Los exámenes.

Escenario: exámenes de mi formación este pasado fin de semana. Comencé mi preparación en julio. Uno de los exámenes era sobre RELACIONES, es decir terapia familiar, terapia de pareja, relaciones en grupos, vamos lo mío. En agosto me deja mi marido. Octubre me lo paso discutiendo con mi pareja actual.

Los exámenes me salen muy bien y mi profesora me dice antes de empezar el de relaciones:” Bueno, este es el tuyo, seguro te lo sabes de coña”. Como ya me la esperaba, le suelto que el proceso de aprendizaje ha sido de lo mas doloroso que he vivido en los últimos tiempos y que estoy en el duelo con mi exmarido, pero conviviendo en la misma casa, y discusiones variopintas con mi pareja actual. Se queda ojiplática. Y empiezo mi examen.

Todos los exámenes de esta formación son orales. No solo evalúan tus conocimientos, sino que hay una parte práctica, te evalúan como terapeuta. Ellas y ellos son profesionales que trabajan a nivel internacional y no se pierden ni uno solo de tus gestos, y allí donde ven duda, allá van. Me preguntó el “porqué” había sido doloroso.

Suspiré y empecé a explicar de modo teórico todas las cagadas que había vivido con mis relaciones. Como cada problema interpersonal tenía un nombre y una posible resolución, que nunca hicimos. Como la comunicación lo jode todo, no la ausencia, que también, sino la mala comunicación. Los estilos, el tono de como hablamos, las indirectas, la rapidez o la lentitud, el sarcasmo, las paradojas, como tenemos innumerables herramientas para jodernos la vida y entrar en conflicto. Además de todo lo que decimos, está lo que no decimos, esas miradas al suelo, al infinito, los bufidos, los suspiros, las risitas, el gesto de “ya estas tú con tu matraca”, y sobre todo la actitud de poder.

Cuando se empieza una discusión tod@s deberíamos preguntarnos: ¿quiero tener la razón o quiero conservar mi relación? El enfoque desde luego y sobre todo el desenlace es totalmente diferente, porque como todo samurai sabe “cuando tu das el poder al otro de manera consciente no pierdes tu poder”. Pero que sabe la gente normal de los samurais, hacemos lo que podemos y nos han enseñado a dar estocadas a diestro y siniestro armadas con una zanahoria. Eso si cuando no funciona está el insulto.

Otro de mis exámenes para la complicar la cosa era ESTADOS ALTERADOS Y EXTREMOS, vamos que la pirotecnia estaba asegurada. Mientras me estudiaba todos los trastornos habidos y por haber y todos los síntomas de la locura, ataques de pánico, depresión y suicidio, intentaba mantenerme estable, amable y cuerda en la convivencia. No pudo ser, me alteré muchas veces. Algunas porque como el manual de psiquiatría dice el DUELO es una reacción a una perdida dolorosa y hay que pasarlo, eso implica un tiempo. Yo llevo apenas tres meses y tengo que comenzar a reconstruir mi corazoncito con mi compañero en casa con el que además ahora me llevo de coña. Muy esquizofrénico todo.

Honestamente pensé:” se acaban los exámenes y la cosa volverá a su cauce”. Si y no. Porque he vuelto aprobada y feliz, pero a la vez con mas conciencia de como se desencadena todo. Les decía el otro día a los dos en la cena que me hubiese vuelto a tomar la pastillita azul de matrix para no saber, porque además las estadísticas de éxito de las terapias de pareja no son la leche que digamos y las parejas van a terapia como va la gente cuando va sola, al límite.

¿existen medidas preventivas? Si claro. Al sueño inicial de la pareja ,ese que parece mítico, le van a ir quitando escenas mágicas la cotidianidad y lo van a convertir en un sueño de mierda. Si lo vamos trabajando poquito a poco, aceptando que las expectativas iniciales no eran reales, si aceptamos a la personita que ahora realmente asoma con sus virtudes y sus miserias y regamos la plantita, hablando queriendo aprender, dando pasitos, puede ser que se conserve el sueño inicial o por lo menos su esencia. Seguro volverán las sonrisas, y no la tristeza y la frustración, y por lo menos si se acaba tendremos la sensación de haberlo intentado a tope y no dejarlo morir.

Para hacerlo necesitamos superar el miedo, la codependencia y echarle mucha creatividad y compasión, con el otro y con nosotros mismos. Píldoras de paciencia y un montón de abrazos sanadores en vez de meterse en cama cada uno por su lado con un invitado en medio llamado “enfado” que es mas frio que el carajo.

En el fondo soy una ilusa y confiada, me cuesta decir adiós aunque las señales sean atronadoras. Siempre creo que las personas pueden aprender algo, aunque sea ínfimo, algo útil que les haga la vida más fácil y menos amarga. No hablo de que la gente cambie, sino de que adquiera trucos para hacérselo chachi. Por supuesto también para mi.

Hoy quería celebrar, pero me tocó otro tipo de día, ni mejor ni peor, otro en el que seguir aprendiendo.

Los exámenes.

3 comentarios en “Los exámenes.

  1. Vijit dijo:

    Muchas personas conocen, conocemos, la teoría, como comunicarnos de forma asertiva, como resolver conflictos, técnicas de negociación, comunicación no violenta, comunicación no verbal… lo cual suele estar muy bien, y funcionar en la vida profesional, e incluso social. La cuestión para mí, surgida de mi propia experiencia y conocimiento, es que todo eso no tiene en cuenta la tormenta emocional que los conflictos con las personas más cercanas, hermanos, madres, padres, hijos, y sobre todo parejas, desata en los implicados. Suele distorsionar toda nuestra percepción, capacidad de actuación, amor, empatía y serenidad… zl menos en una de las partes, a pesar de la teoría. Aunque esta, y su puesta en práctica nos ayuden.

    Sin embargo, hay una actitud que suele ser la mayor “asesina” de relaciones de pareja. John Gottman descubrió que podía predecir si una pareja tenía posibilidades elevadas de mantenerse unida a lo largo del tiempo, pese a que discutieran de forma acalorada y con críticas mutuas, o por el contrario las posibilidades de ruptura eran muy altas, fuera a corto o medio plazo. Inicialmente lo hacía de forma intuitiva, y después tras observar la grabación de cientos de parejas en una conversación de sólo unos minutos, cuando ya se habían iniciado los problemas, desarrollo un método que se conoce por su nombre. Analizó sobre todo cuatro actitudes a las que denomina los Cuatro Jinetes: la defensiva, la obstruccionista, la crítica y la desdeñosa. La “asesina” era el desdén o el desprecio. Cuando este aparecía, aunque fuera de forma sutil, en la comunicación de las parejas, sabía que en un porcentaje muy, muy elevado, tarde o temprano terminaban separándose.

    Creo que tiene mucho sentido, cuando las parejas discuten, aunque sea de forma acalorada y critica, puede responder a un compromiso, a una implicación elevada con la relación y la otra persona. Sin embargo, cuando la comunicación desdeña o desprecia a la otra parte, es evidente que existe un rechazo, y se quiere eliminar a la otra parte.

    Es posible que conozcas el método, pero por si acaso, por si te sirve como terapeuta… 😉

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