El sentimiento de estafa

Llevo desde el 2016 acompañando relaciones. Parejas que se abren y se adentran en el mundo del poliamor, parejas monógamas, personas que se suman a una pareja para formar una triada, personas que se cuestionan el modelo tradicional y se sienten desubicadas,…en definitiva personas que buscan respuestas.

En el último año han sido muchos los procesos que he vivido en mis propias carnes y también en algunas de las personas que acompaño, y uno que últimamente se repite mucho es:” ¿de qué me sirve ser poliamoros@ si no puedo llevarlo a cabo? Si solo me trae un montón de gestión y conflictos ¿Dónde está la parte divertida?”

A menudo no sé qué responder. Yo tengo mi respuesta pero es totalmente personal y cuando la comparto veo que nos les satisface. 😦

Para mi ser poliamorosa es vivir con coherencia, poder estar alineada con mis emociones y mi forma de actuar y vivir. Es parte de mi identidad, y aunque no esté viviendo una relación poliamorosa todo el tiempo me siento tremendamente libre.

El poliamor me enseñó que otras formas de querer más sostenibles son posibles para mí. Curó todo lo mal aprendido sobre el amor romántico que repetí en dos matrimonios y un montón de relaciones tóxicas. Con esto no quiero decir que el poliamor sea un milagro y que sea la solución a los problemas relacionales de la gente, no, solo digo que toda la parte de reflexión y sobre todo la práctica me ayudó a crear la persona que soy ahora.

Aveces surge un sentimiento de estafa cuando las personas poliamorosas se enamoran de personas monógamas. A menudo no elegimos de quien nos enamoramos. Un coctel hormonal se pone en marcha para boicotearnos y elegir a la única monógama de la fiesta, jajajaja, así somos.

Aquí comienza la odisea, porque tenemos ese comodín puñetero de la esperanza, y como nuestro propio proceso lo corrobora (nadie nace con el cartel de poliamoroso) nosotras mismas hemos pasado el proceso de convertirnos de una cosa a otra, creemos que la persona amada también podrá hacer ese tránsito.

Para apoyar ese proceso nos convertimos en amados profesores cargados con toda una serie de bibliografía poliamorosa y todo lo que encontremos en la red. Invitamos a nuestra pupila o pupilo a las charlas de poliamor esperanzados de que vea las delicias y ventajas de pertenecer a una comunidad que cada día crece. Y si crece por algo será ¿no?

Dejamos de ver las caras de susto, las posturas de incomodidad, la ansiedad, porque esperamos, esperamos que el milagro se produzca y podamos vivir en el Edén poliamoroso.

En estos años he visto muy poca reconversión de personas monógamas que se ven en una relación con una persona poliamorosa. Diría que en la mayoría de los casos es el poliamoroso el que se ve en la situación de elegir y renuncia. Pasado el tiempo, donde se apuesta por esa relación nueva en formato monógamo, ¿Qué creéis que puede pasar? Yo tengo mi hipótesis.

Yo sufrí estos vaivenes y eso que estaba súper avisada. Mi amigo Jesús me lo dijo:” busca a personas como tú”, pero claro la mayoría son las  otras y además la sociedad ya se encarga de darles la razón. Se añade el ansia por poner en práctica la nueva identidad descubierta.

Ahora estoy en el sosiego, me interesa más el SER que el ESTAR. No necesito estar en múltiples relaciones para volver a sentir la emoción.

Me emociona estar en libertad y en coherencia. Me emociona poder educar dando toda la información no solo una. Me emociona trabajar acompañando a personas que se adentran en el mundo del poliamor, que se cuestionan cosas , que se pierden y se encuentran, que muchas veces les gustaría volver a tomar la pastilla correcta para seguir en Matrix. Me emociona amar en libertad a mi compañero monógamo. Me emociona vivir amando aquí y ahora sin búsquedas, expectativas y esperanzas.

No creo que el poliamor sea una estafa, ni una putada enamorarse de personas que no piensan igual. Creo que la vida nos reta constantemente, que soltar es difícil, pero los aprendizajes están a la vuelta de la esquina.

No hay varita mágica, no hay recetas, no hay gurús del poliamor. Solo hay infinidad de caminos diversos, y ya que vida solo hay una, disfrutemos del paseo.

El sentimiento de estafa

El jodido papel de estar en el medio

A menudo me encuentro en las parejas abiertas el rol de la persona que está en medio. Yo lo he vivido en mis carnes en unas cuantas ocasiones y desde luego me parece un lugar bastante difícil. No es por quitarle valor a los otros roles pero hoy me gustaría centrarme en este.

La persona que hace de vértice entre dos relaciones vive a menudo en un examen continuo. Si se añade que además eres la persona que has propuesto abrir la relación el nivel de exigencia es máximo. No te puedes equivocar JAMAS, tienes que tener en tu haber una batería de herramientas de gestión emocional nivel diosa, COMPRESIVA, EMPATICA, MEDIADORA y muchas veces trapecista. Hagas o no hagas todo caerá sobre ti.

Tienes además que tener TOTAL conocimiento y preocupación por las necesidades de las otras personas y dejar en último lugar las tuyas. Es tal el agotamiento a veces, que ni te acuerdas de que tenías necesidades propias. A esto contribuye muchas veces ese sentimiento de culpa jodido que se te pega por ser honesta con tus emociones y sentimientos.

Quieres tu libertad, el cuidado de las personas, que todas estén bien, que se hable todo, que se acuerde todo para que nadie se sienta excluido o menos o jerarquizado, apoyar todos los procesos y respetar los tiempos, vamos una puta locura, así de claro.

Las personas que hemos estado ahí creo que hemos ido aprendiendo a base de darnos hostias un día sí y otro también. ¿Porque? será porque no hay modelos de referencia que copiar, seguir, reproducir. Entramos en terreno pantanoso con muchos más ingredientes en la ensalada que lechuga y tomate. Ahora hay que encontrar el aliño perfecto para que combinen zanahorias, maíz, aceitunas,… y sepa bien. No hay recetas, y lo que te vale a ti a mí a lo mejor no me funciona.

La primera vez que yo estuve en medio me quise morir. Me olvide de mi persona para cuidar con algodones a mi pareja, le acababa de joder la vida, él tenía que decidir si aceptar a esta loca o dejarla. Decidió quedarse y para mí se mezclaron varias cosas: admiración, agradecimiento, reconocimiento y una deuda. Si, si, una deuda. Me dejaba ser. Suena fatal, lo sé, pero así me sentí por momentos, que él me dejaba experimentar esta locura que seguramente se me pasaría con el tiempo.

Ese sentimiento de deuda-culpa me convirtió en salvadora y por supuesto a él en victima sobradamente justificada. Si alguien no se ha leído el libro del Triángulo dramático de Karpman que lo haga ya, porque el papel de salvadora es lo peorcito que puedes hacer. Solo  la victima puede salir del triángulo con consciencia, aceptar su responsabilidad y tomar sus propias decisiones  igual que hace el que “oprime”. En todo este triangulo de roles hace falta mucha consciencia de donde está cada quien.

Nadie quiere ser el malo o la mala, y mucho menos hacer daño a la persona amada. Entonces ¿Cómo lo hacemos? Buscar mi libertad o identidad menoscaba la tuya porque si el vínculo está basado en YO SOY en función de lo que soy para ti, la jodimos. Pero es así como nos venden la peli. Conexión suprema espiritual, electrones entrelazados con leyenda de hilo rojo, le siento-le noto aunque no estemos en el mismo planeta,….vamos que yo he tenido unas cuantas de estas y varias veces.

Creo que tenemos que empezar a decir lo jodido que es estar en el medio a las personas con las que nos relacionamos, que no tenemos todas las respuestas, que también dudamos y que sobre todo notamos mucha presión. Que claro que intentamos tener empatía pero ni siquiera nos permitimos tener autoempatia, que necesitamos descansar de proponer y proponer, y de gestionar y gestionar. Que necesitamos un poco de espacio para el autocuidado sin sentir que abandonamos. Tenemos que gritar lo jodido que es y no recibir la respuesta típica “tú te lo has buscado”.

Sí, me lo busqué, porque seguro estaba aburrida de la vida, soy inconformista y todo me parecía una mierda. No quería seguir viviendo en el día de la marmota, quería escribir mi propio guion. Y seguramente ya contaba que fácil no era, pero estar siempre bajo el chantaje emocional es jodido. Y con esto no digo que mis derechos tienen que pasar por encima de los de nadie, no se trata de eso.

A menudo he sentido que cuando se ha dado esta situación la persona que tengo delante deja de hablar como una persona adulta y conecta con su más tierna infancia. El dialogo ya no está en el mismo nivel, comienzan las situaciones de poder, se abre el grifo del dolor, apenas se puede pensar con claridad, o vamos directamente a la venganza. La persona me ha quitado mi lugar, y con él todas mis acciones, lo conocido, lo que me funciona, lo que se, lo que soy. Es como quitar la alfombra de un tirón y caes hacia atrás. La persona que tienes delante entonces alarga la mano para evitar que te caigas pero el daño está hecho. Y ese agarre solo es un parche.

Estoy pensando últimamente en lo interesante que sería dejarse caer. Curarse del golpe y levantarse para encarar o darse la vuelta, pero no agarrarse como un clavo ardiendo para evitar el golpe. Son elucubraciones, pienso en cómo podía haberlo hecho yo.

Hace tiempo que acompaño a personas que están en el medio y muchas veces me jode lo que sufren y todo el trabajito que hacen, leyendo, con un montón de sesiones de terapia, trabajándose para ser lo más conscientes posibles de lo que les pasa y lo que les pasa a las demás. También acompaño a las otras partes, las que les movieron la alfombra y quieren entender esta movida para saber si se encaran o se dan la vuelta. Mi admiración a ambas, siempre me parece muy valiente la gente que no solo se mete en esta movida sino que quiere entenderla.

Es jodido, duro, desafiante, agotador, pero no muy diferente de las relaciones convencionales, todas tienen luces y sombras.

Ayer me decía mi supervisora que este sería un buen trabajo de fin de carrera,  que se necesita estudio sobre los nuevos modelos de relaciones y compartirlo para crear conocimiento. De repente sentí una presión inmensa ¿Qué se yo de esto? Apenas una aprendiz de mi vida.  Acompaño como puedo con las herramientas que se pero llegar a comprender los patrones que hay detrás, buffffffffffff, ahora mismo me supera.

Elucubraciones, de momento es todo lo que puedo aspirar.

El jodido papel de estar en el medio

Curso incómodo

A mediados de Julio me fui a una formación sobre sexualidad para adolescentes. Me pareció una buena oportunidad de formarme en dos temas que me apasionan: la sexualidad ,y los y las adolescentes.

El tema de la sexualidad me parece el eje vertebrador de buena parte de nuestras vidas como seres sexuados que somos. La amatoria, la erótica, las relaciones, son temas que me interesa aprender más. Lamentablemente era un curso de apenas tres días y aunque el profesorado de INCISEX intentó que algunos conceptos básicos nos entrasen en la mente creo que solo llegamos a comprender que el tema es inmenso y requiere mucho estudio. Mi máxima admiración a los sexólogos y sexólogas. Tengo que decir que un lenguaje excesivamente académico tampoco hizo muy digerible las charlas.

Sobre el tema de los adolescentes, que me maravilla, hubo una ponencia súper interesante de un educador, psicólogo con muchísimos años de experiencia que me fascinó. Me gustó mucho como habló de las/los adolescentes sin patologizarlos.

El último día se dedicó a talleres y aquí vino lo más. Me apunté a uno sobre identidades. El tema está de bastante actualidad y la mayoría de participantes éramos educadores formales y no formales que estamos en contacto directo con adolescentes, madres y profesionales de lo social. Comenzamos a hacer una lista de “lios” que aparecen con el tema de la identidad en la adolescencia.

Yo tengo mucho interés en los “lios” como madre de una adolescente y educadora no formal en instituto y dinamizadora juvenil, y tengo la suerte de observar cómo se están creando las relaciones entre los adolescentes, y el tema del poliamor y las relaciones abiertas, como no, está presente. Ellos y ellas están en el mundo, sobre todo en el virtual donde la información está a un clic.

Al comentar este tema en el grupo para saber la opinión del sexólogo que dinamizaba el taller tuve una interesante respuesta. Una profesora de FP que opinaba que el poliamor solo conseguía “liarles la cabeza” y que todos y todas acababan en el psicólogo porque era gente muy frustrada, vamos que este es un tema dañino que hay que evitar a toda costa, que la gente que conoce ella poliamorosa está toda fatal.

No lo voy a negar, tuve que contar hasta diez mil mentalmente para no contestarle desde la indignación. Pensé que tenía bastante desconocimiento sobre el tema y que no era ni el momento ni el lugar para meter mi activismo.

Me jode que la gente piense que somos una panda de tarados y taradas. Me molesta especialmente que la gente piense que ir al psicólogo o a un terapeuta es de desahuciados, enfermos o desquiciados. Que el poliamor es complicarse la vida y la monogamia garantía de salud mental. Todo esto son mitos, generalidades, ignorancia y miedo.

Llevo escribiendo desde el 2015 que para mí el poliamor, las relaciones abiertas, la anarquía relacional,la monogamia… son opciones, todas ellas válidas si son desde la libertad y la honestidad.

Desde el 2016 trabajo con personas monógamas y no monógamas, todas ellas comprometidas con su proyecto de vida, que acuden a la terapia  como una forma de trabajar en sus procesos con consciencia y esto siempre me maravilla y merece todo el respeto del mundo. Hay que tener mucho valor para mirarse y hacerse preguntas. Basta ya de poner una etiqueta a aquellas personas que  hemos sido honestas y hemos pedido ayuda cuando la hemos necesitado porque no podíamos solas.

A mí me ayudaron y la vida me ha colocado ahora del otro lado para acompañar, y mi deseo es que mucha más gente pudiese ver con “normalidad” hacer una terapia tanto como ir al dentista, porque los dolores emocionales son tan jodidos como los de muelas. No hay nada vergonzante en ello.

Pensé que esta mujer solo era capaz de ver la vida desde el prisma de todo son “problemas” en vez de ver opciones. Y no vamos a negar que las cosas no son fáciles, que vida es fácil en el mundo loco que nos ha tocado vivir, pero no me vayas clasificando en el cajón de los incorrectos.

Tenía altas expectativas con este curso, casi siempre me pasa porque voy con un montón de preguntas en la cabeza, y muchas veces no se cubren. Seguiré indagando y aprendiendo a cómo gestionar estas opiniones (mayoritarias) que hacen saltar a mi activista radical

Curso incómodo

Revisando expectativas

Mi nivel de indignación ha llegado a límites elevados en estos últimos meses. Cuando crees que ya lo has visto todo viene la vida y ¡zas! , te da otra hostia.

Mi comienzo de año fue difícil, la angustia de un futuro incierto en todos los sentidos, creado por  la separación inminente, puso delante de mí un montón de retos. Me puse en modo superviviente “tira pa lante con lo que sea”. Las navidades serán recordadas por el golpetazo que mi expareja dio encima de la mesa. ¿Estaba en su derecho? Claro que sí, todo el mundo tiene derecho y el deber de buscar su felicidad y cambiar aquellas situaciones que le perturban.

El tema es, cuando voy a dar el notición, que va a doler a un@s cuantos, ¿tengo un plan b? Si la respuesta es SI, será doloroso sí, pero por lo menos cuidadoso. Si la respuesta es NO se avecina el caos y el desastre. Este fue mi caso. Todavía recuerdo la cara de mis padres ante la noticia que salía de la boca de mi expareja: “quiero comenzar una nueva vida con mi pareja”. Sus caras no eran de asombro porque yo había hablado con ellos. Se tornó en desconcierto cuando le dijeron que lo respetaban pero que como quedaba la cosa. La cosa, éramos mis hijas y yo, un piso, mi carrera, la economía familiar,… resulta que se le había olvidado pensar en eso.

Yo solo improviso cuando trabajo, el resto del tiempo soy planificadora. Soy autónoma, y tengo tres hijas, así que me paso la vida encajando el puzzle. Como decía me puse en modo resolutivo. Primera llamada a mi abogada que le estaré eternamente agradecida, segunda llamada a una amiga que tiene una inmobiliaria, y a resolver.

Solo diré que en todo este tiempo he tenido suerte de estar lúcida gracias a mi red afectiva, que habría mandado a la mierda todo y a todos, que hubo detalles feos y miserables, y que solo tenía una única razón para hacer todo lo que he hecho y la manera en que lo hice, mis hijas.

Ahora que ya pasó la mitad del año 2019, que recordaré toda mi vida, me doy cuenta de lo agotada que estoy. Es una mezcla de tristeza, decepción y hartazgo. Han sido meses de finales y comienzos. La disolución de la comunidad y el comienzo de la convivencia con mi pareja, que no pretende ser convencional y hay que ver cómo queremos estar y ser. Nueva casa, eso sí que me hizo ilusión, nuevo lugar de trabajo, nueva economía, y la mitad del tiempo con mis hijas.

En mayo comencé a meditar porque solo con la terapia no era capaz de sostener la situación. Mi terapeuta me dijo que tengo que estar atenta a mis señales, aquellos auxiliares de vuelo que me dicen que algo no está bien, escucharlos y no apagar sus voces confiando en que todo el mundo es generoso y bueno, empático y con ganas de entender y cambiar, simplemente esto no pasa. Yo estoy tan ensoñada con vivir en comunidad que se me olvida que estamos en la época de más individualismo, que la gente lee y va a cursos sobre los cuidados para ver si encuentran en los demás aquello que muchas veces no son capaces de ofrecer. Es una época extraña.

A veces toda esta situación me parece subrealista. Tengo que revisar mis expectativas porque voy dándome trompazos a diestro y siniestro.

Un día me vi tomando café con mi ex para arreglar cosas de las niñas y preguntándole como le iba, me entero que ya no está con esa pareja con la que quería comenzar una nueva vida,”no sabes cómo acabé de harto con ella, hasta las narices” me dijo. En ese instante creo que debí de poner la cara de Uma Thurman en Kill bill porque estuve 3 años y medio viendo en directo el ejemplo perfecto de pareja tóxica y neurótica perdida. Se lo dije yo, se lo dijo su psicóloga,… todos lo veíamos claro cristalino menos él. A menudo me pregunto porque no puse yo el límite, porque dejándose él abusar yo también me dejé abusar. En el fondo caí en la trampa más tramposa del amor romántico, el amor todo lo puede y seguro se dará cuenta. Una mierda. Otra de las trampas como feminista fue la sororidad. ¿Cómo me voy a poner en contra de ella? Es él el responsable de poner límites en su relación para que no contaminen todo su entorno. A la mierda la sororidad, la que es mala es mala. Mi terapeuta me dijo una vez: “irá a por todas, hasta que lo consiga todo no parará”. Y lo hizo pero no calculó bien el último golpe, mis hijas.

En este café me esperaba un “algo”, una frase del tipo,”ahora me doy cuenta de que a lo mejor no lo hice bien, o igual fue muy duro para ti verme en esta relación”. Pues no. Ni  hubo ese algo ni lo habrá. Son estas cosas las que me llevan a la tristeza, a darme cuenta de cuanto di y lo poco que me cuidé, lo que me expuse y confié, y todo esto me lleva a mi momento presente.

Estoy tan quemada que he tenido que anestesiar toda una batería de emociones que me encantan pero ahora no puedo atender. Solo permito que salgan en el trabajo y con mis hijas. Me di cuenta estando el otro día con mis compañeros de fórum, seres amorosos dispuestos a abrazar y cuidar, y me escuché entrando en el centro para decir que soy difícil de cuidar y que ahora mismo no quiero que me toquen las gónadas y no estoy para abracitos.

No he tenido tiempo para entrar en el duelo, vivirlo, acogerlo, aceptarlo y soltarlo. He tirado, y cuando encuentro otra piedra, salto y tiro, un rio, salto y tiro, y ya me cansa. Sueño con trabajo, con la identidad, con personas que son algoritmos pero no son auténticas. Sueño con mariposas monarca que invaden mi antiguo salón y mueven sus alas a la vez perturbándome.

Trabajo conectada con la cordura y con la responsabilidad, pero cuando llego a mi vida normal hay cosas de chiste. Problemas que podrían resolverse con una simple frase se alargan días. Bucles de mal humor que ya no tengo paciencia para aguantar.

Quiero poder estar mal, estar triste, alejar a aquellas personas que trastocan mi cotidiano con sus demandas que no puedo  o no quiero atender. Es ahora cuando me estoy dando cuenta del cansancio acumulado en estos 6 meses, que comenzar una nueva vida no es fácil y que necesito calma, no solo en mi mente sino en mi entorno más cercano.

Voy a elegir, a elegir personas, a elegir momentos, y conversaciones que quiero tener y cuáles no. Voy a darme tiempo y vacaciones para poder conocer a esta nueva yo, seguro es emocionante.

Revisando expectativas

Una verdad incómoda

Llevo desde 2015 en el poliamor, viviéndolo pero también acompañando el proceso de otras personas. En todo este tiempo me he leído todo o casi todo lo que ha sido publicado sobre este tema. En castellano, en inglés, sigo páginas web, blogs y leo todos los libros que me pueden aportar una base teórica para dotar de argumentos la experiencia vivencial.

En casi ningún libro de los leídos hasta ahora habla de una realidad que yo viví y he visto en muchas parejas con las que trabajo y he trabajado. Es el tema de cuando se abre la pareja como consecuencia de una crisis y el poliamor da una  posible respuesta a la situación.

La mayoría de libros sobre poliamor no recomiendan abrir la pareja cuando se está en crisis. Aquí siempre me ha jodido leerlo porque suelen ser libros anglosajones, y siempre me pregunto si será algo cultural  y solo a la cultura “latina”, le pasa que le invaden las emociones, y se convierten en seres irracionales  que se enamoran de otra persona y hay lio montado porque no dejan de amar al susodicho o a la susodicha. Parece que en otro lado del charco no pasa y además tienen una súper capacidad de hacer siempre lo correcto y tomarse tiempos de reflexión ordenada con un exquisito cuidado. Si hablan de polidramas, pero como si le pasase a otras personas  que evidentemente no están dotadas de herramientas emocionales.

Los escritores y escritoras de estos libros nos dan herramientas y ejemplos múltiples de cómo no cagarla, como gestionar los celos, como hacer una comunicación efectiva, como hacer acuerdos de sexo seguro que van a garantizar tu placer y evitar un contagio radioactivo. Siempre los he leído esperando el capitulo de la “verdad”. El testimonio verídico que me recuerde que son personas humanas vulnerables y normales que la cagan y aprenden, la vuelven a cagar y vuelven a aprender, o que coño, nunca aprenden, porque de eso también hay.

Yo entré en el poliamor porque mi mundo era pequeño. Sentía que podía amar más y de maneras diferentes. No quería hacer daño a mi pareja pero se lo hice, y mucho, porque cuando das el paso ya la jodiste, no tiene marcha atrás. Se agarró como un clavo ardiendo a todo lo que necesitaba y lo compró todo por no ser abandonado. Era una situación de desigualdad, de poder, donde yo tenía el poder porque había elegido seguir mi identidad y poner en riesgo mi pareja.

¿Estábamos en crisis? Claro que sí. Cuando no es una crisis económica es la crianza, si no es un problema laboral es una enfermedad de un familiar, ¿Cómo coño no se está en crisis con la vida? Así que me rio de los libros de poliamor que dicen no te metas cuando estas en crisis porque recomendaría un libro para saber cómo evitar las crisis en la pareja y en la vida en general.

Estoy cabreada, porque seguramente mucha gente que lee estos libros ha sentido lo mismo que yo en algún momento. Pensamientos de culpabilidad de “porque me metí en esto cuando mi pareja no estaba fuerte como el acero como dice el p.. libro”, que egoísta soy porque antepongo mi necesidad a la pareja y además se lo impongo,¿ como se cuida sin descuidarse una?, y un montón de pensamientos más de no acertar nunca. Así nació este blog , necesitaba compartir mis dudas y mis cagadas para sentirme mejor y con los años me han llegado mensajes de gente que ha agradecido el testimonio “real” desde las entrañas.

Como hago este blog hago en la terapia cuando acompaño a gente. Intentando trabajar desde la humildad porque yo no tengo la verdad, evitando el juicio sobre las emociones y sentires de la persona que tengo delante porque algunas de sus historias son comunes y conocidas para mí.  Otras muchas son desconocidas y me encanta que ellos y ellas me enseñen que hay muchas más respuestas y opciones, aprendo con ellas y de ellas y eso es lo que me encanta de mi trabajo, poder acompañar a las personas en su proceso con curiosidad, compasión, empatía y respeto. Claro que la cago y algunas veces me sorprendo dando mi opinión porque lo que escucho me mueve el culo de la silla y después me voy con mi látigo interno a  mi supervisora para decirle la cagué en esta sesión, suerte que por encima de mí siempre hay maestras que me acompañan y guían mi trabajo, agradecida hasta el infinito.

Bueno que me lio. Empezaba este post porque en los años que llevo acompañando parejas el 90% son parejas que se abren desde la monogamia y el otro 10% son parejas abiertas que vienen a terapia para aprender herramientas de gestión emocional. Esto  además coincide con la edad. Ese 90 % son parejas de entre 40-50 años con pareja estable de años y el pequeño porcentaje personas que apenas rozan los 30 y que lo raro para ellas y ellos es la monogamia.

Me alegra que la cosa esté cambiando, claro que sí, pero me jode que mi porcentaje mayor se cargue de un montón de culpabilidad porque ya es estresante lo que están viviendo como para que la sociedad moderna te diga que tienes que hacerlo estupendamente y para eso léete Etica promiscua u otros libros del mercado donde encontrar respuesta. Si tienes celos, hay un libro, si quieres dejar de sufrir por amor, hay un libro, si no sabes cómo abrir tu pareja hay un libro, hay libro para todo. Estoy un poco frustrada con esto porque cuando he asistido a las presentaciones de estos libros en el fondo esperaba encontrar un testimonio personal, poder preguntar directamente que opinión tienen las personas que escriben , como se sienten ellas y ellos, si tienen alguna crítica o algún descubrimiento fascinante del proceso de escribir un libro.

Yo también doy charlas y he recibido críticas desde todos los lados, que si es demasiado personal lo que cuento, que si esperaban más pedagogía y más teoría, que menos mal que no es un taller teórico, que se nota que no me he leído todos los libros de feminismo publicados en el mundo, me han criticado por decir teoría queer, he visto las caras de lesbianas desconfiadas porque cuando digo” tuve una pareja chica” piensan que fue una experiencia pasajera y sudo heterosexualidad por todos mis poros y por lo tanto no tengo derecho a hablar sobre diversidad sexual, vamos que una  no acierta nunca. Ah espérate que lo mismo soy una soberbia que la tía más campechana del mundo.

Lo que si reconozco es que tengo un espíritu crítico despierto. Escucho, pero me pregunto siempre si lo que me cuentan a mí me vale y voy aprendiendo y descartando a partes iguales.

Me he vuelto a liar. La verdad incómoda es que si, si abrimos la pareja porque estamos en crisis y muchas veces creemos que esta opción puede salvarla porque confiamos en que con toda la verdad y la honestidad puestas encima de la mesa se puedan deshacer malentendidos y costumbres , y tengamos una oportunidad de rehacer aquello que nos llevó a sentir un mundo pequeño, o limitante, o poco inspirador. Y quiero que la gente no se sienta mal por esto, que no se sientan menos evolucionados o incorrectos, que no duden de sus capacidades, yo lo hice y tuve mucha ayuda para dejar de sentirme así , que sean capaces de leer un libro y digan que les parece una mierda y no sienten que allí tengan respuestas y puedan construir las suyas propias.

Basta de sentir presión, la del amor romántico y la del amor liberal, la de los/las gurús y los ejemplos magníficos. Viva la incorreción, el aprendizaje, la duda, las múltiples equivocaciones y los errores.

Yo voy a celebrar que sé que no se, y que la vida es un camino de constante aprendizaje y desaprendizaje, y durante un tiempo voy a dejar de leer libros sobre relaciones idílicas, terrores, poliamores y mas allás, estoy agotada.

Una verdad incómoda

Tras el parón

Tras un mes de parón laboral, mudanza, venta del piso, redefinición de la comunidad y disolución de gananciales, comienzo Mayo reconectándome con mi parte activista.

Mientras pongo en orden mis ideas para poder compartir lo maravilloso de este proceso nuevo que estoy viviendo, mañana estaré en Ourense para hablar de otros modelos relacionales en Espazo Raizes que es un lugar maravilloso a donde regreso para compartir, hablar, indagar, escuchar y aprender de otras y de otros sobre cómo cada un@ vive el amor y las relaciones.

Si os coincide aquí dejo la información. Después de charlar nos iremos de tapeo y vinitos por el maravilloso casco histórico de Ourense que para las que no lo conozcan es una auténtica maravilla.

En los próximos días os compartiré el proceso de transición de la comunidad y los agradables descubrimientos que han surgido y que me conectan con que nada se pierde, sino que las cosas se transforman y el amor perdura aunque sea desde otro lugar.

Soy una activista de los afectos, lucho por conservarlos porque siento que sumar es mi paradigma y he entendido que confiar y dar tiempo es lo mejor que he podido hacer. Darme tiempo y dar tiempo a los procesos y a las personas para que cada quien busque su lugar, lo defina y se lo viva como quiera.

Es curioso porque socialmente hemos pasado una separación pero emocionalmente nos hemos separado de algo que no satisfacía a nadie para elegir libremente otro modelo que nos hace más felices a todas y crea una comunidad mucho más sana, libre de tensiones y respetuosa.

También os compartiré novedades sobre talleres que voy a impartir y uno de los temas que más están siendo demandados son los celos. En breve ,más.

cartel charla

Tras el parón

Las mudanzas mentales

Estoy de mudanza y la estoy disfrutando. Ya sé que normalmente la gente las odia, para mi es terapéutico.

Vuelvo a mi primera casa, la casa donde me independicé a los 24 años y donde tuve a mis peques. Fue cuando nacieron ellas que decidimos comprar algo más grande porque pasábamos de ser tres a ser cinco y no cabíamos. Paradojas de la vida ahora vuelvo a esa casa y somos cinco, y con una pequeña reforma y creatividad estamos haciendo un hogar a nuestra medida.

Que curiosa es la vida, lo que hace 11 años no nos valía ahora no solo me vale sino que estoy encantada de ir a una casa más pequeña donde me caben menos cosas. Lo cierto es que la que vuelve a esa casa no es la misma que la que se fue, en todos estos años he ido necesitando cada vez menos cosas materiales y la he llenado de experiencias.

En este proceso terapéutico de mudanza estoy dejando muchos objetos atrás. Hace años era impensable para mí dar un libro, eran como mis niños, mis tesoros. Ahora he repartido unos cuantos para que tengan una segunda vida en otras casas, en otras manos, y me ha resultado tremendamente placentero.

Hay infinidad de cosas que acumulamos con los años que dejamos de ver y disfrutar, o que ya no necesitamos porque la vida cambia y nosotras cambiamos. Puedo leer parte de mi historia en cada cosa que pasa por mis manos para ir a una caja que viene conmigo o a la caja de otra vida.

Algunos objetos me han sacado una sonrisa y me han recordado momentos especiales, otros como las fotos que ya nadie quiere tener en su casa me han recordado el momento en el que estoy.

Estamos desmontando la casa juntos, la casa donde hemos vivido en comunidad. Nos estamos repartiendo las cosas y yo me he dado cuenta de lo fácil que está siendo cuando estás desapegada y quieres empezar de cero con muy poquitas cosas. La razón, quiero una casa ordenada, alegre y muy fácil de limpiar, y con lo que tengo me basta.

A la vez estamos montado la otra con las niñas. Han montado los muebles de su habitación y están disfrutando del proceso y eso me deja tranquila. Hoy ya querían quedarse a dormir!

Es un momento peculiar porque nos estamos yendo y estamos llegando a la vez, y hay prisa por despedirse bien y continuar.

Hay una parte de mí que me fantasea con seguir siendo una comunidad aunque no convivamos. La realidad es que mi ex y yo trabajamos en el mismo sitio así que nos vamos a ver todos los días, voy a verlo incluso más que a mis hijas. Pienso en comidas todos en mi casa  y en encuentros si las niñas lo piden, pero hay un futuro incierto porque esta fantasía no es compartida por todas las personas.

En mi afán de sumar personas se me olvidó que algunas no quieren sumar, quieren dividir, quieren poseer, quieren un lugar, quieren el máximo tiempo, quieren la atención y cuando no la tienen la provocan con dolor. Este es el futuro incierto. El otro día me preguntaron mis hijas si yo podía ir a casa de papá y no supe que contestar porque todavía ni él tiene la respuesta.

En mi mudanza terapéutica me estoy deshaciendo de muchas cosas pero también de ideas, costumbres, hábitos, patrones y sobre todo del caos que ha estado presente en el último año en mi vida.

Es ahora cuando empiezo a sentir que continuo otro tomo de mi historia, con mis normas, con mis hijas, con mi compa, con mi economía que será mucha o poca pero es la mía, con mi activismo activado, con mi trabajo que amo y con una red afectiva maravillosa.

Me estoy mudando, mudemos, mudémonos del mundo que no nos gusta y busquemos aquello que nos va bien. Construyamos espacios de encuentro y de calor, creemos comunidad y hagamos mudanzas terapéuticas siempre que nos sintamos superadas por el caos.

Las mudanzas mentales