses y con la energía arrolladora de la ENR donde todo es posible, hemos conseguido entre los dos un espacio mágico. El Skype nos une y nos encuentra. Nos permite compartir momentos cotidianos y citas sensuales. Resolver problemas domésticos o infantiles, y también grandes debates sobre el futuro y cómo vamos a estar en el mundo.

Queremos estar uno en la vida del otro, queremos hacerlo posible. Juntar las vidas, las mochilas, l@s hij@s, los proyectos y los sueños, pero respetando la identidad de cada uno, y cuidando a las personas que están en nuestras vidas, los pequeños y también los grandes.

Me he encontrado con un corazón con patas, generoso y sensible, que escucha y se escucha, que se asusta y lo cuenta, y entonces el miedo, al compartirlo, se hace más pequeño. Juntos hemos creado un canal de dialogo y confianza donde poder compartir las locuras más locas sin juzgarnos. Me siento profundamente amada y amando, pero sobre todo con ilusión y esperanza.

Otro paradigma es posible, vengas de donde vengas. Los retos son enormes, los celos, las inseguridades, las comparaciones, los miedos, el no ser especial o el único y no entenderlo. Ahí estamos, él y yo, porque cuando ya pensaba que mucho lo tenía aprendido, me doy cuenta de que sigo aprendiendo a través de su mirada.

No son solo los besos, las caricias, las sonrisas, las miradas cómplices y el sexo, es como se ama, con el corazón abierto y la mente curiosa, y me encanta estar viviéndolo así.

En menos de tres semanas nos volveremos a encontrar, piel con piel, y se abre un nuevo capítulo hacia el futuro. Sabemos lo que nos gustaría, ahora falta el como hacerlo. Vamos a cruzar una línea con calma, respeto y cariño, observando las señales de las personas que nos rodean para ver cómo nos sentimos tod@s.

Estamos creando otro modelo de relacionarse donde cabemos tod@s y donde podremos negociar entre tod@s para compartir derechos y deberes. Es emocionante y acojonante a la vez, porque ahora sí, ahora si se ha generado esta oportunidad.

Te amo “J”, nunca dejas de sorprenderme y espero que este camino que empezamos juntos con este montón de desafíos nos de felicidad a los dos por mucho tiempo.

Momento dulce

La charla

Dentro de dos semanas y media daré una charla sobre Poliamor en la facultad de medicina en unas jornadas organizadas por la Oficina Local de Saúde reprodutiva, Sexualidade, VIH e outras ITS de ME.I.GA, cuando tenga el cartel os lo compartiré.

Se pusieron en contacto conmigo para ver si quería participar y me pareció una buena oportunidad de dar a conocer otras formas de amar y relacionarse, en definitiva otras opciones.

Comencé a pensar en que enfoque darle a la charla porque yo no soy sexóloga, ni una intelectual de esto, ni represento a ningún colectivo, es mi historia personal. Ya hay mucho escrito sobre el tema y así lo pondré en mi presentación, así que, ¿Qué contar que pueda ser interesante?

Me metí en internet a explorar que se decía sobre el poliamor y ya entré en cólera. Los titulares llevan siempre la palabra “sexo, sexual, sexualidad”… en fin, que la prensa como siempre metiéndole morbito al tema. Creo que ya os conté que una periodista de un programa de aquí me preguntó si esto era lo de vivir en trio y cambiar parejas. Por supuesto la mandé a que se documentase y no volví a saber de ella.

Así que ese será el enfoque de mi charla, lo que no es el poliamor, y sobre todo pretendo crear un dialogo con las asistentes para intentar deshacer los mitos.

Supongo que la gente no pensará que esto es como el programa “Españoles en el mundo” que llegas y todo chupi piruli  (Cuatro sacó un reportaje sobre una familia poliamorosa europea donde todo era paz y armonía). La realidad, como todo, tiene luces y sombras, y si ya es difícil tener una pareja o una relación imaginaros varias.

Quiero dar mi opinión personal sobre que esto no me parece una evolución ni una revolución, no lo pienso, y a menudo tenemos esta discusión en nuestro grupo de poliamor. Creo que es una opción personal a la cual puede llegar cualquiera, tenga trabajo personal hecho o no, solo se necesita curiosidad y espíritu crítico.

Sobre lo revolucionario, el amor libre está desde tiempos inmemoriales, y la historia está llena de amantes conocidos por cónyuges y asumidos con normalidad. Si me parece un gran avance relacionarse de forma honesta y poner en práctica formas de comunicación más empáticas y amables con nuestros semejantes. Pasar de las luchas de poder a la cooperación y la colaboración, para que todos crezcamos y ganemos.

Amar sin poseer, en libertad, cuidando, ese si me parece un paradigma revolucionario pero no es nuevo, a ver si lo ponemos de moda otra vez.

Quiero escuchar lo que opina la gente sobre el poliamor, los miedos, los retos, las desconfianzas, sus curiosidades, y compartir mis aprendizajes, que como no, vienen de cagarla infinitas veces. También compartir los logros, los anhelos y las fantasías de conquistar un futuro donde más cosas sean normales.

De momento estoy tranquila y confiada en que llegará la inspiración si no me pongo el listón muy alto y me dejo fluir. Veremos como va.

La charla

Hacer un “reset”

Llevo un tiempo pensando en cómo construimos las parejas, para que, y sobre todo como se mantienen. La mía, ha sufrido un desgaste considerable con esto del poliamor. Lo que en un principio supuso un reto interesante y nos aportó mogollón el primer año, se ha convertido en una carga difícil de gestionar. Si ya es difícil mantener una pareja, varias ya se convierten en toda una obra de ingeniería.

Además de  la  pareja como organización, estamos los individuos, cada uno con sus tiempos y sus ideas, sus vivencias y sus creencias, y sin darnos cuenta podemos pasar de aquella frase inicial de “es que es como si lo conociese de toda la vida” (de los primeros encuentros) a “es un auténtico extraño”(cuando pasan los años).

En medio pasa la vida, hipotecas, hijos, proyectos laborales, responsabilidades familiares, y sin darte cuenta has dejado de lado el seguir trabajando en tu pareja. Yo lo he hecho, he puesto por delante mi proceso de crecimiento personal y el cuidado de mis familiares, y he dejado en un plano secundario la pareja. Sí, he hecho esfuerzos por reencontrarme y ver cuál era mi papel, y cuando me he dado cuenta de cual estaba haciendo no me ha gustado nada.

En nuestra pareja siempre nos funcionó bien el trabajo en equipo, si nos hubiésemos presentado a las olimpiadas de montadores de muebles de Ikea sin duda estaríamos en los primeros puestos. Es ahí donde nos hemos sentido “iguales” y cómodos. Mi cambio personal comenzó a crear una distancia entre nosotros y creo que no supimos adaptarnos a ese nuevo cambio.

Mi pareja me escribió hace años  que veía como yo despegaba cual cohete supersónico y él mientras se sentía como una locomotora de carbón por el desierto de Arizona. En ese momento me pidió tiempo, que le esperase. La realidad es que a eso se añadieron otros ingredientes que pedían paso  a toda mecha y las diferentes velocidades nos han ido desconectando. Si a esto le añadimos falta de comunicación, ya tenemos el caso típico para una terapia de pareja.

Parece una situación típica de no retorno, donde las desconfianzas, las incomodidades y los silencios se han convertido en los protagonistas del día a día, pero hay algo en mi esencia que lucha contra esa idea tan tradicional. Me cuesta asumir las cosas “porque si” sin darles una vuelta. Creo que ambos hemos cocreado esta situación y es desde ahí desde donde tenemos que deshacer para trasformar. Ya desaprendimos lo de la pareja monógama , nos costó mucho pero lo hicimos en equipo, vale no salió que te cagas y seguramente tengamos que seguir y seguir aprendiendo, pero había algo sano en como lo hacíamos. No hablar nos ha conducido a un callejón sin salida que hace que los dos nos demos de cabezazos contra un muro y busquemos caminos paralelos para seguir nuestras vidas.

Mientras pensaba en esto se me ocurrió una idea ¿se puede hacer un “reset”?¿podemos volver a construir una pareja con otros objetivos, sinergias, intereses, formas de comunicación, respeto por nuestro crecimiento personal(cada uno a su ritmo), sinergias para apoyar proyectos comunes e individuales, nuevos límites personales, otras formas de vincularse?

Y de repente me vino un SI gigante, solo tenemos que querer hacerlo y probar. Si yo no salgo de la idea de que “esta pareja la salvo yo o se va a la mierda”, me la cargaré. Yo no puedo hacer las cosas sola ni hacer las cosas de los otros, solo puedo intentar hacer las mías lo mejor que sepa y pueda. Lo que sí puedo hacer es confiar en que juntos encontraremos la manera, y este será nuestro patrón emergente.

¿Cómo lo vamos a hacer? Paso 1: reconocer que ni puta idea pero por lo menos ponerlo encima de la mesa.

Hacer un “reset”

Caja de bombones

Hace casi un mes que no escribo. Las navidades y las vacaciones escolares no me han dado tregua. El inicio de año ha sido tan inesperado  y contradictorio que he necesitado un tiempo para recolocarme otra vez.

En el anterior post hablaba de mi sanación, de cómo había conseguido salir por fin de la cueva y volver a estar en el mundo presente y abierta a la vida. Con esa energía llegaron las Navidades. Es una época que no me emociona la verdad, ahora un poco más por las niñas y que se juntan todos los peques, pero yo sería feliz si me teletransportasen a Febrero.

Conservando la esencia de “no hacer nada”, entendámonos, no estar proactiva vamos, sino dejándome fluir, conseguí no vivir con estrés estas fechas. Paralelamente a todas las comidas, eventos, compras y demás, yo vivía un proceso contradictorio.

Terminé el año con un regalazo. Una personita maravillosa entraba por casualidad en mi vida, y lo que en principio iba a ser un encuentro casual de una larga noche comenzó a transformarse en una dulce historia.

Desde el día que llegué no dejamos de comunicarnos, y ambos entendimos los mensajes que nos lanzaba el mundo y nos animaba a probar. Una dulce locura con 900km de distancia pero que el Skype hace que vivamos uno en la vida del otro a través de una pantalla. Dentro de 4 días pasaremos del 2D al 3D y será la recogida más maravillosa que haga en el aeropuerto de los últimos tiempos.

Este encuentro será el que nos de pistas para seguir escribiendo nuestra historia común, para ver si las palabras se sienten, se viven, nos transforman, y a partir de ahí veremos cómo y que podemos construir.

Tengo ilusión y nervios, ganas y miedos, pero sobre todo agradezco a la vida tener la oportunidad de vivirlo y a él de apostar por un “nosotros”. Él está “asustado”, no había oído hablar del poliamor en su vida hasta ahora, y como buen monógamo no sabe cómo “gestionará” según qué cosas, pero si sabe que quiere intentarlo, y eso ya de por si es alucinante para mí.

Hemos construido un nosotros a distancia a través de una comunicación directa, abierta, fluida, donde las inseguridades y los miedos se afrontan, donde las alegrías se celebran y comparten, y donde hay permanentemente unos cuidados exquisitos del uno hacia el otro sobre nuestros temas individuales y sobre lo que nos rodea. Ambos tenemos hijos, ambos hemos vivido en pareja, nos ha tocado la crisis de lleno para hacernos más duros y resistentes, y somos de 75, una añada con personalidad.  😛 y sobre todo queremos sentir.

Paralelamente a este proceso ilusionante y maravilloso que me mantenía conectada con el amor, mi pareja se desvanecía como arena entre los dedos. Diciembre suponía un mes de cambios y vaya si los hubo. Mi pareja tuvo dos encuentros en ese mes y antes de las navidades decía romper. No pregunté, solo le dije que estaría acompañándole, respetando su duelo y que fuese él el que me pidiese lo que necesitase en cada momento. Pidió soledad y que no le cuidase, y así fue.

Como la vida es una caja de bombones como decía Forrest Gump, un día me tocó el bombón amargo. El día 1 de enero de 2017 me levantaba con un sobrecito de Gmail en mi móvil, era un correo de mi pareja. Las navidades habían estado bien, y a pesar de que él estaba en su proceso estábamos viviendo un buen momento en familia.

Abrirlo ingenuamente fue abrir la puerta a la perplejidad. Hablaba la rabia y el rencor, hacia mí, hacia el mundo, hacia las situaciones, hacia las incapacidades, pero sobre todo hacia él mismo. Su intención nunca fue hacerme daño, era un acto de transparencia innecesaria. Honestidad, si, adelante, sobre todo reflexionada, pero sinceridad vertida como mierda sin control es simplemente cruel.

Me dieron las fuerzas para preguntarle cuál era su intención con ese correo y me deshice en lágrimas al leer las cosas que pensaba de mí. Lo que me sostuvo para  no volver a mi cueva fue el mantra “no hacer nada, no hacer nada”, y no sentir que ese proceso era responsabilidad mía.

Hace tiempo desterré la culpa de mi vocabulario y la sustituí por la responsabilidad. Me costó 4 años desaprender una creencia judeocristiana que va a fuego desde niñ@s para aprender otra forma de estar en el mundo.

Carmen Durán dice en su libro de “El sentimiento de culpa” que “el sentimiento de culpa tiene una importante función en nuestro psiquismo: nos lleva a ocuparnos del bienestar ajeno o a ajustar nuestros deseos y los de los demás en un saludable equilibrio. Asimismo, permite restaurar las relaciones, recomponer los vínculos y facilitar la convivencia. Sin embargo, este sentimiento tiene otra cara: aquella en que la culpa nos atrapa y nos carga de exigencias y reproches por asuntos que no están en nuestras manos. Se convierte, entonces, en un lastre y una auténtica tortura.  Destaca la importancia de la liberación que supone asumir nuestra verdadera naturaleza para no estar en guerra con uno mismo; en esa pugna que nos impide alcanzar la serenidad y la paz interior.”

Ahora estamos en una situación de stand by, yo viviendo mí historia de amor en privado, sin mostrarla, sin compartirla con la intensidad y cariño que se merece para protegerla y cuidarla, y a la vez no haciendo nada y confiando en que mi pareja encuentre su luz.

Estoy concentrada en mis amores, mis ardillas preciosas, que se están despertando a la vida y les toca vivir estos momentos amargos. Estoy tejiendo una red de seguridad alrededor de ellas pero también dejándolas aprender, porque así es la vida, contradictoria, con momentos dulces y amargos, y todo junto.

Yo me siento confiada en que cada cosa encontrará su lugar y su momento, y mientras tanto me guardaré un bombón dulce en el bolsillo para mi espera en el aeropuerto.

Caja de bombones

Sanada

Reconciliada con la vida, por fin.

Me subí al avión con destino a Forum-Sevilla con un  montón de mierda en mi mochila emocional. Después de varios meses fustigándome y sin ser capaz de gestionar algunos asuntos, puse el pie en Sevilla con mentalidad de “a ver que me trae la vida”.

Empezó a encajar todo desde el primer momento. No quería estar sola en una ciudad que no conocía, así que me cogí un alojamiento en casa de una pareja. De las mejores elecciones que pude tomar. Dos corazones generosos me acogieron y me mimaron. Conexión brutal desde el primer momento, y aunque solo iba a pasar una noche, irme a la ecoaldea y volver 7 días después, me sentí como en casa. Ni que decir tiene que el arte y la gracia lo llevan en las venas y convierten una caña en un momento mágico y súper divertido, sobre todo si eres capaz de seguir la conversación que para una gallega es un reto.

Al día siguiente me subí a un bus que me llevaba a la desconexión más absoluta de la realidad en un paraje privilegiado y conectaba con un nuevo paradigma, el mío, el del amor, la confianza, la conexión, el cariño, el respeto, los cuidados,… un lugar donde puedes ser visto en tu forma más auténtica.

La primera dinámica me sentaba con un amigo que me preguntaba al oído mientras yo tenía los ojos cerrados:”¿Qué haces cuando no haces nada?”. Difícil respuesta para alguien que siempre está haciendo cosas, sobre todo muchas a la vez, que se carga con sus responsabilidades y con las de otros, y que se queja constantemente de no poder aflojar.

Comenzaron a llegar ideas mientras el repetía esa frase en tono muy bajo en mi oído, y empecé a disfrutar, dándome cuenta de que a veces puedo no hacer nada y no sentirme culpable. De que hay un placer maravilloso en no ser siempre proactiva y dejarse llevar. Este mantra se quedó en mi cabeza toda la semana y adopté la postura de “estar y ser” pero de una manera fluida.

Así empecé a recibir regalos de la vida. El primero mi cumple. Un círculo me rodeó para cantarme una nana que me conecta con mi yo más interno y cura mis heridas.

Lloré y lloré, por todo lo pasado y comencé a cerrar y a soltar. Escuchar 25 voces entonando esta canción con los ojos cerrados es sanador.

No necesité entrar en el círculo de fórum para contar nada de mis dolores y mis duelos, escuchando a mis compas comprendí que los problemas no son míos ni tuyos sino que son de todos. Sentimos y experimentamos las mismas cosas, y es escuchando a otros como podemos cambiar el mundo y a nosotros mismos. El cambio de la cultura y el paradigma comienza mostrándonos.

En una ocasión salí al centro para decir: ”yo doy por el placer de dar ,no para recibir algo a cambio”. Era un espejo para un ser maravilloso que está encontrando su lugar para relacionarse en el mundo y entenderlo. Di, di lo que quise y la vida me trajo otro regalo.

Volví a Sevilla con mi pareja cuidadora y una cita. Había chateado con un chico el primer día para ver si alguien me enseñaba Sevilla y aunque no pudimos quedar seguimos hablando los días que yo estuve aislada.

Su sonrisa fue lo primero que vi. Una sonrisa a la vida, auténtica, franca, sana, y pensé “fluye, no hagas nada”. No es solo que me sintiese cómoda o conectada al instante con él, fue como sentir que estaba donde tenía que estar y abierta a vivir. Y viví, vivimos toda una noche de complicidad, de caricias, susurros, besos, placer, mientras de fondo sonaba Extremoduro, fue brutal.

Nos desperezamos para desayunar contándonos todas nuestras vidas, entretejiendo complicidad con confesiones y miradas, y conscientes de que  a lo mejor el destino no nos volvía a hacer coincidir. Lo último que vi fue su sonrisa , y no sentí pena por irme, sentí un agradecimiento profundo hacia la vida, que me había regalado una experiencia única.

He sanado, he sanado mi corazón y estoy llena de amor. He salido del rollo víctima y ” que mala suerte tengo”, para ser protagonista de mi vida y hacer o no hacer, sentir, amar, gozar, escuchar, compartir, acariciar, dejarse sorprender, aprender, enseñar,…. estar despierta y salir de la cueva.

El sur ha traído el calor a mi corazón. Si la vida nos da una oportunidad de unir norte y sur ya se verá, mientras tanto disfrutemos de las palabras cariñosas y fotos de sonrisas.

“J” que bonito regalo me hiciste, cielo, el volver a creer y sentir que me lo merezco.

Sanada

Alicia

Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia.

Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba  cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.

No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo). Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.

Un momento más tarde, Alicia se metía también en la madriguera, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir.

Al principio, la madriguera del conejo se extendía en línea recta como un túnel, y después torció bruscamente hacia abajo, tan bruscamente que Alicia no tuvo siquiera tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo muy profundo.”

 

Así comienza “Alicia en el país de las maravillas”, es un libro que está conectado con mi mito de vida y que adoro. Mañana me voy a Sevilla y es como entrar en esa  madriguera. Me marcho una semana a una ecoaldea para volver a meterme de lleno en el mundo de Forum y acabar así mi formación y creo que una etapa de mi vida.

 

Estoy dividida entre el miedo y la esperanza. Llego al final del 2016 súper cansada, física y emocionalmente, y busco la calma como bálsamo, pero creo que voy camino del pozo,jajajajajajaja. Hasta hace unos meses meterme ahí me parecía un reto interesante. He invertido mucho este año en entender mis emociones, desenredar patrones aprendidos y ordenar pensamientos.

Ayer fue un día lleno de “casualidades oportunas”. Por la mañana tenía un Skype con mi mentora para repasar todo mi viaje interior de este año y fue demoledor. Alicia aparece rotunda como cuento para darme un mensaje este año. Cuando creo que ya lo tengo aprendido llega el Gato de Cheshire y me la lía parda y vuelta a aprender y desaprender. Mi mentora me dice que el señor Mindell hace una referencia a Alicia en su libro Quantum mind y ya flipo. Cierro el Skype entre lágrimas recordando los momentos difíciles pero también los bonitos y las ganas de seguir.

2010-cheshire

Estoy blandita y emocionada cuando empiezan a llegar what up de “¿quedamos?”. Un amigo me chantajea vilmente mandándome fotos de mi regalo de cumpleaños para que quedemos antes de irme de viaje. El lunes conseguí darle esquinazo, quería protegerle de mi mal humor y comentarios sarcásticos, pero nada, el tío va y me da en donde me duele, sabe que soy tremendamente curiosa y zas caigo.

En cuanto llego al restaurante intento poner mi cara más alegre y me sale una mueca de mierda. Me siento y me da mi regalo. Lo abro y es una lámina con un texto haciendo un círculo en el centro. Le miro y pregunto:¿Qué es? Su repuesta: un libro, y pone cara de pícaro. Comienzo a leer la letra diminuta y es “ALICIA”. Mi cara es de desconcierto total y emoción máxima. No me lo creo, ¿Cómo? Le miro, le miro a los ojos profundamente  y me recuerda que él es mi conejo blanco y dejo de luchar. Estar de víctima no me va a aportar nada, creer que tengo derecho a estar en la tristeza jurando en arameo no es sostenible para mí, él me lo recuerda y me da una patadita en el culo recordándome que soy yo la que decido como quiero estar  y sentirme. Y por fin empiezo a hacer caso.

Así que ya tengo menos miedo, miedo a abrir los capítulos dolorosos de este año,  porque he conectado con la esperanza y quiero pasar de la “protesta a la propuesta”, y ver en esto una oportunidad de cerrar el círculo de este año y comenzar el 2017 con alegría y abierta a descubrir nuevas oportunidades.

Voy a sumergirme en el pozo, abajo empieza el mundo  de Alicia, con aventuras, retos, momentos surrealistas, elecciones, y oportunidades, como la vida misma vamos, y yo quiero vivirla y soñarla, no quedarme a la sombra del árbol tranquila viendo pasar las estaciones.

A la vuelta veremos cómo sigue el cuento, mientras voy a intentar que no me corten la cabeza,jajajajaja.

 

 

 

 

 

Alicia