“El experimento”

He regresado.

Sé que he tenido parado el blog sin entradas mucho tiempo pero era por una buena causa. Aquí va mi relato sobre la experiencia de vivir a tres (realmente seis, tres adultos y tres niñas).

Mi pareja “J” tenía la posibilidad de cogerse 10 días para venir a convivir con nosotros en familia y ver cómo nos sentíamos  tod@s y si era viable esa posibilidad para un futuro.

Las semanas previas a su llegada las dedicamos a hablar de nuestros miedos, inseguridades, desafíos, de cómo explicarles a las niñas, de donde dormir, de cómo mantener nuestros espacios personales, como mantener una comunicación sana ,honesta y abierta entre los tres, como evitar malestares,…vamos un montón de cosas.

¿Cómo me sentí yo? Por un lado quería ser justa con los dos, con los tiempos, con el cariño, con los espacios, pero lo cierto es que nuestras situaciones de partida y sobre todo nuestros estados de relación, eran asimétricos. La situación actual la he comentado en anteriores entradas. Con mi pareja habitual se ha producido una pérdida de intimidad y conexión consecuencia de un año duro de procesos liosos, de dolores, daños, incomunicaciones, vacíos y silencios mortales. Conseguimos cierta estabilidad como padres y compis de piso pero sacrificamos nuestra relación de pareja y todas nuestras energías se fueron a nuestros otros amores.

Mi idea siempre estuvo clara desde el principio. La pareja podría salvarse si había un trabajo en  pareja, no un trabajo individual cada uno con su terapeuta. Parece que la llegada de “J” puso luz sobre esta necesidad y mi pareja dio el paso.

Llegó el día y comenzamos a vivir una experiencia que ninguno de nosotr@s había experimentado antes. Altas dosis de generosidad, cuidado y autocuidado, confianza y sobre todo comunicación, son los ingredientes que me parecían garantía de éxito. Esto parecía común pero cada un@ lo llevó a su manera.

“J” llegó y enseguida encontró la manera de sentirse cómodo. Conectó de manera genial con las niñas, con la perra, se adaptó a la casa y se hizo dueño del aspirador y la cocina, jajajajaja. Su talante es conciliador y su nivel de comunicación emocional muy alto. Ordenado y con ganas de colaborar y compartir. He sentido en todo momento que tenía en casa un aliado , cariñoso y responsable. Observaba y se observaba, y en función de todo eso hablábamos e íbamos buscando alternativas. Lo puso fácil, muy fácil y fue una gozada tenerle en casa.

Mi pareja, aunque insistí mucho antes de la llegada de “J” en que me hablase de sus necesidades para así también compartir las mías, optó por evitar el confrontamiento. Utilizó la excusa del trabajo para no estar y así convivir lo mínimo posible. Ese no era el plan, y mi malestar aumentaba. A los cuatro días de la llegada de “J” comenzamos nuestra andadura con su terapeuta para intentar la reconexión, y fue en ese espacio seguro para él, cuando por fin habló. Se sentía invadido, y mientras  yo le escuchaba me daba cuenta de en qué diferentes idiomas nos hemos estado comunicando desde hace un año, me di cuenta de que efectivamente el mensaje nunca llegaba por muy alto que lo gritara porque el código fuente era desconocido para él y para mí. Afortunadamente algo hizo click allí para él, y a partir de ese día se desbloqueó la situación y nuestra convivencia cambió.

Una vez clarificados los lugares de cada uno, ya no había necesidad de sentirse “agredido o desafiado”, y empezamos a disfrutar, de tener más ayuda, de tener más tiempo personal para cada uno, de tener conversaciones a tres sobre nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestros momentos vitales maravillosas. Comenzamos a alegrarnos del cariño y el afecto de unos a los otros, pero sobre todo el RESPETO.

El “experimento” como lo llamamos, fue compartido con mis amigas y esa cena fue la comprobación de cuan normal podemos hacer las cosas menos normales, con naturalidad, sin miedos y cariño.

Las niñas, desde luego no dejan de sorprenderme. Son seres mágicos de luz, sin juicios, abiertas, respetuosas y alguna con sus miedos de que papá fuese reemplazado. Sabíamos que alguna podría sentir ese malestar y lo abordamos primero nosotros como padres y después entre los tres en una conversación abierta para que ellas nos expresasen sus dudas y miedos, donde pudiésemos dar respuestas y construir entre tod@s la manera de sentirnos bien.

17 días de amor, de desafíos, de convivencia, de aprendizaje brutal y de claridad. A “j” y a mí nos gusta este modelo, nos gusta vivir en comunidad compartiendo , es un reto si, crear una tribu nunca es fácil. Respetar los lugares , las voces de cada un@, las necesidades y sobre todo los límites es toda una aventura, y como dijo la terapeuta la manada aumenta y hay que hacerla fuerte.

Ahora, cada uno de nosotr@s sabemos lo que queremos y sobre todo lo que quieren los otr@s. El reto es seguir, con el corazón abierto y la escucha, la propia y la del otro, seguir reconectando y consolidando, fortaleciendo y mimando, y tiempo. Si conseguiremos la tribu depende de muchas cosas, un trabajo, compatibilizar las vidas y las responsabilidades y sobre todo AMOR, mucho amor.

“El experimento”

2 comentarios en ““El experimento”

  1. Rachel dijo:

    Ay Roja! Qué gratificante es para mí leerte. Llevo ya tiempo queriéndote escribir porque quiero compartir contigo mi situación pero no sé cómo poder hacerlo en privado… si pudieras… gracias!

    Me gusta

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