Aprendiendo mas sobre los celos

Esta semana me acabé el  “LIBRO DE LOS CELOS” de KATHY LABRIOLA que me trajo mi marido del encuentro de la Opencon y es súper recomendable , no solo para relaciones abiertas sino para cualquier tipo de relación.

Lejos de poner los celos como algo altamente corrosivo y defectuoso del ser humano , trata el tema como es, una emoción universal que sentimos todas y todos en cualquier parte del planeta. Claro está que el contexto cultural influirá en la manera en la que se activan los celos y en que temas o situaciones se desencadenan.

El caso es que me lo estaba leyendo con curiosidad científica y pensando en hacer un futuro taller sobre este temazo para 2019, cuando me acordé de las múltiples ocasiones que yo he sentido celos y que emoción los desencadenaba.

El libro habla de tres: miedo, tristeza e ira. Detrás de todo episodio de celos está una de estas tres emociones básicas o incluso algunas combinadas. Me acordé entonces de un curso sobre celos que hicimos con una coach al principio de todo, cuando abrimos la pareja y como los ejercicios nos ayudaron a gestionar los primeros encuentros con otras personas fuera de la relación.

No hay recetas mágicas pero si métodos para sobrellevar los celos y que no te conviertas en una hidra autodestructora, aunque creo recordar que yo dejé una vez que me invadiese ese espíritu y en cierto modo fue liberador porque pude mostrarme débil y no sabionda, y ser mirada con compasión y cuidada.

Las personas que llevamos un rato viviendo así se nos olvidan esos episodios. Solemos caer en la soberbia de la experiencia cerrando los ojos ante posibles situaciones futuras, pero lo cierto es que vuelven y vuelven, algo habrá que aprender.

Otra de las cosas de las que habla el libro y me ha quedado como un rum rum es que las relaciones abiertas ,con esto de que hay que acordarlo todo y negociarlo todo se convierten es eso, en relaciones de negociación.

Todos aquellos momentos de explosión romántica y creativa de la ENR se empiezan a convertir en espacios de negociación más profundos y sesudos que las jornadas de la ONU. Las miradas de amor bobaliconas, los temas insustanciales se convierten en miradas de análisis detectando cualquier señal de contradicción y los temas son siempre los mismos. Baterías de preguntas interminables de ¿Cómo quieres hacer? ¿cuándo quieres hacer?¿qué quieres hacer? Parece que necesitan respuestas inmediatas y acertadas y el agobio se apodera de la relación.

Desaparece la fluidez y la confianza, y entra el control disfrazado de “vamos a hacerlo bien para que todo el mundo esté bien, aquí mis propuestas, que son súper molonas”. Vamos , vamos si me reconozco yo  en este papel que ahora mismo quiero olvidar de la tirria que me da.

Creo que en todo este proceso eterno de gestión se nos olvida el objetivo principal, amar. Y para amar hay que tener el corazón abierto, pero también la mente abierta y la voluntad abierta, como dice mi querido Otto Scharmer, y una de las cosas fundamentales, dejar que cada persona tenga su ritmo.

Hace años que me dedico a acompañar parejas y este tema aparece muchas veces, los ritmos. También lo he vivido en primera persona, yo megacelerada directa al amor sin frenos y mi pareja empezando a entender de que iba la movida, y al revés. Esto nos ha generado muchos conflictos y muchos daños. Ahora me doy cuenta de lo necesario de respirar, de tomar distancia de las emociones avasalladoras, que te mantienen “on fire” y te vuelven loquísima, pero dejan pasmada y congelada a la persona de al lado.

El libro ayuda, la terapia ayuda, los grupos de apoyo ayudan, y todo junto seguro que también ayuda. Habrá gente que quiera hacerlo sola, respirando, dándose sus tiempos, cuidándose, perfecto también. Creo que todas las opciones son buenas para empezar a entender que nos pasa.

Este viernes está planificada una charla para seguir dando a conocer otras formas de relacionarse, todavía no se si saldrá o no. Igual todavía no se da el clima para que se aborde este tema en determinados lugares pero seguiré dejando la puerta abierta para las personas que quieran acercarse a este mundo con curiosidad y amor.

Aprendiendo mas sobre los celos

Estado de whats up: separada-emparejada.

Ha querido la vida que una vez mas me encuentre en una situación interesante.

Las vacaciones de verano son auténticos retos para la mayoría de las familias y sobre todo las parejas. Las estadísticas nos dicen que la mayoría de matrimonios se separan en septiembre, algunos dicen que el estrés vacacional es el detonante y otras pensarán que el inicio del curso es un buen momento para iniciar otras etapas, yo que se.

Lo cierto es que, en plenas vacaciones, con toda mi familia, mi marido decidió poner fin a nuestra pareja. Suena un poco dramático e incluso se podría pensar:” que capullo”, pero lo cierto es que la cosa ya venía dando señales de humo desde hacía mucho tiempo.

Me imagino que no ha sido una decisión fácil para él y que nunca iba a ser el momento oportuno así que qué más da cuando sea.

La indiferencia, el escaso contacto visual y físico, la falta de complicidad y estar relacionándose con las otras personas para no relacionarse conmigo fue lo que me llevó a hacer la temida pregunta: “¿qué pasa? Parece que no te apetece estar conmigo”. Y llegó la temida respuesta: “cierto, no me apetece”. El impacto fue la leche, me quedé ojiplática y comencé a sentir un dolorcito agudo a la altura del corazón.

Días antes habíamos tenido conversaciones por what up donde se podía sentir una atmósfera de tensión y autorreflexión. El me comentó que se había dado cuenta de que no podía tener dos relaciones, la mía y la de su expareja. Eso me alarmó pero dejé entrar el autoengaño a tope para negar la realidad.

Creo que podemos decir que lo hemos intentado con mas o menos acierto, cada una con su estrategia, su motivación y sus fantasías. El año pasado le dedicamos muchos meses a hacer una terapia de pareja que no pretendía unir o separar sino creo que poner consciencia de lo que nos estaba pasando. ¿que nos estaba pasando? Pues cada uno tendrá su idea, así que hablaré de mí.

En mi ideal mi pequeña tribu funcionaba. Cuando yo pienso en modelos de pareja he descubierto que tengo un amplio abanico de posibilidades y situaciones, pero al final todo se reduce para mi en sentirme bien y que las personas que comparten vida conmigo también se sientan bien. Aquí esté el tema, porque cada una tendrá su definición de sentirse bien, plena, conectada, satisfecha o lo que sea.

Cuando pusimos en común nuestras ideas sobre ser pareja me di cuenta de todas estas diferencias. Yo le quiero, nunca he dejado de quererle y ahora que estamos en situación de separación emocional mis sentimientos son los mismos, pero sin toda la mierda de roles y entuertos propios de las parejas encalladas. Esta situación sorprendentemente nos ha liberado a los dos de patrones que no nos gustaban y nos hacían daño.

Varias horas de conversaciones profundas ya sin nada que perder, lágrimas por mi parte tipo fuente infinita y una sensación de pena profunda dieron luz a un nuevo escenario.

Lo previsible sería: nos separamos física y emocionalmente, cada una comienza su vida y nos hacemos cargo de nuestras hijas de manera responsable e igualitaria. Sería lo correcto porque además el ha recuperado su anterior pareja y está construyendo un proyecto común con ella.

Lo que ha pasado: seguimos en comunidad, cuidándonos, apoyándonos, respetando las individualidades de cada una, sus proyectos, sus tiempos y sus relaciones.

No solo compartimos casa, economía y responsabilidades de padres, sino que somos la zona de confort de todas y hemos mutado nuestras relaciones a algo que para mi es mucho mas sano. Mi persona de 14 años ahora sigue siendo mi compañero en la crianza y hemos descubierto este apasionante mundo de ser amigos. Creo que dimos por supuesto que siempre lo fuimos, pero honestamente creo que no, que funcionábamos como una pareja, abierta si, pero como una pareja con todas sus luces y sombras.

Nos hemos dado un tiempo, un tiempo de prudencia donde dejarnos sentir para ver si esta nueva ida de olla es posible en un mundo que te manda mensajes constantes de no podrás hacer nada diferente a lo normal.

Mi respuesta me la dieron mis propias hijas en cuanto mi marido les habló de la decisión que había tomado: “si para vosotros está bien para nosotras también”. Nada cambia para ellas a nivel logístico y si a nivel emocional, porque ven a sus padres libres de verdad, libres de patrones viciados que hemos sido incapaces de transformar desde el raciocinio y la buena voluntad. Igual hacer un reset era la única solución para seguir relacionándonos de manera sana. Yo no hubiese tomado la decisión porque para mí era válida pero ahora entiendo sus razones.

Ha tenido un efecto de cambio en todas las personas que formamos parte de la comunidad y creo que será positivo para todas. No voy a negar que muchas veces me invade la tristeza y que estoy pasando mi duelo, que he tenido miedo de la incertidumbre muchas veces y seguro esos momentos volverán porque el futuro no está escrito y vamos haciendo día a día.

Ahora estoy concentrada en despegar laboralmente para ser independiente y mi marido ha decidido ser espectador de ese proceso y me apoya totalmente. Claro que le he dicho ayer mismo que se sienta libre de cargas y decida lo que quiera sin presión, no se acaba el mundo y confío en la creatividad y sobre todo no estoy sola y no me siento sola sosteniendo el planeta.

Así estamos, ahora puedo decir después de un mes, que tranquila y confiada, esperanzada y consciente, que no vivo esto como un fracaso sino como un aprendizaje. Y como dice mi marido y mi pareja ¿Quién sabe?

Estado de whats up: separada-emparejada.