Seduciéndome con la seducción.

En este nuevo camino del fluir me estoy encontrando con nuevos e interesantes retos.

Estoy investigando cosillas sobre la seducción para el taller que vamos a dar próximamente y hay  un dato curioso. El escenario de la seducción ha cambiado. Los agentes antes repartidos tradicionalmente entre activo (el hombre, el seductor) y el pasivo (la mujer, la seducida) ya no valen. Ahora como dice  Joserra Landarraoitajauregui en su libro “Sexorum, scientia vulgata” las deseadas hemos pasado a ser deseantes y los deseantes han pasado a ser deseados, y se ha montado un lio gordo.

Es evidente que los roles del deseo y el juego del galanteo están cambiando, y esto tiene unos interesantes efectos.

Voy a bajarlo a lo concreto. La semana pasada mi compa de taller y yo (mi compa es sexóloga), teníamos sendas citas para tener encuentros sexuales. Su encuentro ya tenía un objetivo de disfrute sexual desde el principio, así que las cartas estaban encima de la mesa. El mío no tenía ese objetivo concreto porque mi acompañante y yo estamos en un momento de fluir e ir conociéndonos poco a poco. Ahora bien, esto no era un acuerdo de las dos partes porque en nuestra anterior “cita” le comenté abiertamente que yo ahora podría sostener una relación de tipo sexual pero que no quería nada emocional.

Para ambas citas el juego de seducción creo que tenía la misión de calentar el encuentro y hacer emerger la energía erótica. En el caso de mi compañera, para tener un encuentro erótico satisfactorio ,y en mi caso para ir generando confianza e ir encontrando el espacio donde nos sintamos cómodos y ver si nuestro camino va a explorar nuestra sexualidad o solo vamos a ser amigos.

¿Qué pasó? En el caso de mi compa, el deseado se encontró con una mujer empoderada, que tenía claro su objetivo que no era otro que el placer. Ella se convirtió en sujeto activo de forma delicada  y consciente, y eso tuvo un efecto de nerviosismo y “empequeñeció” al deseado.

En mi caso, en el primer vino estábamos conversando y generando un espacio de confianza donde me propuso ir a ritmo pausado. En el segundo vino  de repente me dijo:”deja de seducirme” y me invitó a su casa, jajajajajajaja. Me sorprendió porque no era el objetivo de la cita, por lo menos el objetivo visible. En mi imaginario estaba el deseo de tener un encuentro erótico y disfrutar, pero no quería ser tan “directa”. Creo que la seducción necesita ese juego de sutileza, del decir sin decir, y mostrar tu disposición sin hacerlo explicito. Tengo que decir que a veces me encanta ese juego y otras me resulta tedioso. Ahora quiero fluir pero hacia algo carnal, encontrar un cómplice para “jugar” y claro, esto dicho así, genera unos efectos curiosos en los deseados.

Mi momento se podría definir como dejar de ser el objeto de deseo masculino para pasar a ser sujeto y protagonista de mi propio deseo. Esta revisión de los papeles del deseo está complicando el difícil arte de seducir y ser seducido, y dificulta la comunicación entre hombre-mujer. Nos movemos ahora entre la temeridad de acabar siendo lobas o estrechas, y ellos babosos o cortados, una locura.

No sé de quién es la culpa o quien tiene que arreglarlo, pero nosotras (mi compa y yo por lo menos) queremos seguir sintiéndonos empoderadas y libres sin causar un efecto aplastante en los hombres con los que nos relacionamos. Queremos mostrar nuestras habilidades y nuestra disposición al juego y al placer, pero sin tener que pasar por el filtro de hacernos las tontas para que el deseado sienta que corteja y entonces esté todo en el sitio correcto.

Quiero creer que ellos quieren que las deseantes tomemos la iniciativa, pero no mucho, para que tengan garantía de que jugamos en igualdad de condiciones y no se vea cuestionada su capacidad de seducción. Porque además, esta nueva exigencia femenina se solapa con la autoexigencia masculina, y ya sabemos lo que pasa, aparece el temor al fracaso y la ansiedad de rendimiento.

En todo este lio lioso donde las normas han cambiado  como dice Joserra:”la seducción es el arte de la mentira puesta al servicio de unas condiciones que preparan la confianza futura”.

Así que seduzcamos y confiemos.

Seduciéndome con la seducción.

Intentar fluir

Ayer quedé con una amiga con la que hacía tiempo que no hablaba y claro la puse al día. Otra vez llorando en un bar, últimamente no hago más que emocionarme por todas partes. Además pasa que como no están acostumbradas a verme así flipan un poco.

En un intento de ayudarme me dio su opinión para intentar hacer que me sintiese mejor. “Si ya sabias que era difícil”, ”él nunca estuvo  a la altura”, ”era súper complicada la situación”, ”poco podías hacer tú porque no dependía de ti”,etc… Lo del ataque a la otra persona personalmente no lo comparto, cada uno hace lo que puede dentro de sus capacidades. Tampoco intenté justificar nada, solo me limité a escuchar y ver si todos esos argumentos me hacían sentir mejor. Y no. No me valen.

Claro que fui consciente de todo eso, y sabía dónde me metía pero quise creer, y pienso que él también. Creo que puedo gestionar el desamor, y sé que pasará, pero lo que no soy capaz de gestionar es perder a alguien con el que tenía una confianza emocional profunda. Eso no lo consigo con nadie. Con mi pareja puedo hablar desde esa profundidad yo, pero no es recíproca, él no me responde desde ahí y el  dialogo se hace desde dos niveles diferentes. Poder hablar con alguien de todas tus emociones y fantasías sin tapujos sin ser juzgada era una delicia. Me hacía sentir súper libre poder expresarme así y que él también lo hiciese. Esto es lo que peor llevo.

No sé si podré alcanzar esa profundidad con otra persona, ahora desconfío y estoy insegura. Insegura de mis capacidades, nada seductora, con miedo a mostrarme  otra vez y mi amiga me miraba sorprendida cuando le contaba esto. Abandonar esa imagen de mujer fuerte que puede con todo le sorprendió. “Fluye” me dijo, olvida esos pensamientos negativos y no te fuerces a nada pero intenta fluir, y eso intento.

De momento quitarme el peso de tener que estar bien a toda costa y seguir luchando me hace sentir más ligera. Toda mi energía está en mis proyectos que me ilusionan y quién sabe si por ahí llegaran sorpresas. En breve os iré contando pero Noviembre viene cargadito de cosas, y mientras voy a ver cómo era esto de FLUIR.

Intentar fluir

Elegir no tener relaciones

Es un momento curioso este. Estoy disfrutando de mi nueva etapa sin relaciones, con toda la energía destinada para mí, para amarme y cuidarme, y decidir libremente si quiero o no quiero estar conectada a otras personas.

Parece una obviedad, la libertad de elección, pero me ha pasado que con todo este empeño de ser poliamorosa me he metido en la trampa de tener que tener relaciones si o si, sin dejar tiempo para no tener.

Alguien me preguntó el otro día porque era tan importante para mí el poliamor y le contesté que me hacía sentir libre. Esta persona me dijo que no me veía muy libre últimamente, sino más bien estresada por encontrar esa persona especial  o invirtiendo muchísimo tiempo y energía en conservar a los seres especiales que habían pasado por mi vida. Me quedé perpleja porque vi que tenía toda la razón.

Pasa otra cosa además, este momento de duelo me ha traído una invitada desconocida a mi vida: la desconfianza, y esta es jodida. No es una desconfianza en las personas, es una idea que entra en bucle en mi cabeza que dice “tú no vas a vivir esta experiencia”. Viene también acompañada de unos críticos cabrones que dicen que la cagaré porque soy muy clara y la claridad no está de moda. Hay también algo que está dificultando mi fluir por el mundo, el blog.

Algunas de las personas que se acercan a conocerme ya han leído todo sobre mi. Algunos esperan encontrar una gurú que les dé respuestas y eso me pone en una situación muy difícil para relacionarme. No soy maestra de nada, pero el hecho de que me vean así a veces genera estrés en mí y en la persona. No me muestro como soy, y ahora mucho menos dado los últimos acontecimientos. Tengo miedo de abrirme, y esto es flipante porque me abro aquí constantemente.

Voy a contar algo que me pasó esta semana. La casualidad hizo que hace un mes  me encontrase a un antiguo compañero de carrera. Nos hemos visto un par de veces en estos últimos 10 años. Compartimos espacio en el doctorado hace mucho y nuestras vidas continuaron cada uno por su lado. Ya habíamos hablado  de tomar  un café a lo largo de todos estos encuentros puntuales de estos años, pero nunca se hacía.

Me fui a Barcelona y a la vuelta estaba tan triste que necesitaba una charla agradable entorno a un café con un tío muy majo. La primera frase al encontrarnos fue: ”tengo muchas cosas que contarte”, y empezó a hablarme directamente de su camino de crecimiento personal de los últimos años. Yo ojiplática, no por el contenido que era paralelo a mis propias vivencias, sino porque llegó y lo soltó. Mientras hablaba yo pensando que en cuanto acabase y me preguntase que tal tú se iba a quedar de pasta de boniato.

Le conté, poco, pero lo necesario. No nombré el blog, pero no tardó muchos días en encontrarlo y su respuesta fue: “has aparecido en el momento adecuado”. Mierda, noooooo. Todos los fantasmas pasados de verme en otra situación como esa aparecieron de golpe , así que cual tortuga metí la cabeza para adentro.

Desde ese día empezamos a mandarnos algunos mensajes de vez en cuando. Yo soy consciente de que ese día que el habló conmigo no me dejé conectar. Tenía todas las barreras puestas y  los miedos arrastrando.

Hace dos días me llegó un mensaje de repente:”¿te tomas algo?”. Así sin más. Había tenido un día de mierda recordando a mi amor perdido y metida en la espiral de “no puedo olvidarte” mezclado con cabreo profundo de que injusta es la vida. Así estaba cuando recordé que estoy en autocuidado y tengo que hacer las cosas que me hagan sentir bien, así que mi respuesta fue sí.

Dos horas de conversación deliciosa, inteligente e ingeniosa. La seducción sobrevolaba todo el rato. La suya libre y disfrutando, la mía con el lastre de los críticos que me anunciaban que la cagaría en breve. Me miró y me dijo: ”no voy a leer más tu blog. Me interesas y quiero conocerte y no quiero una relación maestra-aprendiz”. Eso me relajó un poco pero aun así cerrada por si acaso.

Le sorprendió mi tristeza y al salir me dio un abrazo que pretendía ser un  consuelo al cual yo respondí cual escultura marmórea. Al separarse me miró y  sin más me comió la boca como hacía tiempo que no lo hacía nadie. Me sorprendió la osadía, pero sobre todo que no tenía miedo y se sentía seguro y confiado.

En cuanto crucé la puerta de casa mi marido me hizo notar la cara de boba que traía. Se reía y le gustó que hubiese estado cómoda y contenta. Me senté encima de sus muslos como una niña pequeña y le conté como había sido mi velada de manera cómplice, y en cuanto me dijo “me alegro mucho por ti”, se me empezaron a caer las lágrimas. Me escuché diciendo: “ no saldrá bien”, y no puedo ni quiero enfrentarme a eso.

Ayer sentí que tenía que ser honesta con él y contarle que estoy en fase cueva y reconstrucción emocional, que son momentos de miedos y de canalizar la energía para proyectos futuros que me ilusionan. Sus preguntas fueron certeras y una vez más salió la osadía del que sabe que no tiene nada que perder y quiere volar. Y me hizo este regalo. https://www.youtube.com/watch?v=MZJxpKB75JU

No sé si deshará el hielo o no pero la canción me encanta.

Elegir no tener relaciones

Toca cueva.

A ver, que tras el último post he tenido varios correos y mensajes de preocupación y pánico.

Aclaro: no me voy a separar, no me voy a suicidar, no creo que el amor libre sea una mierda y que no sea para mí, no voy a dejar el activismo del poliamor y el blog, no me voy a volver monógama y sobre todo no voy a entrar en la desesperanza.

Hace cuatro años no me salí de la zona de confort, directamente me la cargué. He aprendido a vivir constantemente con esa incomodidad de saber que lo “convencional” no es mi sitio y por lo tanto cada reto nuevo es una forma de ampliar mi mundo y  mis ideas, y eso es lo que más me gusta de mi vida. Que aprendo a base de hostias, pues bueno, es una manera como otra cualquiera. Acomodarme, adaptarme, dejar que el miedo me paralice y no me deje buscar mi felicidad, transigir, renunciar, no son opciones para mí. Frente a todo esto tengo una máxima: SEGUIR.

Ahora toca cueva porque necesito reponer fuerzas mentales y sobre todo físicas para seguir, y cuando digo seguir es experimentando nuevas etapas, nuevas vivencias y nuevas ilusiones.

 

Una persona me preguntaba cómo vamos a solucionar lo de nuestra pareja. Creo que no hay nada que solucionar, simplemente tenemos que trabajar con la consciencia de que no podemos quedarnos parados y asumir que las cosas son como son, las cosas transmutan y hay que darle una vuelta , y encontrarle el sentido para que nos haga felices a los dos. Shhhhh no se lo digáis a él, pero saber que ahora mismo no me da la cabeza para nada más y el corazón está en reparación le ha dado espacio para encontrar la mejor manera de cuidarme y trabajar en lo que podría ser una “reconquista”.

Lo que pienso yo, que dejándome sentir la tristeza y mi duelo sin esconderlo, soy más honesta con las personas que me rodean y encuentran sus estrategias para relacionarse conmigo desde ahí. Si yo dijese, “todo va bien” y restase importancia a todo este proceso desde que vine de Alemania estaría dando un mensaje erróneo de “yo puedo con todo”, y no, no puedo con todo.

cueva

He empezado el proceso de autocuidado y este fin de semana he estado en Madrid con mis compas de fórum. Volver a Garaldea era todo un desafío. Allí comenzó una historia maravillosa y ahora volvía para ponerle el broche final. Mis compas me llenaron de amor y cuidado, ellos fueron testigos de esa historia y cuando salí al centro a decir “estoy viviendo el desamor y duele”, fui sostenida por la magia del círculo. Me siento afortunada de tener seres a mi alrededor tan mágicos. Personitas normales que sienten, que tienen miedos e inseguridades pero que han decidido vivir sus vidas de manera honesta mirando hacia adelante sin vergüenza de sentirse imperfectos y vulnerables, y compartiendo sus emociones para crear otra forma de relacionarse con el mundo y con los demás.

Toda mi energía ahora está en el trabajo y en mis hijas. Estoy creando nuevos proyectos y talleres y llenándome de ilusiones, quiero llegar a más gente con las cosas que se, y ofrecer todas las herramientas de las que dispongo y compartir conocimiento. Ahora estoy amando y honrando la oportunidad de compartir mis aprendizajes y llegar a otros corazones y otras cabecitas curiosas. No tengo mi energía en amar a seres especiales, quiero dejarme fluir y que la vida me vuelva a sorprender. Estoy en mi cueva y cuando todo vuelva a estar recolocado seguramente podré salir al mundo a cosechar corazones. No tengo prisa, ni ansia, lo hago para cuidarme y no volver a abrirme a confiar en que las cosas son posibles solo con soñarlas, hay que trabajar para hacerlas posibles.

Esta mañana me he levantado leyendo esta frase: “lo que pienses, lo serás. Lo que sientas lo atraerás. Lo que imagines, lo crearás”. He sonreído porque pensé que sintiéndote triste muchas propuestas sexis e interesantes no me van a llegar, pero he recordado que lo que tengo que hacer ahora es amarme a mí misma y todo llegará.

Seguir, seguir y seguir, pensando, amando, viviendo, y ampliando mi zona de disconfort donde me he dado cuenta de que no estoy sola, y eso me encanta.

Toca cueva.

“Te quiero pero no te amo”.

Supongo que era previsible y aunque no tenía confirmación oral lo sentía en cada poro de mi piel.

Uno de los miedos cuando abres la pareja es perderla, pero hay otro que queda detrás oculto y que no prestamos atención porque “aparentemente” todo está “normal” y todo sigue.

Superar la primera conversación, y todas las siguientes sobre como abrir la pareja y adaptarse a la “nueva” situación, no es el único reto que existe. A la vez que se empiezan a introducir nuevos “ingredientes” hay que tratar de mantener la relación existente o las otras relaciones que mantengas no solo a flote sino con garantías. Esto requiere de un trabajo extra para el cual  no solemos estar preparados, así que lo más frecuente es dejarnos arrastrar por la energía arrolladora de los nuevos descubrimientos y no trabajar en lo ya conocido por la idea de tenerlo ya seguro, o bien morir agotados en el intento de mantener un equilibrio y unos cuidados que exigen  una obra de ingeniería emocional de la leche.

Esto de querer a varias personas a la vez no es nuevo. Yo quiero a mucha gente, y cuando lees Ética promiscua y te pone el ejemplo de que quieres a todos los hijos por igual, entonces se te enciende la bombilla y piensas :”fácil”. Querer si es fácil pero AMAR ya es otro cantar.

Yo me metí esperando amar, y lo sentí, amé a dos personas a la vez. Puede ser que todas mis atenciones no siempre estuviesen igual de equilibradas para las personas o que mis pensamientos fuesen más hacia un lado o hacia al otro, pero estaba siempre pendiente y atenta para que todas las partes sintiesen el amor. También he invertido tiempo en sentir yo el amor hacia esas personas y darme momentos especiales con cada una de ellas. Era súper necesario para mi reconectar con ellas, pero también tomarme tiempos para reconectar conmigo misma.

Nunca sentí que dejaba de amar. He sentido muchas veces que la ilusión de una relación era súper potente pero conseguía equilibrarla con la energía sabia de la relación donde te sientes en casa, donde tienes un lugar.

Hace meses cuando escribí sobre “no sentir nada” me asusté. Estar desconectada de mis emociones es algo que me asusta por todo lo que implica para mí y para mi trabajo, y sobre todo es un síntoma claro de que entro en un estado depresivo marcado por la ausencia de ilusión. Me paré a pensar sobre ello, sobre las causas y la realidad vino como una revelación. Empecé a sentir que mi marido me quería pero no me amaba. Era algo que había estado en la lista de miedos de toda pareja que se abre y que si pasaba ya gestionaríamos.

Pasó y no lo gestionamos. Nunca hubo tiempo para decir esa verdad tan dolorosa para el que tiene que contarlo y yo simplemente empecé a trabajar en soledad en mi nueva realidad. ¿Podía mantener una relaciona afectiva con una persona que me quisiera pero no me amase? La respuesta es SI. ¿Podría renunciar al mundo de jerarquías emocionales para tener un nuevo lugar? La respuesta es SI. Pero me hubiese gustado haber hecho el proceso acompañada por él y no sola como ha sido.

Hace unos días, metidos en la cama, le conté como me sentía últimamente. No es buen momento para mí, han pasado muchas cosas y muy juntas, y es momento de estar triste e introspectiva para volver a encontrar el sentido de muchas cosas. Le conté que me parecía que él no podía amar a dos personas a la vez y que lo llevaba sintiendo tiempo. Respiró y dijo: “cierto”.

Me relató cómo darse cuenta de esa realidad le había supuesto un dolor terrible y un miedo a romper la pareja fuerte, estable e indestructible que se suponía que teníamos que ser. Y eso me sorprendió, porque yo nunca pensé que teníamos que ser eso, creía que íbamos a ir construyendo nuevas realidades a la vez que conocíamos a otras personas, que pasaríamos horas conversando, debatiendo y acordando aquellas cosas que nos harían estar bien, pero nunca pensé que éramos una súper pareja de la leche que no se iba a ver afectada por los acontecimientos. El problema ha sido que no hemos pasado esas horas conversando, ni debatiendo, ni acordando. Hemos dado mucho por supuesto, sobre todo que no necesitaríamos revisiones puntuales ni ITV cada 6 meses.

Yo he hecho mi camino sola, readaptándome y construyendo mi propio discurso teórico y compartiéndolo con aquel que quisiera leerlo. Ahora que ya sabemos los dos el secreto nos encontramos en un stand by, yo agotada de pensar y reinventar, de parchear y de mirar con curiosidad como él se relacionaba y construía su otra pareja. Conversaciones puramente domésticas, preocupaciones económicas, relaciones emergentes y las niñas, se han llevado la poquita energía que teníamos para amarnos y hemos pasado a querernos. Antes de decírselo yo todavía tenía amor, siempre me creí con capacidad de amor infinito. Me ha hablado de darle la vuelta pero no sé si se puede y como. Siento que necesito sentirme amada de manera autentica. Sentirme querida me llega, y me hace la existencia tranquila y no pienso que sea una renuncia a nada.

Ahora que ya sabemos la diferencia entre querer y amar vamos a ver qué efecto tiene en nuestras vidas.

“Te quiero pero no te amo”.

RELATO

Hace un tiempo regalé este relato a alguien especial, ahora me apetece compartirlo con vosotr@s. Espero que os guste.

Eli

“Llevaba lloviendo todo el día. A través de la ventana podía ver el mar gris , tormentoso, podía ver la olas chocando con fuerza sobre las rocas una y otra vez, y aunque estaba protegida en su casa podía oír el viento a través de los cristales.

Sujetaba una taza de té caliente mientras contemplaba el día. Fuera hacia frio y dentro de ella también. Su chaqueta de lana se descolocó y dejo libre un hombro, se lo tocó para ver si sentía frio y apenas sentía nada.

Notó primero un roce y después un empujón en la pantorrilla, bajó la cabeza y allí estaba su perro, la miraba con ojos comprensivos entendiendo su estado. Había aprendido a sobrellevar la tristeza a través de los duros caminos que te pone la vida. Otro empujón y un ladrido.

-¿Qué quieres dijo ella?

El movió el rabo y ladró moviéndose hacia la puerta.

Ella pensó que podría quedarse todo el día allí parada mirando la lluvia, oyendo el viento y sintiendo esa parálisis que te produce muchas veces la tristeza. Pero miró al perro y decidió salir.

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Se vistió con unos vaqueros rotos que estaban tirados en la silla, un jersey tres tallas más grandes con el cuello estirado, botas de agua y el chubasquero amarillo. Su padre se lo había regalado a los 15 años para subir al barco con él, ponérselo le hacía sentirse cerca de él y recordarle.

Empezó a pasear hacia la playa y el perro empezó a tirar de ella.

-Tranquilo ya te suelto. Soltó al perro y este salió corriendo hacia unas dunas.

Ella se quedó mirando al infinito, absorta, sintiendo el viento que descolocaba su melena y oyendo los ladridos a lo lejos. Perdió  un poco la noción del tiempo. Se había sentado sobre la arena y dibujaba espirales en la arena sin pensar en nada. Se dio cuenta de que el perro no había vuelto y empezó a preocuparse.

Miro hacia las dunas y no lo vio, lo llamo pero no venía. Empezó a caminar. Al rato vio a lo lejos una figura de espaldas que acariciaba a su perro. No podía distinguir muy bien a lo lejos quien era. Solo vio un pelo rojo y Un abrigo enorme gris que desdibujaba las formas de la persona. Se acercó tímidamente y llamo al perro.

El perro acudió a ella y la persona se giró. Ella se quedó sorprendida por su rostro. Le sorprendió encontrarse con unos ojos como achinados, que la miraban con curiosidad. La boca estaba cubierta por una bufanda de rayas que daba unas cuantas vueltas alrededor de su cuello y atrapaba su pelo.

Lentamente bajo la bufanda y dijo:- ¿es tuyo el perro?

Era una voz de mujer. Ella se quedó cortada porque durante unos instantes creyó que debajo de toda esa ropa estaba un hombre.

-sí ,sí ,sí, si es mío.

-perdona que lo tenía entretenido con la pelota, no hacia otra cosa que traérmela una y otra vez, es muy juguetón.

Se quedaron las dos en silencio. Se miraron y dijeron a la vez.

-gracias.

-¿vives por aquí?

Se rieron.

-perdona, ¿decías? Dijo ella.

-preguntaba si vives por aqu,í estoy perdida.

Quien no, pensó ella.

-vivo en la casa de madera roja que está al fondo de la playa,¿ la ves?

-ah sí, tengo el coche cerca. Estoy de paso, estoy buscando local abandonado en esta playa pero aunque tengo las coordenadas no consigo encontrarlo.

-¿un local? ¿A qué te refieres?

-creo que era un antiguo restaurante situado entre las dunas, mi cliente quiere comprarlo y reformarlo.

Ella pensó en la cantidad de veces que había estado en ese local de pequeña. Fiestas, familiares, colas para comprar helados,.. muchos recuerdos vinieron a su mente.

-puedo indicarte donde está pero necesitamos ir en coche.

-¿no te importa?

-no claro, no tengo nada que hacer.

Empezaron a caminar juntas hacia su casa y hacia mitad del camino empezó a llover torrencialmente. Empezaron a mojarse y apretaron el paso hasta llegar al coche.

-necesito dejar al perro en casa y tú estás empapada. Quieres entrar un momento y te dejo una toalla.

-no quiero molestar te espero en el coche.

-no es molestia, el local seguirá allí.

Entraron en la casa y ella se quitó las botas, colgó el chubasquero amarillo en el ropero y tiró las llaves sobre la mesa del centro del salón.

Miró a la chica de pelo rojo con su abrigo gris goteando y parada en la entrada, y la invitó a pasar al salón.

-dame el abrigo voy a ponerlo al lado de la estufa. Te traigo una toalla.

La chica se quitó el abrigo y se lo dio, debajo llevaba un vestido de flores con una chaqueta de punto cruzada, no lo había visto antes porque el abrigo tapaba sus formas.

Se fijó en sus pies, llevaba unas hunter con unos calcetines y las rodillas al aire. Podía ver la piel de gallina por el frio de sus piernas.

-te apetece un té.

-si gracias.

Ella se fue a la cocina a preparar el té, mientras se calentaba vio como la extraña del pelo rojo se acercaba a la ventana y su perro se acercaba. La chica alargo su mano para darle una caricia sin dejar de mirar al horizonte.

Cogió las tazas de té y se fue al salón y se colocó detrás de ella. Al girarse volvió a fijarse en esos ojos achinados y vio su boca. Tenía unos labios perfilados y estaban colorados por el frio. Se fijó en cómo se mordía el labio antes de llevar la taza hacia su boca y bajaba los ojos.

Le pareció el gesto más erótico que había visto en mucho tiempo y se sintió rara. Era una mujer. Cuando levantó los ojos se miraron, apenas unos segundos y retiraron la mirada.

-¿nos sentamos?

-sí, gracias por el té.

Cada una se sentó en un lado del sofá mirando al frente. Ella pensó quien sería, sentía curiosidad.

-perdona que no me he presentado, soy Carla, dijo la chica y estiró una mano.

-yo soy Eli, encantada. Y cogió su mano. Fue como un leve roce, no quiso apretarla solo hacer el saludo de cortesía pero al intentar separarla se deleitó parando más de la cuenta a sentir las yemas de sus dedos.

Eli se puso un poco colorada. Sintió un cosquilleo de excitación por dentro, sabía que era eso pero no podía ser. Es una mujer pensaba. Una mujer enigmática a la cual no podía dejar de mirar. Algo había en sus ojos, podía ver una chispa a través, quería mirar y entender. Un recuerdo fugaz vino a su mente.

De repente volvió a los 14 años. Al vestuario del instituto después de una clase de gimnasia. Odiaba ducharse allí. Todavía no tenía pechos y la mayoría de sus amigas ya usaban sujetador. Siempre intentaba cambiarse en la ducha individual para que nadie la viese pero ese día estaba ocupada y no daba tiempo. Entró tapada con la toalla a las duchas comunes y se puso de espaldas a todas para no ver ni ser vista. Alguien la empujó y calló al suelo. Entre el vapor vio figuras de color carne que hablaban y se reían.  Se fijó en los cuerpos de sus amigas, el pelo mojado tapando los pechos, unos pechos que empezaban a desarrollarse puntiagudos y con los pezones apenas sonrosados. Miró hacia abajo y observó los pubis, dibujos de triángulos de todos los colores se movían a su alrededor. Fue demasiado. Empezó a notar un cosquilleo dentro del cuerpo y una palpitación en su vagina. Se asustó.

Conectada a ese recuerdo miró a Carla y se sonrojo aún más.

Carla había empezado a contar la historia de su cliente con el local, hablaba despacio y parecía muy profesional. La miraba a los ojos y estudiaba su interés. Eli dejó volar su mente y dejó de escuchar el significado de las palabras para oír solo el ritmo y miró su boca. Estaba deleitándose en cada movimiento  de los labios en como la lengua chocaba los dientes, en como la comisura de los labios se estiraba y se encogía. Como de vez en cuando humedecía los labios para poner calma y continuar su discurso. No podía dejar de mirar su boca.

-¿estás bien? dijo Carla. Perdona que a veces me enrollo e igual no te interesa nada.

Eli la miró a los ojos un poco avergonzada.

-no, no sigue, me estabas diciendo que tu cliente mmmmm.

Carla le cogió las manos se acercó un poco y la miro a los ojos:-¿pasa algo?

Las manos de Eli comenzaron a temblar, no quería sentir excitación por aquella mujer, no se lo podía permitir, nunca había estado con una mujer y salvo aquel capitulo en el instituto que intento borrar de su mente, toda sus relaciones habían sido con hombres.

Carla se acercó un poco más y toco su hombro. Eli desvió su mirada hacia la mano y cuando volvió a mirarla a los ojos se dio cuenta de que la deseaba. La excitación se volvió incómoda al empezar a sentir su vagina humedeciéndose. Se miraron. Había un silencio tan profundo que podían oírse los latidos de los corazones.

Carla volvió a humedecer sus labios y Eli no pudo más. Se movió hacia ella y toco sus labios. Nunca lo había hecho, se sintió estúpida. Fue un leve roce y se sintió avergonzada. Carla la miro profundamente y cogió su cara entre las manos y acerco su boca. Empezó abriendo los labios y rozando levemente los de Eli. Se separó un poco para sacar la lengua y comenzar a hacer trazos. Eli deseaba más, jadeaba, necesitaba entrelazar su lengua. Carla se separó, la miro a los ojos y sonrió. Agarró sus manos y la puso de pie.

Allí estaban dos mujeres, de frente, dos cuerpos excitándose, la respiración de ambas hacia que sus pechos subiesen y bajasen.  Separaron las manos y Carla cogió la parte baja del jersey enorme de Eli y comenzó a subirlo.

Elí llevaba una camiseta de tirantes y no se había puesto el sujetador. Los pezones estaba duros y la camiseta comenzaba a molestarle. Eli deshizo el nudo del cinturón de la chaqueta de Carla y tiro hacia atrás para que cayese por la espalda. Se fijó en que Carla tenía mucho pecho y se sintió minúscula. Ella nunca se había considerado muy femenina, apenas tenía unas curvas muy marcadas pero si tenía el cuerpo fibroso de haber hecho mucho deporte.

Carla se acercó y comenzaron a besarse de nuevo pero esa vez acariciaba los pechos de Eli. Fue un pellizco leve en el pezón lo que disparo todo el deseo de Eli, mmmmmmmmm.

Eli sintió ganas de tocarla y levanto el vestido para tocar su culo. Los cuerpos comenzaban a moverse con intensidad, estaban de pie besándose, tocándose y rozándose. Carla metió una mano por el pantalón para acariciar las nalgas mientras con la otra mano lo desabrochaba por delante. El pantalón cayó. Eli desabrochaba el vestido por delante y aparecía un sujetador azul turquesa que brillaba sobre la piel blanca de Carla.

Carla dirigía y Eli se dejaba llevar, aunque estaba temerosa porque no tenía experiencia, la excitación era tan grande que no podía parar. Noto los dedos de Carla adentrándose en su vagina y como resbalaban, los sacaba y empapaba su clítoris haciendo círculos, los volvía a meter apretando hacia arriba y los volvía a sacar, esta vez para rozar el clítoris de arriba abajo.

Eli comenzó a lamer los pezones de Carla, lamia y notaba la dureza y comenzó a succionar metiendo todo el pezón en su boca, apretaba los pechos con las manos haciendo círculos mientras succionaba. Seguía notando la mano de Carla pero esta vez con movimientos más fuertes y más rápidos. Si seguía así llegaría al orgasmo y no quería todavía. Se separó un poco y la miro. Acabaron de desnudarse individualmente despacio, contemplándose una a la otra, deleitándose con cada movimiento, como caía la ropa, el sonido de la tela al rozar la piel, el pelo moviéndose,…

Cuando estuvieron desnudas Carla recostó a Eli en el sofá y se colocó sobre ella  casi sin tocarse. Eli estaba nerviosa, deseaba que siguiera masturbándola, pero también quería hacerlo ella. Se sentía torpe, no conocía el cuerpo de una mujer dudaba de cómo darle placer. Carla comenzó a acariciarla con las manos, con su pelo fue tocando su suavemente los pechos mientras bajaba. Separó las piernas y mordisqueo primero un muslo, y después el otro. Acaricio las rodillas y comenzó a subir por las piernas por fuera y después hacia adentro hasta llegar a la ingle con un leve roce.

Eli se sentía morir, cuando notó la punta de la lengua de Carla rozando su clítoris arqueo su espalda y empezó a acariciar sus pechos. La lengua de Carla comenzó a abrirse camino entre los labios mayores, los menores, buscando el botón del placer. Separo los labios con las manos para poder succionar el clítoris. Primero una succión leve, un toquecitos con le lengua y otra succión mas fuerte hasta apoyar toda la boca contra su vagina. Succionando y moviendo la boca pegada para rozar toda la zona y estimular los labios y la entrada de la vagina.

Eli jadeaba y agarraba la cabeza de Carla para marcar el ritmo. Miraba hacia abajo y veía el pelo rojo moviéndose como un vaivén dándole tanto placer. Carla se separó y le metió un dedo. Con la otra mano tocaba los labios con los dedos en forma de v, vio que Eli jadeaba y estaba muy mojada y metió otro dedo. Metía y sacaba los dedos apretando hacia arriba para estimular el punto g a la vez que estimulaba el clítoris sin tocarlos solo rozando los labios.

Eli movía sus caderas acompañando el ritmo y la intensidad de las caricias. Empezó a notar calor y el movimiento más rápido de Carla y más profundo. Más calor, notaba los latidos y su circulación, quería estallar. Le pidió más, y Carla la besó y Eli no pudo aguantar y se desencadenó el orgasmo más intenso que jamás había vivido. Un torrente de emociones contenidas surgieron al soltar la tensión y se corrió con un grito profundo y animal.

Carla saco los dedos de su vagina empapados y se los llevo a los labios de Eli. Eli probó su sabor, un sabor intenso y acido que no conocía y Carla la besó.”

 

 

 

 

 

RELATO