Respondiendo a mi crítico interno.

Qué maravilla la vuelta al cole! Con la llegada de Septiembre se organiza mejor mi agenda y recupero tiempo para dedicar al trabajo, los estudios y el blog.

Ha sido un verano muy interesante, y me ha sido muy difícil encontrar momentos de soledad y tranquilidad para dedicarle un ratito al blog, de ahí que estuviese parado desde agosto. Mi vida sin embargo  no ha estado en pausa ,jajajajaja.

Uno de los escasos momentos que le pude dedicar para ver lo último escrito o aprobar comentarios, me quedé enganchada con uno de ellos. Lo podéis consultar en el último post, creo recordar. Yo no censuro ninguno de los comentarios , me encanta ver las diferentes opiniones y sentires, y pienso que en la diversidad está el aprendizaje.

Lo leí, lo aprobé y al cabo de unas horas tenía un rum rum por ahí por mi cabeza. Dió la casualidad de que ese día estábamos en casa los tres y  mientras cenábamos se lo leí a mi marido y a mi pareja para saber su opinión. Me encantan estos chicos, la respuesta de ambos fue: “bueno, es su opinión”. Y siguieron cenando. ¿Ya? ¿Solo eso?

No satisfecha me puse a contar como me sentía yo. Por un momento me sentí juzgada por la persona que había hecho ese comentario, como si yo no hubiese hecho “suficiente o todo lo necesario” para salvar mi matrimonio, como si yo me hubiese dejado obnubilar por el enamoramiento de una nueva persona y hubiese establecido una jerarquía en mis relaciones en función de si siento “mas amor o menos”, como si   hubiese traicionado a mi marido y trasladado mi amor hacia otra persona. Todo esto lo estaba contando con cierto fervor claro,jajajaja, y la cara de ellos era: “ya estás tú con tus idas de olla,  nosotros no lo vemos así”.

Cada uno empezó a explicar cómo lo veía él y como se sentía en este triángulo que hemos creado. Yo preocupada por ellos, y con el crítico a la espalda surgido a raíz de este comentario. Ellos tranquilos, contándose el uno al otro y a mí que no estaban de acuerdo, que todo en nuestra historia tiene un cuidado por lo menos cuando estamos los tres, y que luego las relaciones individuales con cada uno pues se gestionan en su propio espacio y tienen su ritmo y su camino.

Yo que lo estaba viendo y viviendo, y si no fuese tan terca lo estaría disfrutando, seguía con el ceño fruncido. Lo que me molestó fue la suposición de que yo he abandonado el trabajo de una relación por otra, de que he dado prioridad a mis deseos en vez de al deber con mi pareja con la que llevo más tiempo y estaba antes. Igual la persona que escribió esto lo piensa o no, pero fue una idea que surgió en mi cabeza y se instaló para tocarme las narices.

¿Qué hay de verdad en esta  voz crítica?¿porque creo que tengo que justificarme?(cosa que odio) Releyendo el blog parece que mi relación con mi marido está rota. Que hemos sufrido mucho y que la aparición de otras relaciones se ha cargado la nuestra o que simplemente nos ha relegado a compañeros de piso y padres. Y aquí los monógamos se frotan las manos para recordarte, te lo dije.

La realidad es que ahora tenemos una consciencia brutal de todo lo vivido en estos casi tres años. Hemos aprendido, muchas veces a las bravas, como necesitamos entender nuestras emociones y lo necesario de comunicarlas bien y de manera auténtica. Como los miedos nos han paralizado, enmudecido, obnubilado, bloqueado y dañado. Hemos aprendido a distinguir entre necesidades reales y expectativas, entre fantasías y lo que somos capaces de dar y ser.

Hemos aprendido a tener compasión sobre l@s otr@s y sobre nosotras mismas, a perdonarnos , a cambiar la culpa por la responsabilidad, a mirarnos a los ojos y decir con honestidad “no puedo mas o no se si seré capaz”, y después de todo este aprendizaje difícil seguimos aquí, juntos y sobre todo LIBRES. Porque es todo este aprendizaje el que nos ha dejado decidir si queremos estar y como queremos amar. No importa si es mucho o poco, si es un amor pasional  o maduro, si es cariño y complicidad de años, si es fraternal o carnal, ES AMOR. A mi me vale y a ellos también.

Lo estoy escribiendo y me reafirmo, parece que estoy respondiendo a alguien, y si ,es cierto, le estoy respondiendo a ese crítico interno que me hizo dudar, que trajo a mi cabeza lo que se supone que es correcto o incorrecto y por un momento entró una supuesta razón en vez del corazón, y no me dejó ver que estaba en mi cocina hablando sobre esto sentada entre mis dos personas que han hecho todo este camino con una generosidad grandiosa.

Son diferentes, y me encanta que sea así. Nunca pretendí rellenar huecos de uno con el otro, ni creo que es lo que quieran ellos. Me dejo vivir, sentir y ser con cada una de sus esencias y sus momentos vitales. Sacan partes de mí desconocidas y me enseñan, me enseñan constantemente con sus aciertos y sus errores. Son mi espejo muchas veces de mis miedos, mis inseguridades y mis discapacidades para entenderme. Otras muestran lo más tierno y lo más sencillo, pero sobre todo muestran la libertad y me recuerdan que no importa cómo ni cuanto nos amemos, sino que lo hagamos, con respeto y honestidad.

Ya se ha ido mi rum rum, que maravilla.

Respondiendo a mi crítico interno.

Ansia

Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema. El tema del ansia ha sido todo un reto desde que decidí vivir de acuerdo con mi sentir.

Estar ansiosa, sentir ansiedad, ser ansiosa, las esperas como creadoras del ansia, las incertidumbres, las expectativas, todas estas cosas y muchas más me han pasado a lo largo de estos años, y seguro volverán.

Es ahora cuando siento que estoy en calma y tengo una tregua con esta sensación que siempre que la he sentido ha acabado en angustia. Puedo decir que ahora “controlo” mi ansia o por lo menos no es ella la que me controla a mí.

El primer paso fue reconocerla y eso me costó un mundo. Las expectativas, las inseguridades, las incertidumbres eran ingredientes esenciales para crear estados ansiosos. El miedo también. Este fue muy puñetero, porque muchas veces podía haber asumido mi responsabilidad o simplemente haber escuchado  bien y  haber estado atenta a las señales que me mandaba el cosmos, y yo erre que erre en mis trece sin querer asumir las realidades.

El autoengaño también ha sido un aliado del ansia. Muchas veces lo confundí con la esperanza, y creé y creí fantasías que al final lo único que conseguían era hacerme daño.

Con todo esto aprendí. La responsabilidad de ser libre, de vivir libre, de ser honesta, es muy grande si no va acompañada de un trabajito interno. Yo misma me oprimí, obligándome a ser poliamorosa a muerte, activista a tope y explicar y expandir esta forma de vida allá por donde fuese necesario.

Por el camino muchas veces me cargué mi propia libertad de elección por intentar ser coherente en todo momento y llevar una ética personal a raja tabla que todavía está en construcción y seguramente estará. Ahora ya entendí que no necesito dejar toda mi energía en batallas que no son posibles, aprendí a confiar en la vida y las capacidades de las personas, a asumir que algunas pueden y otras no (entender, escuchar, comprender, respetar) y que si no buscas todo llega, o llega lo que tiene que llegar. No me quiero poner muy profunda pero me ha costado años entenderlo y quiero compartirlo.

Entender que no tengo control sobre situaciones donde hay muchos ingredientes, y que por lo tanto se necesitan altas dosis de improvisación e incluso el comodín de no hacer nada y ver qué pasa, ha sido todo un descubrimiento. Con esto no hablo de la técnica del avestruz, que los que me conocen saben que no practico, sino más bien todo lo contrario (soy fan de la claridad y no me importa exponerme), hablo de no forzar o promover situaciones que las personas muchas veces no pueden gestionar. Un ejemplo. Yo vivo fuera del armario, pero no todo el mundo sabe de mi forma de vida. No lo oculto, pero no hago ostentación de mi manera de ver las relaciones y lo que antes me parecía una aberración (tener que ocultar algo de lo que yo no me avergüenzo) hoy pienso que no es necesario ir haciendo comunicados oficiales a todo dios y exponiendo a tus seres queridos a situaciones que les desbordan. Lo mismo pasa con las personas que rodean a nuestras parejas, son ell@s los que deben elegir qué información dar o no, y yo confío plenamente en su criterio.

Volviendo al ansia, ¿Cómo evitarla? Es muchas veces la pregunta que me hacen las personas que acompaño en el espacio de terapia. No hay recetas, y por mí misma sé que tiene un aprendizaje totalmente vivencial con un ingrediente indispensable que es el tiempo.

Yo he tenido que llegar a sentirme desbordada por las situaciones para poder entender que estrategias me iban mejor, y ahora pienso en ellas y me sonrío. Durante un tiempo me funcionó mogollón el tomar decisiones. Ante una situación que me producía ansiedad reflexionaba y tomaba alguna decisión para sentirme mejor. Creo que tengo una larga lista de decisiones mal tomadas, jajajajajaja,  pero me hacían sentir que yo si podía decidir sobre mi vida sobre como sentirme y así salir de ese estado.

Sobre diciembre aprendí otra estrategia: no hacer nada. Esta para un ser proactivo como yo es jodida de llevar a cabo, pero como estaba hecha una mierda pues me decidí a probar. Caray, no solo fue bien, sino que muchas piezas empezaron a encajar y empecé a entender el concepto de fluidez. Con el mantra de comprenderlo todo me había visto muchas veces intentando entender como un rombo se mete en un cuadrado y haciendo verdaderos virtuosismos reflexivos.

Otra estrategia que vino pareja fue la aceptación, previo a escuchar realmente lo que te quieren decir, no interpretar lo que se supone que tú quieres oír. Esto que parece tan singular es algo que hacemos habitualmente en todas las situaciones de nuestra vida, nos encanta interpretar, y ya tenemos el lio montado. Si le añadimos las dotes adivinatorias y el tema de “ya ,ya, si yo te conozco como si te hubiese parido”, tenemos el drama asegurado.

Ahora mismo estoy en un momento dulce con mis emociones. Al haber entendido como funciona en mí el  ansia puedo escucharme y escuchar, y cuando empiezo a sentirla buscar aquella estrategia que me ayude. Desde luego no soy una maestra xiaolin, pero estoy contenta con los avances conseguidos y me siento bien.

Seguramente este es el inicio de un aprendizaje mucho más extenso, así que aquí dejo los pequeños descubrimientos por si alguien empatiza y quiere probar. Y mientras acabo de escribir me sonrío pensando:  ”todo llega”. 🙂

Ansia

Summer

Con la llegada del verano parece que ha llegado el relajo y la calma, todo va más despacio y hay buena voluntad con las negociaciones, si si, negociaciones de tiempos, de espacios y de calendario.

Suena muy frio lo sé. Cuando cuento en las charlas que para mantener una vida poliamorosa hay que planificar, todo el halo de romanticismo se va  a la mierda y veo caras de decepción. La gente a menudo piensa que somos seres con gran capacidad de resolución y cero malentendidos, y lo siento, pero no. No se trata de poner un calendario de con quien duermo hoy en la nevera a vista de tod@s (que no me parece tan mala idea), sino más bien de dar espacio a todas las relaciones de manera “reglada” para que todas las partes tengan conocimiento de “que toca” y se eviten problemas.

Una de las relaciones que más cuesta mantener con calidad es la de una misma, yo conmigo. Para esa casi nunca hay tiempo, y creo que es la más necesaria para no trasladar tus malestares no resueltos a las otras. Dentro de todo este batiburrillo loco, además hay que meter espacio de calidad con la familia, y por fin, gracias a tenerlo todo más organizado, ese espacio lo estamos haciendo bien y lo estamos disfrutando.

Estar cabreada me ha quitado mucha energía y mucho tiempo. A menudo confundo la necesidad de entenderlo todo con aceptar las cosas y punto. Es todo un desafío desde luego, cuando ya he conseguido entender porque una cosa me engancha tanto y la integro en mi vida para que ya no esté enredada, viene otro reto. Es con los retos que me llevan al límite con los que tomo decisiones que me hacen moverme de mi zona de confort, y si, las tomo segura y sigo para adelante. No puedo decir que la duda no exista en mi vida porque viene muchas veces de las personas que más quieres, esas que te recuerdan que a lo mejor lo que haces, como vives o lo que eres no es lo más correcto.  He aprendido a agradecer esos espejos de mis viejos paradigmas porque hacen que siga cuestionándomelo todo y me ayudan a construir mi realidad.

Si pienso en como estoy ahora mismo estoy muy summer, soleada con esa brisa gallega que te eriza la piel por momentos. Hay días todavía de nubarrón donde pongo el ceño fruncido y no razono nada, y como dice J “me pongo muy trascendente”. Algo no está todavía resuelto, pero tengo la confianza en el tiempo y ver cómo va yendo.

En apenas una semana disfrutaré de una semana de “rodriguez”, es la primera vez que me pasa, me quedó en mi casita solaaaaaaa y no tengo que pensar en nada más que trabajar a ritmo tranquilo y ver si me apetece vida social o no. Mi sofá vuelve a ser mío, máxima felicidad. Voy a disfrutar ese regalo de tener tiempo para mí, de poder elegir estar acompañada o sola, de organizar mi día sin menús ni meriendas y sin ruido. Adoro el silencio, no sabía que me gustaba tanto, y he aprendido a disfrutar los silencios compartidos que me parecen mágicos muchas veces.

Después del oasis para mí, este año hemos conseguido organizar un verano muy armónico, y por primera vez en años no lo voy a pasar estresada sino disfrutando de mis personas y personitas, y aunque no sea romántico es gracias a la planificación y a las negociaciones, así es como hemos conseguido  darnos espacio y amarnos bien. Ya, ya en la misma frase planificación y amor a mí también me chirría, pero a veces amar bien requiere un aprendizaje, y como decía Erich Fromm: “el amor intenta entender, convencer, vivificar. Por ese motivo, el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más el mismo”.

Summer

-Te amo – ¿Por qué?

Siempre que te digo “te amo” me miras y con una sonrisa me preguntas “¿Por qué?”. Odio las preguntas de “porqué”, siempre me parecieron que nos ponen a la defensiva o que te hacen dudar, por eso normalmente las cambio por un “que” o un “cómo”.

Un día te contesté; “por muchas razones”, otro día “no sé, y como sigas preguntándomelo voy a dejar de amarte”,jajajajajaja.

Hoy me he decidido a contestarte. Aquí va mi respuesta. Te amo porque estás ahí, presente, y los dos sabemos que hay distancia física de por medio, y no sé cómo lo haces pero nunca la he sentido. Aciertas de manera pasmosa cuando necesito una escucha activa para volcar toda mi frustración, das con las palabras que me calman y me hacen salir del estado “niña enfurruñada en bucle catastrófico”, me tocas con la mirada a través del Skype para hacerme sentir “niña voladora”, me das abrazos sanadores cuando ya no tengo energía y aguantas los envites activistas sobre mis ideas del mundo con estoicidad.

Eres un constructor, un constructor de posibilidades y otras realidades, dices que dudas que la duda siempre está ahí, pero lo cierto es que sigues construyendo y dando pasos. Eres un valiente que decidió poner su vida patas arriba para abrazar una idea peregrina que una loquita gallega te contó. Decidiste seguir las señales del destino para probar y aunque la vida nos está poniendo retos no tienes miedo a abordarlos.

Cuando no tienes que ser fuerte me dices “no me sueltes de la mano” y me encanta. Me gusta que me lo pidas, que me lo recuerdes, que nos pidamos ayuda uno al otro cuando nuestras energías cambian. Cuidarte y que me cuides, escucharte y que me escuches, amarte y que me ames, decirme las cosas que no te gustan o que te molestan marcando los límites claros y cuestionándote si estás en tu derecho o no. Me gusta que me preguntes y no me adivines, que juntos compartamos los miedos metiditos en la cama, que diseñemos un futuro posible y lo hagamos probable. Hasta tus dudas me parecen tiernas y las mías toman escala humana.

Tú has cambiado mis certezas, cuestionado mis aprendizajes tan sesudos con tu sentido común tan limpio y generoso, y aunque dices que en tu mundo de fantasía muchas veces solo somos dos estamos construyendo a tres, y estás siendo parte activa y muchas veces el pegamento. Dices que cuando te oyes decir algunas cosas es “pa matarme” pero es así como se ama bien, como amas respetando la libertad del otro y dejando que la otra persona decida libremente como estar y sentir.  Quiero ser tu aprendiz de esas cosas sencillas, de esas visiones de la vida donde no hay todo un discurso que sostenga los argumentos correctos de lo que debería ser, aprender a ser más conciliadora y guardar la activista en un cajón de vez en cuando (es una pesada muchas veces).

Ayer me dijiste una cosa que de repente sentí que me atravesaba todo el cuerpo, “ya no estás sola”. Lo estoy escribiendo y me emociona, porque han sido años duros, durísimos, donde efectivamente me he sentido así incluso en los momentos donde estaba más acompañada. He compartido momentos, historias, cuerpos, risas, sonrisas y tristezas, conexiones y desconexiones, complicidades y sintonías pero siempre volvía aquí.

En este blog he estado sola con mi emociones y sentimientos, lo he necesitado muchas veces para poder seguir y no mandarlo todo a la mierda. Lo he censurado, lo he dejado por momentos, he escrito compulsivamente para ver si entre las palabras surgían las respuestas y el entendimiento, he escrito sobre los momentos felices para no olvidarlos y que tuviesen un lugar mágico en mi memoria. He dejado entrar de vez en cuando otras voces, casualmente de hombres, con sus historias y sus sentires para mostrar otras realidades. Ahora estás tú y ya no estoy sola. Es una nueva dimensión para mí, que mi tendencia natural es a resolver por mí misma este tetris que tengo en la cabeza e intentar ayudar a los que tengo al lado con sus propios puzles. Tú vienes y me dices “confía, suelta y deja hacer” y me parece el consejo más sabio del mundo. Pasmada me quedo escuchando algo que digo yo hasta la saciedad a los demás y que aplico tan poco, cazador cazado, desde luego.

¿Por qué te amo? No sé si llegan estas razones, pero me encantará seguir aumentando la lista mientras nos seguimos cogiendo de la mano, y mientras, te digo “porque me da la gana”.

-Te amo – ¿Por qué?

“El experimento”

He regresado.

Sé que he tenido parado el blog sin entradas mucho tiempo pero era por una buena causa. Aquí va mi relato sobre la experiencia de vivir a tres (realmente seis, tres adultos y tres niñas).

Mi pareja “J” tenía la posibilidad de cogerse 10 días para venir a convivir con nosotros en familia y ver cómo nos sentíamos  tod@s y si era viable esa posibilidad para un futuro.

Las semanas previas a su llegada las dedicamos a hablar de nuestros miedos, inseguridades, desafíos, de cómo explicarles a las niñas, de donde dormir, de cómo mantener nuestros espacios personales, como mantener una comunicación sana ,honesta y abierta entre los tres, como evitar malestares,…vamos un montón de cosas.

¿Cómo me sentí yo? Por un lado quería ser justa con los dos, con los tiempos, con el cariño, con los espacios, pero lo cierto es que nuestras situaciones de partida y sobre todo nuestros estados de relación, eran asimétricos. La situación actual la he comentado en anteriores entradas. Con mi pareja habitual se ha producido una pérdida de intimidad y conexión consecuencia de un año duro de procesos liosos, de dolores, daños, incomunicaciones, vacíos y silencios mortales. Conseguimos cierta estabilidad como padres y compis de piso pero sacrificamos nuestra relación de pareja y todas nuestras energías se fueron a nuestros otros amores.

Mi idea siempre estuvo clara desde el principio. La pareja podría salvarse si había un trabajo en  pareja, no un trabajo individual cada uno con su terapeuta. Parece que la llegada de “J” puso luz sobre esta necesidad y mi pareja dio el paso.

Llegó el día y comenzamos a vivir una experiencia que ninguno de nosotr@s había experimentado antes. Altas dosis de generosidad, cuidado y autocuidado, confianza y sobre todo comunicación, son los ingredientes que me parecían garantía de éxito. Esto parecía común pero cada un@ lo llevó a su manera.

“J” llegó y enseguida encontró la manera de sentirse cómodo. Conectó de manera genial con las niñas, con la perra, se adaptó a la casa y se hizo dueño del aspirador y la cocina, jajajajaja. Su talante es conciliador y su nivel de comunicación emocional muy alto. Ordenado y con ganas de colaborar y compartir. He sentido en todo momento que tenía en casa un aliado , cariñoso y responsable. Observaba y se observaba, y en función de todo eso hablábamos e íbamos buscando alternativas. Lo puso fácil, muy fácil y fue una gozada tenerle en casa.

Mi pareja, aunque insistí mucho antes de la llegada de “J” en que me hablase de sus necesidades para así también compartir las mías, optó por evitar el confrontamiento. Utilizó la excusa del trabajo para no estar y así convivir lo mínimo posible. Ese no era el plan, y mi malestar aumentaba. A los cuatro días de la llegada de “J” comenzamos nuestra andadura con su terapeuta para intentar la reconexión, y fue en ese espacio seguro para él, cuando por fin habló. Se sentía invadido, y mientras  yo le escuchaba me daba cuenta de en qué diferentes idiomas nos hemos estado comunicando desde hace un año, me di cuenta de que efectivamente el mensaje nunca llegaba por muy alto que lo gritara porque el código fuente era desconocido para él y para mí. Afortunadamente algo hizo click allí para él, y a partir de ese día se desbloqueó la situación y nuestra convivencia cambió.

Una vez clarificados los lugares de cada uno, ya no había necesidad de sentirse “agredido o desafiado”, y empezamos a disfrutar, de tener más ayuda, de tener más tiempo personal para cada uno, de tener conversaciones a tres sobre nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestros momentos vitales maravillosas. Comenzamos a alegrarnos del cariño y el afecto de unos a los otros, pero sobre todo el RESPETO.

El “experimento” como lo llamamos, fue compartido con mis amigas y esa cena fue la comprobación de cuan normal podemos hacer las cosas menos normales, con naturalidad, sin miedos y cariño.

Las niñas, desde luego no dejan de sorprenderme. Son seres mágicos de luz, sin juicios, abiertas, respetuosas y alguna con sus miedos de que papá fuese reemplazado. Sabíamos que alguna podría sentir ese malestar y lo abordamos primero nosotros como padres y después entre los tres en una conversación abierta para que ellas nos expresasen sus dudas y miedos, donde pudiésemos dar respuestas y construir entre tod@s la manera de sentirnos bien.

17 días de amor, de desafíos, de convivencia, de aprendizaje brutal y de claridad. A “j” y a mí nos gusta este modelo, nos gusta vivir en comunidad compartiendo , es un reto si, crear una tribu nunca es fácil. Respetar los lugares , las voces de cada un@, las necesidades y sobre todo los límites es toda una aventura, y como dijo la terapeuta la manada aumenta y hay que hacerla fuerte.

Ahora, cada uno de nosotr@s sabemos lo que queremos y sobre todo lo que quieren los otr@s. El reto es seguir, con el corazón abierto y la escucha, la propia y la del otro, seguir reconectando y consolidando, fortaleciendo y mimando, y tiempo. Si conseguiremos la tribu depende de muchas cosas, un trabajo, compatibilizar las vidas y las responsabilidades y sobre todo AMOR, mucho amor.

“El experimento”