Esta cosa de los celos

Los celos son una jodienda, para que negarlo. Tanto si los sientes como si eres  “objeto de” es una situación difícil de abordar, incómoda y muchas veces apocalíptica.

Yo los he sentido, he sido objeto de celos, me he desesperado, desquiciado, abrumado pero al final harta de no saber qué hacer con esta emoción que nos atrapa hice lo que hago siempre: estudiar.

Cuando una cosa tiene poder sobre mí, automáticamente me pongo a buscar información sobre “la cosa “para poder entenderla y aprender a gestionarla. Desde luego el aprendizaje no ha acabado y tengo para rato, pero por lo menos me siento mucho mejor y ya no siento que cuando los celos entran en escena voy cuesta abajo sin frenos.

Todo este estudio me ha valido para mí misma pero también para poder compartirlo con otras personas que estaban pasando por las mismas experiencias. Como resultado ha nacido una charla con la idea de empezar a explorar juntas este tema. Más adelante si hay interés podremos hacer un taller para aprender herramientas que nos ayuden en la gestión de los celos.

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Mientras tanto me gustaría contaros una historia que también tiene que ver con la gestión de los celos. He conocido a una mujer que forma parte de un matrimonio polígamo. Esto por supuesto no me lo esperaba, mucho menos  aquí en Galicia.

Estoy haciendo un curso, a la hora del café salgo con mis compañeras y charlando una de mis compas que tiene 63 años me dice que se está construyendo una casa en un país africano y que igual cuando se jubile se va para allá. Curiosa le pregunto que se le ha perdido allí y me contesta que su marido 15 años más joven es de allí. Sonrió, y curioseo más. Espera, espera, cuéntame toda la historia.

Llevan 12 años juntos, se conocieron bailando, se hicieron amigos y después compañeros de piso (el necesitaba un sitio para vivir y como ella ya tenía a sus hijas independientes tenía sitio en casa) y finalmente pareja. Uno de los sueños de él era ser padre, ella con 51 años, aunque podía no compartía ese sueño. Seguimos hablando, yo con la boca abierta fascinada por toda su historia pero sobre todo con como la cuenta. Me enseña una foto donde él sale con su hija de dos años. ESPERA! Me faltan datos. Ella me explica con mucha naturalidad que como él quería tener un hijo conoció a una chica en su país y se casaron, es la segunda mujer.

A ver, el tema de la poligamia en España está prohibido y la idea cultural no nos seduce nada. Parejas poliamorosas con crianza compartida hay, no muchas pero existen. Parejas homosexuales con colegas que han ayudado a gestar también conozco pero polígamos hasta ahora no conocía.

Se activó mi gen de investigadora porque la oportunidad era fantástica, así que le pregunté cómo era vivir esta situación y como se gestionan todas las emociones. “Pues normal”, me dijo. Él tenía una necesidad que yo no podía cubrir y no le iba a obligar a que renunciase a ello así que como él puede tener varias esposas porque no.

Han creado una gran familia, las esposas se conocen y se llevan fenomenal. Ella me aclara que el mérito es todo de él que lo gestiona maravillosamente. Yo creo que el mérito es de tod@s ,y sobre todo de ella que siendo española, viviendo en una ciudad pequeña, teniendo una relación interracial e intergeneracional , ha tenido una generosidad y apertura que me flipa.

La hija de él le llama tía, y cuando ellos visitan su país comparten vivienda y tiempos. Ella me cuenta que cuando van él quiere pasar la mitad del tiempo con cada una para no crear desigualdad pero ella le dice que no, que ya lo tiene todo el año aquí y que esté con la madre de su hija.

No hay celos, o por lo menos ella no los siente. Todo ha sido consensuado, hablado, negociado y revisado. Cuando lo cuenta, yo siento que en toda la historia hay muchísimo amor y mucha admiración hacia todas las personas. Sus dificultades vinieron de sus propias hijas por ser “demasiado” moderna. Se ríe, y desde esa sabiduría que dan los años, me dice que lo que piense la gente le importa un bledo.

Me quedan 4 fines de semana con ella y voy a ponerme en modo esponja para que me cuente, me comparta y traiga ideas nuevas para darle a la tarra.

Mientras tanto seguiré pensando desde otro enfoque más ¿Cuánto de cultural hay en nuestros celos? Está claro que los mitos del amor romántico han argumentado y justificado los celos, pero desde otras culturas de matrimonios múltiples ¿como es la mirada? Habrá celos entre esposas, seguro, pero ¿cómo se gestiona?

Desde luego este tema apasionante plantea más preguntas que respuestas, así que a seguir investigando.

Esta cosa de los celos

Sincronicidades

Yo no creo en las casualidades. Ayer por la mañana una amiga me mandaba un enlace sobre un documental que se iba a proyectar en un cine de Ferrol. Entré en el enlace y hablaba de lo “controvertido” del documental a proyectar ,que se titula “Amar en libertad”. Os comparto el enlace porque me parece muy interesante https://www.youtube.com/watch?v=clhMv-7RmDQ.

Leyendo la noticia veo que la directora es del pueblo de mi madre, sitio en el que casualmente estoy pasando mis Navidades, ¡vaya coincidencia! Me bajo a la plaza a tomarme un café al sol y continúo la lectura de  un libro delicioso que también recomiendo. “Otras maneras de amar” de Charo Altable Vicario.

Comienzo la página 214 y hacia la mitad pone: “Amar en libertad es: asumir que cada persona tiene el protagonismo de su vida y, por tanto, debe respetarse, reconocerse, concederse el valor que tiene….”. Este momento ya fue la hostia y dije aquí está pasando algo raro que tengo que escuchar.

Me meto en el Facebook a buscar a la directora del documental y le cuento este cúmulo de casualidades y me dice que está en el mismo lugar que yo, le cuento que tengo un blog y me dice que lo conocía y que había pensado en ponerse en contacto conmigo pero que como este año estaba parado pues nada. Aunque ella tiene una agenda apretada y vuelve a Madrid quedamos para conocernos y charlar un rato.

Fue muy poco tiempo así que creo que no pudimos compartir nuestras historias. Yo tenía curiosidad por saber que le había llevado a hacer el documental, donde podía verlo y sobre todo que piensa la gente después de verlo. Creo que ella estaba bastante sorprendida con la acogida que había tenido en Ferrol (sitio donde se va a volver a  proyectar), incluso un poco abrumada, diría yo.

De este encuentro me quedo con que estamos en contacto y que la vida nos ha puesto en el sitio y el momento adecuado para conocernos y ya se verá. También creo que esto surge como una señal de volver a retomar el blog y el activismo. Tengo dudas sobre desde que lugar porque aunque mis emociones me acompañan ya no tengo tantas “aventuritas” que contar.

También estoy pensando en algo que me dijo: “tenía curiosidad por saber quién estaba detrás de saltandolalinearoja”. Llevo todo este tiempo en el anonimato porque quería cuidar a todos y todas aquellas personas de mi entorno que no se sentían tan cómodas con este estilo de vida. Ahora ya no hay nada que esconder porque los más allegados y queridos saben de mi forma de ver la vida, pero creo que tengo una responsabilidad con una parte de mi trabajo que todavía tengo que darle una vuelta.

¿Soy un buen modelo para los y las adolescentes? Visito institutos como educadora con temas de violencia, igualdad y educación sexual. Los temas de orientación sexual os puedo asegurar que están normalizados, menos mal, pero los modelos relacionales siguen siendo a dos.

Mi compañera y yo abordamos los mitos del amor romántico y como crear relaciones igualitarias y de buentrato. Detrás de esas cabecitas adolescentes no solo vemos la influencia de las canciones, películas, libros y la presión social, están sus familias. Sus padres/madres son  sus referentes, de ahí salen los estereotipos de género.

Yo llevo casi 5 años educando a mis hijas en otro modelo completamente distinto y fuera de norma. Si puedo decir que su mirada es diferente pero están dentro de la sociedad y de vez en cuando caen en lo típico.

Voy a estar atenta a las señales porque seguro el 2020 trae la solución a este dilema y mientras seguir compartiendo con las personas que no se han aburrido de leer este blog de señora.

Aprovecho para recordar que siempre estoy abierta al encuentro y conocimiento, miro el mail todos los días así que si alguien quiere conocerme que me haga toc toc en saltandolalinearoja@gmail.com.

Sincronicidades

Resumiendo

Año extraño este 2019. Justo hace un año por estas fechas mi marido decidía comenzar una nueva vida. Eso inevitablemente llevaba pareja que yo comenzase otra quisiera o no.

Todo mi sueño de vivir en comunidad a la mierda. Que se rompa un matrimonio hoy en día no es novedad, lo novedoso sería durar 30 años. Tengo que ser sincera, en mi fantasía mi comunidad era un lugar seguro y mágico para todos y todas, y aunque siempre pensé que los miembros de la misma podrían ir y venir y nutrirse de seres variopintos, los iniciadores de esta experiencia permaneceríamos. Di muchas cosas por hecho.

La primera, mi exmarido no se sentía pareja si no teníamos una vida sexual activa, si no se sentía deseado y especial. Encontró una persona que le daba esa especialidad, aunque fuese a palos (psicológicos), y que él no podía encontrar en sí mismo. No me voy a meter a detallar lo doloroso que fue esta relación durante tres años por la cual el decidió dejarlo todo y arriesgar.

Solo diré que cuando tuvo toda la libertad de empezar una vida con ella en su nuevo hogar no llegaron ni a pasar una noche juntos. Tengo una conversación pendiente con él por este tema porque aún sigo cabreada y perpleja cuando tomando un café me enteré de que no estaba con ella y que se sentía liberado porque había sido un calvario para él. Os juro que me quedé tan ojiplática que no supe reaccionar. Solo sentí una ira profunda y ganas de darle de hostias.

La segunda, mi pareja actual se unió a nuestra convivencia hace dos años. No solo nos convertimos en una mini comunidad sino en una familia, el trabajo que hizo y que hicimos para crear este espacio fue titánico. Negociaciones, acuerdos, normas, cuidados y descuidos, horas interminables los tres en la cocina para encontrar caminos intermedios. Horas con las niñas y niño para darles un espacio raro sí, pero donde se sintiesen segur@s.

Cuando se rompió la comunidad nos vimos en una situación extraña, de repente parecemos una pareja monógama, convencional, montando una casa , y para eso no estábamos preparados, por lo menos yo no. Han sido casi 9 meses de trabajo de reajuste para saber que somos y sobre todo como queremos estar. A mí me aterrorizan las parejas pero me entusiasman las relaciones humanas. No necesito tener muchas relaciones, de hecho, en este año me ha llegado con aguantarme a mí misma y no joderle la vida a mi compa con mi tristeza.

Con todas estas dificultades, ajustes y desajustes, duelos, discusiones, hemos llegado a construir un hogar donde nos sentimos profundamente libres y cómodos. Donde nuestras hijas e hijo se sienten cómodos y queridos. Donde nuestra familia, amigos y mi exmarido siguen alimentando esta sensación de que mi comunidad sigue de otra manera y que es una forma de ver la vida.

Hemos llegado a este punto porque aunque el proceso no ha sido fácil tuvimos siempre el objetivo claro y el cómo hacerlo. Mis hijas y su bienestar eran mi objetivo, mantener la amistad y el cariño con su padre era otro (nuestra mediadora y nuestra abogada creo que nos ponen como ejemplo del buen querer y el buen hacer). Cuidar a las personas de nuestro entorno era importante y también cuidar el proceso. Para ello las tuvimos que mantener al margen para no escuchar opiniones y solo escuchar el corazón

Mi pareja, apoyó y respetó todo lo que nosotros decidimos como padres y expareja, quedándose al margen y acompañando mis momentos más duros. Te amo Joaquín y no sabes cuánto te agradezco que hayas aguantado esta cara amarga todo este año. He entendido con el tiempo cual ha sido tu lugar y lo difícil que es. Nos quedan retos, seguro, pero creo que la oportunidad de seguir buscando lo mejor para nosotros sin renunciar a nuestra identidad es transformador.

Así es como veo yo las relaciones, eso es lo que he aprendido del poliamor. El amor no todo lo puede, el sufrimiento no asegura el éxito de mejora o cambio. Hay que aceptar, lo otro y lo tuyo. Hay que conocerse y poner límites. Hay que pedir sí, pero dar también. Hay que abrir el corazón para que el otro u otra lo observe y pueda enseñar el tuyo, no abrirte en canal para que el otro u otra coja tu corazón y lo haga trizas.

Hay que mostrarse vulnerables cuando no se puede o no se sabe, y no para usar el chantaje emocional. Hay que estar atenta con las trampas que nos ponemos y que culturalmente tardaremos años en quitárnoslas del adn. Hay que mirarse con compasión porque somos seres humanos entrelazándonos en este mundo de felicidad extrema obligada e inmediatez.

Por momentos no me creo que haya pasado un año. Un año donde he hecho muchas cosas por primera vez, cosas que no creí que podría hacer. He sido mucho más YO, con todo lo que eso trae, jajajaja.

Me queda un ratín para salir de la tristeza pero miro al 2020 con curiosidad. Comenzaré el año con mis hijas, mis padres y mi pareja. Mi exmarido vendrá si quiere y no tiene planes (ahora tiene otras relaciones, creo). Pediré mi deseo de comienzo de año con pasión y pondré todo de mi parte para que se cumpla.

Ah y prometo estar más activa con el blog porque creo que el 2020 traerá novedades.

😉

Resumiendo

El sentimiento de estafa

Llevo desde el 2016 acompañando relaciones. Parejas que se abren y se adentran en el mundo del poliamor, parejas monógamas, personas que se suman a una pareja para formar una triada, personas que se cuestionan el modelo tradicional y se sienten desubicadas,…en definitiva personas que buscan respuestas.

En el último año han sido muchos los procesos que he vivido en mis propias carnes y también en algunas de las personas que acompaño, y uno que últimamente se repite mucho es:” ¿de qué me sirve ser poliamoros@ si no puedo llevarlo a cabo? Si solo me trae un montón de gestión y conflictos ¿Dónde está la parte divertida?”

A menudo no sé qué responder. Yo tengo mi respuesta pero es totalmente personal y cuando la comparto veo que nos les satisface. 😦

Para mi ser poliamorosa es vivir con coherencia, poder estar alineada con mis emociones y mi forma de actuar y vivir. Es parte de mi identidad, y aunque no esté viviendo una relación poliamorosa todo el tiempo me siento tremendamente libre.

El poliamor me enseñó que otras formas de querer más sostenibles son posibles para mí. Curó todo lo mal aprendido sobre el amor romántico que repetí en dos matrimonios y un montón de relaciones tóxicas. Con esto no quiero decir que el poliamor sea un milagro y que sea la solución a los problemas relacionales de la gente, no, solo digo que toda la parte de reflexión y sobre todo la práctica me ayudó a crear la persona que soy ahora.

Aveces surge un sentimiento de estafa cuando las personas poliamorosas se enamoran de personas monógamas. A menudo no elegimos de quien nos enamoramos. Un coctel hormonal se pone en marcha para boicotearnos y elegir a la única monógama de la fiesta, jajajaja, así somos.

Aquí comienza la odisea, porque tenemos ese comodín puñetero de la esperanza, y como nuestro propio proceso lo corrobora (nadie nace con el cartel de poliamoroso) nosotras mismas hemos pasado el proceso de convertirnos de una cosa a otra, creemos que la persona amada también podrá hacer ese tránsito.

Para apoyar ese proceso nos convertimos en amados profesores cargados con toda una serie de bibliografía poliamorosa y todo lo que encontremos en la red. Invitamos a nuestra pupila o pupilo a las charlas de poliamor esperanzados de que vea las delicias y ventajas de pertenecer a una comunidad que cada día crece. Y si crece por algo será ¿no?

Dejamos de ver las caras de susto, las posturas de incomodidad, la ansiedad, porque esperamos, esperamos que el milagro se produzca y podamos vivir en el Edén poliamoroso.

En estos años he visto muy poca reconversión de personas monógamas que se ven en una relación con una persona poliamorosa. Diría que en la mayoría de los casos es el poliamoroso el que se ve en la situación de elegir y renuncia. Pasado el tiempo, donde se apuesta por esa relación nueva en formato monógamo, ¿Qué creéis que puede pasar? Yo tengo mi hipótesis.

Yo sufrí estos vaivenes y eso que estaba súper avisada. Mi amigo Jesús me lo dijo:” busca a personas como tú”, pero claro la mayoría son las  otras y además la sociedad ya se encarga de darles la razón. Se añade el ansia por poner en práctica la nueva identidad descubierta.

Ahora estoy en el sosiego, me interesa más el SER que el ESTAR. No necesito estar en múltiples relaciones para volver a sentir la emoción.

Me emociona estar en libertad y en coherencia. Me emociona poder educar dando toda la información no solo una. Me emociona trabajar acompañando a personas que se adentran en el mundo del poliamor, que se cuestionan cosas , que se pierden y se encuentran, que muchas veces les gustaría volver a tomar la pastilla correcta para seguir en Matrix. Me emociona amar en libertad a mi compañero monógamo. Me emociona vivir amando aquí y ahora sin búsquedas, expectativas y esperanzas.

No creo que el poliamor sea una estafa, ni una putada enamorarse de personas que no piensan igual. Creo que la vida nos reta constantemente, que soltar es difícil, pero los aprendizajes están a la vuelta de la esquina.

No hay varita mágica, no hay recetas, no hay gurús del poliamor. Solo hay infinidad de caminos diversos, y ya que vida solo hay una, disfrutemos del paseo.

El sentimiento de estafa

El jodido papel de estar en el medio

A menudo me encuentro en las parejas abiertas el rol de la persona que está en medio. Yo lo he vivido en mis carnes en unas cuantas ocasiones y desde luego me parece un lugar bastante difícil. No es por quitarle valor a los otros roles pero hoy me gustaría centrarme en este.

La persona que hace de vértice entre dos relaciones vive a menudo en un examen continuo. Si se añade que además eres la persona que has propuesto abrir la relación el nivel de exigencia es máximo. No te puedes equivocar JAMAS, tienes que tener en tu haber una batería de herramientas de gestión emocional nivel diosa, COMPRESIVA, EMPATICA, MEDIADORA y muchas veces trapecista. Hagas o no hagas todo caerá sobre ti.

Tienes además que tener TOTAL conocimiento y preocupación por las necesidades de las otras personas y dejar en último lugar las tuyas. Es tal el agotamiento a veces, que ni te acuerdas de que tenías necesidades propias. A esto contribuye muchas veces ese sentimiento de culpa jodido que se te pega por ser honesta con tus emociones y sentimientos.

Quieres tu libertad, el cuidado de las personas, que todas estén bien, que se hable todo, que se acuerde todo para que nadie se sienta excluido o menos o jerarquizado, apoyar todos los procesos y respetar los tiempos, vamos una puta locura, así de claro.

Las personas que hemos estado ahí creo que hemos ido aprendiendo a base de darnos hostias un día sí y otro también. ¿Porque? será porque no hay modelos de referencia que copiar, seguir, reproducir. Entramos en terreno pantanoso con muchos más ingredientes en la ensalada que lechuga y tomate. Ahora hay que encontrar el aliño perfecto para que combinen zanahorias, maíz, aceitunas,… y sepa bien. No hay recetas, y lo que te vale a ti a mí a lo mejor no me funciona.

La primera vez que yo estuve en medio me quise morir. Me olvide de mi persona para cuidar con algodones a mi pareja, le acababa de joder la vida, él tenía que decidir si aceptar a esta loca o dejarla. Decidió quedarse y para mí se mezclaron varias cosas: admiración, agradecimiento, reconocimiento y una deuda. Si, si, una deuda. Me dejaba ser. Suena fatal, lo sé, pero así me sentí por momentos, que él me dejaba experimentar esta locura que seguramente se me pasaría con el tiempo.

Ese sentimiento de deuda-culpa me convirtió en salvadora y por supuesto a él en victima sobradamente justificada. Si alguien no se ha leído el libro del Triángulo dramático de Karpman que lo haga ya, porque el papel de salvadora es lo peorcito que puedes hacer. Solo  la victima puede salir del triángulo con consciencia, aceptar su responsabilidad y tomar sus propias decisiones  igual que hace el que “oprime”. En todo este triangulo de roles hace falta mucha consciencia de donde está cada quien.

Nadie quiere ser el malo o la mala, y mucho menos hacer daño a la persona amada. Entonces ¿Cómo lo hacemos? Buscar mi libertad o identidad menoscaba la tuya porque si el vínculo está basado en YO SOY en función de lo que soy para ti, la jodimos. Pero es así como nos venden la peli. Conexión suprema espiritual, electrones entrelazados con leyenda de hilo rojo, le siento-le noto aunque no estemos en el mismo planeta,….vamos que yo he tenido unas cuantas de estas y varias veces.

Creo que tenemos que empezar a decir lo jodido que es estar en el medio a las personas con las que nos relacionamos, que no tenemos todas las respuestas, que también dudamos y que sobre todo notamos mucha presión. Que claro que intentamos tener empatía pero ni siquiera nos permitimos tener autoempatia, que necesitamos descansar de proponer y proponer, y de gestionar y gestionar. Que necesitamos un poco de espacio para el autocuidado sin sentir que abandonamos. Tenemos que gritar lo jodido que es y no recibir la respuesta típica “tú te lo has buscado”.

Sí, me lo busqué, porque seguro estaba aburrida de la vida, soy inconformista y todo me parecía una mierda. No quería seguir viviendo en el día de la marmota, quería escribir mi propio guion. Y seguramente ya contaba que fácil no era, pero estar siempre bajo el chantaje emocional es jodido. Y con esto no digo que mis derechos tienen que pasar por encima de los de nadie, no se trata de eso.

A menudo he sentido que cuando se ha dado esta situación la persona que tengo delante deja de hablar como una persona adulta y conecta con su más tierna infancia. El dialogo ya no está en el mismo nivel, comienzan las situaciones de poder, se abre el grifo del dolor, apenas se puede pensar con claridad, o vamos directamente a la venganza. La persona me ha quitado mi lugar, y con él todas mis acciones, lo conocido, lo que me funciona, lo que se, lo que soy. Es como quitar la alfombra de un tirón y caes hacia atrás. La persona que tienes delante entonces alarga la mano para evitar que te caigas pero el daño está hecho. Y ese agarre solo es un parche.

Estoy pensando últimamente en lo interesante que sería dejarse caer. Curarse del golpe y levantarse para encarar o darse la vuelta, pero no agarrarse como un clavo ardiendo para evitar el golpe. Son elucubraciones, pienso en cómo podía haberlo hecho yo.

Hace tiempo que acompaño a personas que están en el medio y muchas veces me jode lo que sufren y todo el trabajito que hacen, leyendo, con un montón de sesiones de terapia, trabajándose para ser lo más conscientes posibles de lo que les pasa y lo que les pasa a las demás. También acompaño a las otras partes, las que les movieron la alfombra y quieren entender esta movida para saber si se encaran o se dan la vuelta. Mi admiración a ambas, siempre me parece muy valiente la gente que no solo se mete en esta movida sino que quiere entenderla.

Es jodido, duro, desafiante, agotador, pero no muy diferente de las relaciones convencionales, todas tienen luces y sombras.

Ayer me decía mi supervisora que este sería un buen trabajo de fin de carrera,  que se necesita estudio sobre los nuevos modelos de relaciones y compartirlo para crear conocimiento. De repente sentí una presión inmensa ¿Qué se yo de esto? Apenas una aprendiz de mi vida.  Acompaño como puedo con las herramientas que se pero llegar a comprender los patrones que hay detrás, buffffffffffff, ahora mismo me supera.

Elucubraciones, de momento es todo lo que puedo aspirar.

El jodido papel de estar en el medio

Curso incómodo

A mediados de Julio me fui a una formación sobre sexualidad para adolescentes. Me pareció una buena oportunidad de formarme en dos temas que me apasionan: la sexualidad ,y los y las adolescentes.

El tema de la sexualidad me parece el eje vertebrador de buena parte de nuestras vidas como seres sexuados que somos. La amatoria, la erótica, las relaciones, son temas que me interesa aprender más. Lamentablemente era un curso de apenas tres días y aunque el profesorado de INCISEX intentó que algunos conceptos básicos nos entrasen en la mente creo que solo llegamos a comprender que el tema es inmenso y requiere mucho estudio. Mi máxima admiración a los sexólogos y sexólogas. Tengo que decir que un lenguaje excesivamente académico tampoco hizo muy digerible las charlas.

Sobre el tema de los adolescentes, que me maravilla, hubo una ponencia súper interesante de un educador, psicólogo con muchísimos años de experiencia que me fascinó. Me gustó mucho como habló de las/los adolescentes sin patologizarlos.

El último día se dedicó a talleres y aquí vino lo más. Me apunté a uno sobre identidades. El tema está de bastante actualidad y la mayoría de participantes éramos educadores formales y no formales que estamos en contacto directo con adolescentes, madres y profesionales de lo social. Comenzamos a hacer una lista de “lios” que aparecen con el tema de la identidad en la adolescencia.

Yo tengo mucho interés en los “lios” como madre de una adolescente y educadora no formal en instituto y dinamizadora juvenil, y tengo la suerte de observar cómo se están creando las relaciones entre los adolescentes, y el tema del poliamor y las relaciones abiertas, como no, está presente. Ellos y ellas están en el mundo, sobre todo en el virtual donde la información está a un clic.

Al comentar este tema en el grupo para saber la opinión del sexólogo que dinamizaba el taller tuve una interesante respuesta. Una profesora de FP que opinaba que el poliamor solo conseguía “liarles la cabeza” y que todos y todas acababan en el psicólogo porque era gente muy frustrada, vamos que este es un tema dañino que hay que evitar a toda costa, que la gente que conoce ella poliamorosa está toda fatal.

No lo voy a negar, tuve que contar hasta diez mil mentalmente para no contestarle desde la indignación. Pensé que tenía bastante desconocimiento sobre el tema y que no era ni el momento ni el lugar para meter mi activismo.

Me jode que la gente piense que somos una panda de tarados y taradas. Me molesta especialmente que la gente piense que ir al psicólogo o a un terapeuta es de desahuciados, enfermos o desquiciados. Que el poliamor es complicarse la vida y la monogamia garantía de salud mental. Todo esto son mitos, generalidades, ignorancia y miedo.

Llevo escribiendo desde el 2015 que para mí el poliamor, las relaciones abiertas, la anarquía relacional,la monogamia… son opciones, todas ellas válidas si son desde la libertad y la honestidad.

Desde el 2016 trabajo con personas monógamas y no monógamas, todas ellas comprometidas con su proyecto de vida, que acuden a la terapia  como una forma de trabajar en sus procesos con consciencia y esto siempre me maravilla y merece todo el respeto del mundo. Hay que tener mucho valor para mirarse y hacerse preguntas. Basta ya de poner una etiqueta a aquellas personas que  hemos sido honestas y hemos pedido ayuda cuando la hemos necesitado porque no podíamos solas.

A mí me ayudaron y la vida me ha colocado ahora del otro lado para acompañar, y mi deseo es que mucha más gente pudiese ver con “normalidad” hacer una terapia tanto como ir al dentista, porque los dolores emocionales son tan jodidos como los de muelas. No hay nada vergonzante en ello.

Pensé que esta mujer solo era capaz de ver la vida desde el prisma de todo son “problemas” en vez de ver opciones. Y no vamos a negar que las cosas no son fáciles, que vida es fácil en el mundo loco que nos ha tocado vivir, pero no me vayas clasificando en el cajón de los incorrectos.

Tenía altas expectativas con este curso, casi siempre me pasa porque voy con un montón de preguntas en la cabeza, y muchas veces no se cubren. Seguiré indagando y aprendiendo a cómo gestionar estas opiniones (mayoritarias) que hacen saltar a mi activista radical

Curso incómodo

Revisando expectativas

Mi nivel de indignación ha llegado a límites elevados en estos últimos meses. Cuando crees que ya lo has visto todo viene la vida y ¡zas! , te da otra hostia.

Mi comienzo de año fue difícil, la angustia de un futuro incierto en todos los sentidos, creado por  la separación inminente, puso delante de mí un montón de retos. Me puse en modo superviviente “tira pa lante con lo que sea”. Las navidades serán recordadas por el golpetazo que mi expareja dio encima de la mesa. ¿Estaba en su derecho? Claro que sí, todo el mundo tiene derecho y el deber de buscar su felicidad y cambiar aquellas situaciones que le perturban.

El tema es, cuando voy a dar el notición, que va a doler a un@s cuantos, ¿tengo un plan b? Si la respuesta es SI, será doloroso sí, pero por lo menos cuidadoso. Si la respuesta es NO se avecina el caos y el desastre. Este fue mi caso. Todavía recuerdo la cara de mis padres ante la noticia que salía de la boca de mi expareja: “quiero comenzar una nueva vida con mi pareja”. Sus caras no eran de asombro porque yo había hablado con ellos. Se tornó en desconcierto cuando le dijeron que lo respetaban pero que como quedaba la cosa. La cosa, éramos mis hijas y yo, un piso, mi carrera, la economía familiar,… resulta que se le había olvidado pensar en eso.

Yo solo improviso cuando trabajo, el resto del tiempo soy planificadora. Soy autónoma, y tengo tres hijas, así que me paso la vida encajando el puzzle. Como decía me puse en modo resolutivo. Primera llamada a mi abogada que le estaré eternamente agradecida, segunda llamada a una amiga que tiene una inmobiliaria, y a resolver.

Solo diré que en todo este tiempo he tenido suerte de estar lúcida gracias a mi red afectiva, que habría mandado a la mierda todo y a todos, que hubo detalles feos y miserables, y que solo tenía una única razón para hacer todo lo que he hecho y la manera en que lo hice, mis hijas.

Ahora que ya pasó la mitad del año 2019, que recordaré toda mi vida, me doy cuenta de lo agotada que estoy. Es una mezcla de tristeza, decepción y hartazgo. Han sido meses de finales y comienzos. La disolución de la comunidad y el comienzo de la convivencia con mi pareja, que no pretende ser convencional y hay que ver cómo queremos estar y ser. Nueva casa, eso sí que me hizo ilusión, nuevo lugar de trabajo, nueva economía, y la mitad del tiempo con mis hijas.

En mayo comencé a meditar porque solo con la terapia no era capaz de sostener la situación. Mi terapeuta me dijo que tengo que estar atenta a mis señales, aquellos auxiliares de vuelo que me dicen que algo no está bien, escucharlos y no apagar sus voces confiando en que todo el mundo es generoso y bueno, empático y con ganas de entender y cambiar, simplemente esto no pasa. Yo estoy tan ensoñada con vivir en comunidad que se me olvida que estamos en la época de más individualismo, que la gente lee y va a cursos sobre los cuidados para ver si encuentran en los demás aquello que muchas veces no son capaces de ofrecer. Es una época extraña.

A veces toda esta situación me parece subrealista. Tengo que revisar mis expectativas porque voy dándome trompazos a diestro y siniestro.

Un día me vi tomando café con mi ex para arreglar cosas de las niñas y preguntándole como le iba, me entero que ya no está con esa pareja con la que quería comenzar una nueva vida,”no sabes cómo acabé de harto con ella, hasta las narices” me dijo. En ese instante creo que debí de poner la cara de Uma Thurman en Kill bill porque estuve 3 años y medio viendo en directo el ejemplo perfecto de pareja tóxica y neurótica perdida. Se lo dije yo, se lo dijo su psicóloga,… todos lo veíamos claro cristalino menos él. A menudo me pregunto porque no puse yo el límite, porque dejándose él abusar yo también me dejé abusar. En el fondo caí en la trampa más tramposa del amor romántico, el amor todo lo puede y seguro se dará cuenta. Una mierda. Otra de las trampas como feminista fue la sororidad. ¿Cómo me voy a poner en contra de ella? Es él el responsable de poner límites en su relación para que no contaminen todo su entorno. A la mierda la sororidad, la que es mala es mala. Mi terapeuta me dijo una vez: “irá a por todas, hasta que lo consiga todo no parará”. Y lo hizo pero no calculó bien el último golpe, mis hijas.

En este café me esperaba un “algo”, una frase del tipo,”ahora me doy cuenta de que a lo mejor no lo hice bien, o igual fue muy duro para ti verme en esta relación”. Pues no. Ni  hubo ese algo ni lo habrá. Son estas cosas las que me llevan a la tristeza, a darme cuenta de cuanto di y lo poco que me cuidé, lo que me expuse y confié, y todo esto me lleva a mi momento presente.

Estoy tan quemada que he tenido que anestesiar toda una batería de emociones que me encantan pero ahora no puedo atender. Solo permito que salgan en el trabajo y con mis hijas. Me di cuenta estando el otro día con mis compañeros de fórum, seres amorosos dispuestos a abrazar y cuidar, y me escuché entrando en el centro para decir que soy difícil de cuidar y que ahora mismo no quiero que me toquen las gónadas y no estoy para abracitos.

No he tenido tiempo para entrar en el duelo, vivirlo, acogerlo, aceptarlo y soltarlo. He tirado, y cuando encuentro otra piedra, salto y tiro, un rio, salto y tiro, y ya me cansa. Sueño con trabajo, con la identidad, con personas que son algoritmos pero no son auténticas. Sueño con mariposas monarca que invaden mi antiguo salón y mueven sus alas a la vez perturbándome.

Trabajo conectada con la cordura y con la responsabilidad, pero cuando llego a mi vida normal hay cosas de chiste. Problemas que podrían resolverse con una simple frase se alargan días. Bucles de mal humor que ya no tengo paciencia para aguantar.

Quiero poder estar mal, estar triste, alejar a aquellas personas que trastocan mi cotidiano con sus demandas que no puedo  o no quiero atender. Es ahora cuando me estoy dando cuenta del cansancio acumulado en estos 6 meses, que comenzar una nueva vida no es fácil y que necesito calma, no solo en mi mente sino en mi entorno más cercano.

Voy a elegir, a elegir personas, a elegir momentos, y conversaciones que quiero tener y cuáles no. Voy a darme tiempo y vacaciones para poder conocer a esta nueva yo, seguro es emocionante.

Revisando expectativas