Un recuerdo erótico

Hoy tuve un típico día melancólico de Otoño. Me encanta esta época del año es cuando me siento más metidita en mi. Me gusta la lluvia, el frio, ponerme una bufanda y  escribir con un café humeante al lado mientras escucho el viento.

Pero ayer por la noche me desvelé, me puse a pensar en mi momento bufff y no se me ocurrió otra idea que ponerme a leer el mail de despedida de mi última relación “n” veces. Lo sé, tenía que haberlo borrado.

Como resultado esta mañana estaba como una zombie, para colmo de males tenía mogollón de trabajo, frio y mocos, vamos una pinta bárbara.

Al medio día había quedado con mi compa para pegar carteles del Taller por la ciudad y tenía un humor de perros. Entramos en una librería conocida y me acordé de repente de comentarle que estoy leyendo el libro que me recomendó, “Tu sexo es tuyo” de Silvia de Béjar. Si no lo tenéis, ya estáis tardando en comprarlo, porque vamos, debería de ser de obligada lectura desde los adolescentes hasta los 100 años, para parejas, impares, polis y lo que sea.

Total que entre pegada y pegada de cartel y enlazando con el tema del libro nos pusimos a comentar. No es que esté yo muy juguetona últimamente ni seductora tampoco, y ya me puedo poner las pilas para conectar con esa energía porque si no haré un taller de mierda, pero me dispuse a escuchar.

Empezamos a comentar temas sexuales y sacar ideas para próximos talleres cuando tras comentar un par de desastres le comenté: yo tuve un amante que el tío le gustaba muchísimo follar. Cuenta, cuenta , me dijo.

“¿sabes que la primera vez que quedamos en un motel me mandó ir al baño y cuando salí  había llenado la habitación de velitas?” conté,mi amiga se quedó ojiplática. Que un tío con el que has chateado durante un mes y con el que has acordado probar para ver si puede ser un compañero de juegos  sexuales te haga algo así ya pinta bien. Y vamos ese fue el comienzo de una historia de cómo se disfruta a tope del sexo. No solo era generoso y hábil, sino tremendamente creativo y en el mes que pasaba de un encuentro a otro sabía crear una atmosfera sensual de la leche.

Ese encuentro que empezó con la velas y que yo me había preparado como el que entrega una solicitud en el ayuntamiento, en plan, bueno es el primer polvo, es difícil aunque yo vaya desinhibida que salga de pm, acabó de manera pasmosa con un ofrecimiento de la mejor naranja que he tomado en mi vida. Tras estar jugando, chupando, lamiendo, succionando, oliendo, mordisqueando , besando, riendo infinidad de tiempo hasta que nuestra excitación era extratosférica, acabamos jadeantes, exhaustos y satisfechos, se levantó y de su bolsa sacó una naranja que peló e impregno toda la habitación de un aroma exquisito y me dijo: “toma, come ,necesitamos reponer fuerzas”. Morder aquel gajo fue como tener otro orgasmo.

Cada encuentro tenía sorpresa. En el siguiente se hizo 150 km con un témpano de hielo en un túper. Cuando acabamos nuestra sesión de sexo me puso boca abajo y me pidió que cerrase los ojos y de repente me pasó el tempano de hielo por la espalda para a continuación ponerse encima. El contraste de las dos temperaturas me catapultó al infinito.

Un mes me tuvo eligiendo unas bragas negras de encaje a través de mensajes para prometer rompérmelas con los dientes. Lo hizo, pero además me prohibió quitármelas durante dos horas de sexo intermitente y es de las imágenes más eróticas que tengo en mi mente gracias a un espejo fenomenalmente colocado. Por supuesto se las llevó destrozadas y me mandó foto de ellas colocadas en su taquilla.

Seguí contando unos cuantos detalles mas mientras seguíamos pegando cuando de repente me pidió el teléfono, jajajajajajaja. “Si no lo vas a llamar tú ya lo hago yo”, me dijo. Lo cierto es que podría hacerlo, hace más de un año que no le veo pero siempre dejó la puerta abierta a volver a reencontrarnos.

Creo que ahora mismo no tengo energía para jugar aunque sería  sobradamente consentida por alguien que le encanta excitar y dar placer, sin vergüenza, sin complejos, saboreando cada rincón y quemando con cada mirada.  Era un autentico disfrutón del sexo y nunca un gruñido me pareció tan erótico. Decir a su favor que su edad  (más de 50) era garantía de una amplia experiencia y desde luego mucho más energía que algunos de 25.

Recordar este episodio me ha sacado una sonrisa desde luego pero ha seguido lloviendo después.

Quien sabe igual un día me animo a ponerle verano a este otoño.

Un recuerdo erótico

Un comentario en “Un recuerdo erótico

  1. eva dijo:

    Según lo cuentas le dan ganas a una de ponerse a cultivar el erotismo…qué muchas veces se nos olvida que el sexo puede ser muchas cosas, que pueden ser esas experiencias que describes, que el sexo se crea y que puede hacerse de mil maneras distintas. Pero hay tanto desconocimiento y falta de creatividad….y yo culpo bastante al porno de todo ello…parece que solo hay un tipo de sexo (y creo q hay miles), creo que hay q desmitificar mucho el sexo y aprender a dejarse llevar, dar y recibir placer…yo ahora estoy en pareja y seguimos pensando en cómo gestionar ese tema sexual…si probar otras cosas con otra gente…

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