Sanada

Reconciliada con la vida, por fin.

Me subí al avión con destino a Forum-Sevilla con un  montón de mierda en mi mochila emocional. Después de varios meses fustigándome y sin ser capaz de gestionar algunos asuntos, puse el pie en Sevilla con mentalidad de “a ver que me trae la vida”.

Empezó a encajar todo desde el primer momento. No quería estar sola en una ciudad que no conocía, así que me cogí un alojamiento en casa de una pareja. De las mejores elecciones que pude tomar. Dos corazones generosos me acogieron y me mimaron. Conexión brutal desde el primer momento, y aunque solo iba a pasar una noche, irme a la ecoaldea y volver 7 días después, me sentí como en casa. Ni que decir tiene que el arte y la gracia lo llevan en las venas y convierten una caña en un momento mágico y súper divertido, sobre todo si eres capaz de seguir la conversación que para una gallega es un reto.

Al día siguiente me subí a un bus que me llevaba a la desconexión más absoluta de la realidad en un paraje privilegiado y conectaba con un nuevo paradigma, el mío, el del amor, la confianza, la conexión, el cariño, el respeto, los cuidados,… un lugar donde puedes ser visto en tu forma más auténtica.

La primera dinámica me sentaba con un amigo que me preguntaba al oído mientras yo tenía los ojos cerrados:”¿Qué haces cuando no haces nada?”. Difícil respuesta para alguien que siempre está haciendo cosas, sobre todo muchas a la vez, que se carga con sus responsabilidades y con las de otros, y que se queja constantemente de no poder aflojar.

Comenzaron a llegar ideas mientras el repetía esa frase en tono muy bajo en mi oído, y empecé a disfrutar, dándome cuenta de que a veces puedo no hacer nada y no sentirme culpable. De que hay un placer maravilloso en no ser siempre proactiva y dejarse llevar. Este mantra se quedó en mi cabeza toda la semana y adopté la postura de “estar y ser” pero de una manera fluida.

Así empecé a recibir regalos de la vida. El primero mi cumple. Un círculo me rodeó para cantarme una nana que me conecta con mi yo más interno y cura mis heridas.

Lloré y lloré, por todo lo pasado y comencé a cerrar y a soltar. Escuchar 25 voces entonando esta canción con los ojos cerrados es sanador.

No necesité entrar en el círculo de fórum para contar nada de mis dolores y mis duelos, escuchando a mis compas comprendí que los problemas no son míos ni tuyos sino que son de todos. Sentimos y experimentamos las mismas cosas, y es escuchando a otros como podemos cambiar el mundo y a nosotros mismos. El cambio de la cultura y el paradigma comienza mostrándonos.

En una ocasión salí al centro para decir: ”yo doy por el placer de dar ,no para recibir algo a cambio”. Era un espejo para un ser maravilloso que está encontrando su lugar para relacionarse en el mundo y entenderlo. Di, di lo que quise y la vida me trajo otro regalo.

Volví a Sevilla con mi pareja cuidadora y una cita. Había chateado con un chico el primer día para ver si alguien me enseñaba Sevilla y aunque no pudimos quedar seguimos hablando los días que yo estuve aislada.

Su sonrisa fue lo primero que vi. Una sonrisa a la vida, auténtica, franca, sana, y pensé “fluye, no hagas nada”. No es solo que me sintiese cómoda o conectada al instante con él, fue como sentir que estaba donde tenía que estar y abierta a vivir. Y viví, vivimos toda una noche de complicidad, de caricias, susurros, besos, placer, mientras de fondo sonaba Extremoduro, fue brutal.

Nos desperezamos para desayunar contándonos todas nuestras vidas, entretejiendo complicidad con confesiones y miradas, y conscientes de que  a lo mejor el destino no nos volvía a hacer coincidir. Lo último que vi fue su sonrisa , y no sentí pena por irme, sentí un agradecimiento profundo hacia la vida, que me había regalado una experiencia única.

He sanado, he sanado mi corazón y estoy llena de amor. He salido del rollo víctima y ” que mala suerte tengo”, para ser protagonista de mi vida y hacer o no hacer, sentir, amar, gozar, escuchar, compartir, acariciar, dejarse sorprender, aprender, enseñar,…. estar despierta y salir de la cueva.

El sur ha traído el calor a mi corazón. Si la vida nos da una oportunidad de unir norte y sur ya se verá, mientras tanto disfrutemos de las palabras cariñosas y fotos de sonrisas.

“J” que bonito regalo me hiciste, cielo, el volver a creer y sentir que me lo merezco.

Sanada

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