El arte de no sentir NADA

No siento NADA. Estoy anestesiada. Me he desconectado de mi cuerpo y del mundo de mis emociones para no sentir absolutamente nada.

Llevo desde ayer por la noche con esta sensación. Quiero pensar que en algún momento las emociones y sensaciones volverán, y recuperaré toda esa calidez, sobre todo porque necesito sentir para poder trabajar y sino no podré hacerlo. No me preocupa, creo que mi cerebro ha decidido ponerse en stand by para entrar en fase de autocuidado.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Supongo que era uno de los riesgos al comenzar esta maravillosa aventura del poliamor. Puse toda la ilusión, todo el esfuerzo, toda la energía, la pasión, la curiosidad, la paciencia, pero sobre todo el amor. Creí en que el amor era infinito que todo lo puede y supera todas las barreras. Bueno está claro que no siempre es así.

No voy a contaros que ha pasado porque no es necesario aunque os pueda la curiosidad. Voy a conservar la intimidad de los hechos. Si voy a contaros como se consigue un corazón de escarcha.

Cuando me metí en esto tenía una obsesión : los cuidados. Claro que lo más importante era ser honesta y vivir coherentemente en libertad, pero me preocupaba mucho que mis seres queridos se sintiesen cuidados. Siempre antepuse mis responsabilidades y mi vida familiar a mi propia felicidad.

Fui sincera en todas mis relaciones con lo que podría dar y lo que no. Mis hijas siempre estarían por encima de todo, y el bienestar de mi pareja. Seguramente muchas veces en vez de cuidarle me he extralimitado en protegerle y he actuado como madre con él, gran error.

Seguramente he sido terriblemente imperfecta en muchos momentos pero siempre he estado atenta a lo que sentían los demás. Nunca me he escondido o he esquivado una conversación incómoda, he ofrecido una comunicación abierta y sincera a quien ha querido aprovecharla.

Mis necesidades se han visto millones de veces diezmadas por la realidad cotidiana, pero nunca me ha importado renunciar si lo importante estaba a salvo. Cuando me han expresado las necesidades las personas que han compartido trocitos de mi vida he sido siempre honesta y nunca prometí algo que no podría cumplir. Este blog está lleno de relaciones que se diluyeron por no poder cumplir las necesidades y las expectativas de la gente que entró en algún momento en mi vida. Mi aprendizaje fue aprender a quererles lo que me dejaron, a tener conexiones mágicas en muy pocas citas pero si conseguir ver en esas personas auténticos magos que me dejaron siempre una enseñanza.

Amantes que despertaron partes de mi cuerpo dormidas, momentos de risas y sonrisas de auténtica diversión, sorpresas agradables y también algunas no tanto pero que me mostraron la gran capacidad de adaptación, amistades eternas y verdaderas, miradas a los ojos viendo de verdad al ser que estaba al otro lado.

Guardo buena relación y contacto cariñoso con todas las personas que pasaron este año por mi vida. Algunos están acompañándome con sus mensajes estos días y es ahí cuando noto el amor. No me aman como amantes o enamorados pero si ese amor puro del que ha pasado por tu vida y te ha dejado huella.

Cuando entre en el poliamor no lo hice sola, le tendí la mano a mi pareja para dar un salto, un salto gigante, posiblemente el más grande del mundo. No iba a ser gratis, ni fácil. Exigía mucho trabajo, mucho tiempo, energía pero sobre todo el compromiso de no soltarnos de la mano.

Hace un tiempo que dejé de notar esa mano. Claro que de vez en cuando se soltaba un poco pero yo volvía y volvía, y como un mantra volvía repetir una y otra vez la necesidad de cuidar ese vínculo. Cuidar.Supongo que las nuevas sensaciones y las nuevas emociones, los amores románticos e intensos, ese descubrir maravilloso hace que se pierda perspectiva, que las prioridades muden de lugar, me parece tremendamente humano.

Yo siempre tuve clara mi referencia, la anclé en mi mente para volver siempre a ella. Sabía que solo manteniendo ese ancla sería posible sobrevivir al poliamor, a los desacuerdos, a los miedos, a las inseguridades, a los celos, a los monógamos. Hoy hablando con “hermano mayor” me di cuenta de que yo no soy un ancla sino que me convertí en un lastre. Existo yo y toda mi circunstancia, para un poliamoroso eso no sería un problema, sería un valor añadido, sería el win-win, poder disfrutar de todo con libertad, sin exigencias, ni ultimatums, sintiendo en cada momento y debatiendo lo que es mejor para todos. Hablando en vez de suponiendo, pactando y siendo consciente de que los ritmos no los marca el corazón muchas veces sino la realidad y las responsabilidades.

Llevó en mi ebook una carta que me escribió mi pareja hace dos años, siempre la tengo conmigo. Fue un punto de inflexión en nuestra relación porque mi evolución personal nos alejó. Supongo que de repente dejó de conocer a la persona que tenía al lado. En ella me pedía que le esperase, y eso hice , pero en el camino el empezó a sentir miedo de no alcanzarme y en vez de gritarme espera! Siguió detrás agotándose.

Creo que esto del poliamor le ha mostrado otros caminos pero sobre todo que puede trazar el suyo propio y que él decide quien está y quien no acompañándole. Me alegra y me emociona saber que él decide su propio destino.

Mi camino, ahora mismo estoy parada en un banco descansando viendo pasar personitas y dando tiempo para que vuelvan las emociones y seguir andando.

El arte de no sentir NADA

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