Summer

Con la llegada del verano parece que ha llegado el relajo y la calma, todo va más despacio y hay buena voluntad con las negociaciones, si si, negociaciones de tiempos, de espacios y de calendario.

Suena muy frio lo sé. Cuando cuento en las charlas que para mantener una vida poliamorosa hay que planificar, todo el halo de romanticismo se va  a la mierda y veo caras de decepción. La gente a menudo piensa que somos seres con gran capacidad de resolución y cero malentendidos, y lo siento, pero no. No se trata de poner un calendario de con quien duermo hoy en la nevera a vista de tod@s (que no me parece tan mala idea), sino más bien de dar espacio a todas las relaciones de manera “reglada” para que todas las partes tengan conocimiento de “que toca” y se eviten problemas.

Una de las relaciones que más cuesta mantener con calidad es la de una misma, yo conmigo. Para esa casi nunca hay tiempo, y creo que es la más necesaria para no trasladar tus malestares no resueltos a las otras. Dentro de todo este batiburrillo loco, además hay que meter espacio de calidad con la familia, y por fin, gracias a tenerlo todo más organizado, ese espacio lo estamos haciendo bien y lo estamos disfrutando.

Estar cabreada me ha quitado mucha energía y mucho tiempo. A menudo confundo la necesidad de entenderlo todo con aceptar las cosas y punto. Es todo un desafío desde luego, cuando ya he conseguido entender porque una cosa me engancha tanto y la integro en mi vida para que ya no esté enredada, viene otro reto. Es con los retos que me llevan al límite con los que tomo decisiones que me hacen moverme de mi zona de confort, y si, las tomo segura y sigo para adelante. No puedo decir que la duda no exista en mi vida porque viene muchas veces de las personas que más quieres, esas que te recuerdan que a lo mejor lo que haces, como vives o lo que eres no es lo más correcto.  He aprendido a agradecer esos espejos de mis viejos paradigmas porque hacen que siga cuestionándomelo todo y me ayudan a construir mi realidad.

Si pienso en como estoy ahora mismo estoy muy summer, soleada con esa brisa gallega que te eriza la piel por momentos. Hay días todavía de nubarrón donde pongo el ceño fruncido y no razono nada, y como dice J “me pongo muy trascendente”. Algo no está todavía resuelto, pero tengo la confianza en el tiempo y ver cómo va yendo.

En apenas una semana disfrutaré de una semana de “rodriguez”, es la primera vez que me pasa, me quedó en mi casita solaaaaaaa y no tengo que pensar en nada más que trabajar a ritmo tranquilo y ver si me apetece vida social o no. Mi sofá vuelve a ser mío, máxima felicidad. Voy a disfrutar ese regalo de tener tiempo para mí, de poder elegir estar acompañada o sola, de organizar mi día sin menús ni meriendas y sin ruido. Adoro el silencio, no sabía que me gustaba tanto, y he aprendido a disfrutar los silencios compartidos que me parecen mágicos muchas veces.

Después del oasis para mí, este año hemos conseguido organizar un verano muy armónico, y por primera vez en años no lo voy a pasar estresada sino disfrutando de mis personas y personitas, y aunque no sea romántico es gracias a la planificación y a las negociaciones, así es como hemos conseguido  darnos espacio y amarnos bien. Ya, ya en la misma frase planificación y amor a mí también me chirría, pero a veces amar bien requiere un aprendizaje, y como decía Erich Fromm: “el amor intenta entender, convencer, vivificar. Por ese motivo, el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más el mismo”.

Summer

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