Resumiendo

Año extraño este 2019. Justo hace un año por estas fechas mi marido decidía comenzar una nueva vida. Eso inevitablemente llevaba pareja que yo comenzase otra quisiera o no.

Todo mi sueño de vivir en comunidad a la mierda. Que se rompa un matrimonio hoy en día no es novedad, lo novedoso sería durar 30 años. Tengo que ser sincera, en mi fantasía mi comunidad era un lugar seguro y mágico para todos y todas, y aunque siempre pensé que los miembros de la misma podrían ir y venir y nutrirse de seres variopintos, los iniciadores de esta experiencia permaneceríamos. Di muchas cosas por hecho.

La primera, mi exmarido no se sentía pareja si no teníamos una vida sexual activa, si no se sentía deseado y especial. Encontró una persona que le daba esa especialidad, aunque fuese a palos (psicológicos), y que él no podía encontrar en sí mismo. No me voy a meter a detallar lo doloroso que fue esta relación durante tres años por la cual el decidió dejarlo todo y arriesgar.

Solo diré que cuando tuvo toda la libertad de empezar una vida con ella en su nuevo hogar no llegaron ni a pasar una noche juntos. Tengo una conversación pendiente con él por este tema porque aún sigo cabreada y perpleja cuando tomando un café me enteré de que no estaba con ella y que se sentía liberado porque había sido un calvario para él. Os juro que me quedé tan ojiplática que no supe reaccionar. Solo sentí una ira profunda y ganas de darle de hostias.

La segunda, mi pareja actual se unió a nuestra convivencia hace dos años. No solo nos convertimos en una mini comunidad sino en una familia, el trabajo que hizo y que hicimos para crear este espacio fue titánico. Negociaciones, acuerdos, normas, cuidados y descuidos, horas interminables los tres en la cocina para encontrar caminos intermedios. Horas con las niñas y niño para darles un espacio raro sí, pero donde se sintiesen segur@s.

Cuando se rompió la comunidad nos vimos en una situación extraña, de repente parecemos una pareja monógama, convencional, montando una casa , y para eso no estábamos preparados, por lo menos yo no. Han sido casi 9 meses de trabajo de reajuste para saber que somos y sobre todo como queremos estar. A mí me aterrorizan las parejas pero me entusiasman las relaciones humanas. No necesito tener muchas relaciones, de hecho, en este año me ha llegado con aguantarme a mí misma y no joderle la vida a mi compa con mi tristeza.

Con todas estas dificultades, ajustes y desajustes, duelos, discusiones, hemos llegado a construir un hogar donde nos sentimos profundamente libres y cómodos. Donde nuestras hijas e hijo se sienten cómodos y queridos. Donde nuestra familia, amigos y mi exmarido siguen alimentando esta sensación de que mi comunidad sigue de otra manera y que es una forma de ver la vida.

Hemos llegado a este punto porque aunque el proceso no ha sido fácil tuvimos siempre el objetivo claro y el cómo hacerlo. Mis hijas y su bienestar eran mi objetivo, mantener la amistad y el cariño con su padre era otro (nuestra mediadora y nuestra abogada creo que nos ponen como ejemplo del buen querer y el buen hacer). Cuidar a las personas de nuestro entorno era importante y también cuidar el proceso. Para ello las tuvimos que mantener al margen para no escuchar opiniones y solo escuchar el corazón

Mi pareja, apoyó y respetó todo lo que nosotros decidimos como padres y expareja, quedándose al margen y acompañando mis momentos más duros. Te amo Joaquín y no sabes cuánto te agradezco que hayas aguantado esta cara amarga todo este año. He entendido con el tiempo cual ha sido tu lugar y lo difícil que es. Nos quedan retos, seguro, pero creo que la oportunidad de seguir buscando lo mejor para nosotros sin renunciar a nuestra identidad es transformador.

Así es como veo yo las relaciones, eso es lo que he aprendido del poliamor. El amor no todo lo puede, el sufrimiento no asegura el éxito de mejora o cambio. Hay que aceptar, lo otro y lo tuyo. Hay que conocerse y poner límites. Hay que pedir sí, pero dar también. Hay que abrir el corazón para que el otro u otra lo observe y pueda enseñar el tuyo, no abrirte en canal para que el otro u otra coja tu corazón y lo haga trizas.

Hay que mostrarse vulnerables cuando no se puede o no se sabe, y no para usar el chantaje emocional. Hay que estar atenta con las trampas que nos ponemos y que culturalmente tardaremos años en quitárnoslas del adn. Hay que mirarse con compasión porque somos seres humanos entrelazándonos en este mundo de felicidad extrema obligada e inmediatez.

Por momentos no me creo que haya pasado un año. Un año donde he hecho muchas cosas por primera vez, cosas que no creí que podría hacer. He sido mucho más YO, con todo lo que eso trae, jajajaja.

Me queda un ratín para salir de la tristeza pero miro al 2020 con curiosidad. Comenzaré el año con mis hijas, mis padres y mi pareja. Mi exmarido vendrá si quiere y no tiene planes (ahora tiene otras relaciones, creo). Pediré mi deseo de comienzo de año con pasión y pondré todo de mi parte para que se cumpla.

Ah y prometo estar más activa con el blog porque creo que el 2020 traerá novedades.

😉

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