La impotencia

Igual me voy a meter en camisa de once varas por culpa de este post pero me apetece hablar de este tema y saber vuestra opinión.

Aclaro : yo no soy hombre y no tengo polla.

He comentado en otros post, sobre todo los del principio donde estaba viviendo mis primeras experiencias de pareja abierta, la sorpresa al encontrarme con un tema que afectaba directamente a los hombres.  El tema del condón me trajo por el camino de la amargura más de una vez, porque que te mole mucho un tío y no pueda usar un condón porque significa la perdida inmediata de la erección es una p…… Los acuerdos están para crear seguridad y este es uno de esos que si tienes diversidad y tienes más de una pareja conviene respetar.

En aquella búsqueda desaforada a  través del Tinder hablé con muchos hombres. Quedé con muy pocos porque la  mayoría no eran de mi interés, no porque no fuesen majos que seguro que lo eran, pero nuestras formas de vivir el amor simplemente no cuadraban. Pero me valió para hablar con muchos, y muchas de las conversaciones giraban en torno al sexo.

Me encontré con la impotencia varias veces como tema. Si, impotencia. Algunos no utilizaban la palabra maldita, solo hacían referencia al tema con: “a veces es que me desconcentro”, “ya sabes, si vas un poco bebido a veces cuesta”, “no sé qué me ha podido pasar hoy”, podría seguir pero qué más da la excusa. Este tema despertó mi curiosidad.

Tuve la suerte de encontrar un amigo-amante que se prestó a hablar abierta y sinceramente de este tema. Que con cuarenta y pocos tengas que tomar una pastillita de vez en cuando para ir más seguro se considera un fracaso entre los hombres, o por lo menos eso le parecía a él. También  me di cuenta de que es un secreto a voces entre ellos y que nunca se nombra porque nunca le pasa a nadie y si un colega te pasa un pastillita azul es como el que te pasa un DVD de Quentin Tarantino, no tiene más trascendencia e importancia, y por supuesto nunca se vuelve a hablar.

Estaba  pasmada escuchando su relato y le pregunté ¿Por qué? Porque no lo has hablado con un amigo, y me respondió que simplemente no se podía, que de asuntos de polla y enfermedades mentales no se habla. Estábamos haciendo un Skype y de repente me sentí fatal, detrás de sus palabras había sufrimiento pero algo más y le pregunté. ¿Cómo se siente uno cuando le pasa esto? Y me dijo: tremendamente solo. Mientras lo decía bajó la cabeza y al levantarla me dijo  que  sentía menos presión al compartirlo conmigo, que el hecho de poder decírmelo a mí libremente y no ser juzgado, poder comentarlo de vez en cuando  o incluso tener sexo entre nosotros sabiendo que eso está ahí pero que no es un problema aligera la presión.

Esta palabra………presión, ¿pero presión de qué, de quién? La sociedad manda mensajes de que en la polla está el poder. Tiene que estar dura, durísima para ser un macho, tiene que además atravesar tabiques de ladrillo y tener una súper batería para aguantar horas y horas. Seguía indagando para intentar entender cuál podía ser el sentimiento y mi colega me dice: es como el rollo de la maternidad, ojiplática a estas alturas. Parecido a cuando una tía no se queda embarazada. OJIPLÁTICA, lo dicho. Pues así nos sentimos, menos hombres, como vosotras menos mujeres.

El argumento me parece tan MIERDA, que ya me di cuenta de donde venía la dichosa presión.

Vi y noté su agobio, también su vergüenza aunque se sentía confiado, y después de  ametrallarle a preguntas para entender yo me sentí impotente por no poder ayudarle. Por no conseguir darle tranquilidad diciendo que todo esto es una mierda, que su polla no le define y le hace más o menos hombre, que la sexualidad es mucho más y que se puede trabajar esa desconexión mental , y que aunque no se puede cambiar el discurso cultural los hombres pueden comenzar a hablar y compartir.

Cuando acabé mi Skype sentí una rabia profunda. La polla es una tiranía. La tiranía de satisfacer, tengas ganas o no, siempre a punto. Y recordé aquella imagen de la película,” aquí puedes colgar una toalla, nena”. También pensé en las mujeres que se rayan y se frustran porque no ponen una polla dura, ¿seré yo que no le excito?¿no lo haré bien?¿no soy suficientemente sexy? Y mal saben que del otro lado también piensan que no son suficientes y que están fracasando. Es maquiavélico este círculo.

La pastillita es un secreto. Ellos  no lo cuentan pero la usan para “ir sobre seguro”. Ellas no quieren saber si sus amantes la toman porque a veces piensan que tomarla es para excitarse y no una cuestión de hidráulica. Bufff que confuso todo y que impotencia.

No se pueden deshacer discursos que te llegan por todos los medios posibles de como ser un hombre o como ser una mujer , pero si podemos elegir a cuales hacerles caso y a cuales no y por supuesto podemos decidir no hacer caso a nada y construir nuestro propio modelo, y así sentirnos dueños de nuestra vida y menos impotentes.

La impotencia

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