Elijo amarte

Hace unas semanas en un curso de Comunicación no violenta aprendimos a comunicarnos desde nuestras necesidades. Lo primero que me llamó la atención fue saber que todos tenemos las mismas, que son universales para todos los seres humanos.

Si nos comunicamos siguiendo unos pasos sencillos en teoría la comunicación es más fácil, fluida y todo sería perfecto. De los hechos (lo que veo u oigo), paso al pensamiento, me paro a ver cómo me siento, identifico la necesidad a cubrir y finalmente hago mi petición. Lo difícil muchas veces es identificar cual es la verdadera necesidad y poder pedir desde ahí de manera auténtica.

En un momento del curso hicimos un ejercicio muy sencillo. Utilizamos frecuentemente la expresión “tengo que”, tengo que llevar las niñas al cole, tengo que limpiar la casa, tengo que cuidarme, tengo que ser la mejor madre del mundo,… Si cambiásemos esa expresión por “elijo que” todo adquiere un significado nuevo y diferente. A veces algunas frases pierden hasta su sentido y otras recobran un sentido más acorde con lo que realmente queremos y necesitamos hacer.

Hace apenas media hora hablaba con mi amor, ese ser maravilloso que entró en mi vida cuando menos lo esperaba, cuando no esperaba nada, cuando ya había abandonado toda posibilidad de encontrar una historia de amor.  En apenas 8 horas mi vida dio un vuelco y empecé a sentir cosas que tenía olvidadas. Hemos estado un mes entero amándonos en la distancia, cuidándonos con dulces palabras, acariciándonos con susurros y escribiéndonos preciosas palabras de amor.

Cada día mí corazón latía más fuerte, sentía cada día más plenitud, estaba más despierta y más viva, también un poco en las nubes esperando el mail de las 9 de la mañana para leer pensamientos y emociones. Me alimentaba de frases y me llegaba. Paralelamente a esto mi dibujante hacia su propio camino sintiendo también los latidos y frenándolos al llegar a su vida para volver a conectar con su otro amor. Ha protegido, ha luchado y ha cuidado a sus dos amores. El amor de su vida sigue latiendo despacito intentando no resquebrajarse por la pena de verse compartido y mi dibujante está cuidando con cariño ese pajarito para que no sufra.

Por otro lado ha intentado cuidar este corazón de leona que podría cazar para toda una manada sin agotarse. Pero ayer me sentí un pequeño ratón que ve el queso enganchado en la trampa desde su madriguera, quiere el queso pero no hacerse daño, lo ama, lo desea y lo mira todos los días para ver si alguien lo libera de la trampa y así pueda acercarse y probarlo.

Este ratón ha decidido meterse en la madriguera y no seguir mirando para no sufrir. Elije retirarse para esperar y mientras seguir recogiendo miguitas de pan.

No tengo que quedarme esperando  a que el tiempo pase y las cosas sigan su ritmo y sus velocidades. Elijo no quedarme, pero también elijo amarte de manera libre y sentir ese amor amplio, ese que no desaparece nunca porque se queda en esencia, y cuando el tiempo pase y todo sea posible a lo mejor elijo lanzarme a por el queso.

Elijo amarte

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