Mi cumple

El sábado fue la fiesta de mi 40 cumpleaños. Desde luego será recordada durante años, y no por las cogorzas mundiales y las fotos censuradas de gente desfasando, sino porque la celebré con mis dos parejas y todos mis amigos.

El sábado se presentaba con varios retos.

Uno: el vestido. Se me ocurrió en el último momento, es decir el viernes, comprarme un vestido para celebrar que estoy estupenda a mis 40. Precioso, ajustadísimo, negro y me quedaba de muerte (que modesta). El primer dilema fue que como tenía toda la espalda al aire no podía llevar sujetador, mi amiga que me lo vendió me dijo:”no hay problema, te pones una pezoneras de silicona”.Einnnn? Unas qué? Llamarme fuera de onda, pero no voy a ponerme unos cacharros para que no se me noten los pezones que evidentemente tengo, ese va a ser el menor de mis problemas, no creo que nadie se fije en mis pezones mientras beso a mi chica con mi marido al lado. Así que la mierda las pezoneras.

Para acabar de rizar el rizo me puse unos tacones infinitos que compré un día para darle una sorpresa a mi pareja y con los que solo puedo andar 10 metros dignamente en casa. Así que allá voy, parecía un kit kat con patas, no se andar con esas cosas. Mientras parecía que tenía unas piernas infinitas y un culo estupendo e intentaba no matarme con pasitos breves, solo pensaba en mis zapatillas Nike. Pero alguien dijo una vez que para estar guapa hay que sufrir, que gilipollas somos a veces.

Dos: mi marido. Hasta el mismo día no sabía si Siete iba a venir o no. Hacía casi un mes que no nos veíamos y yo tenía muchas ganas de reencontrarnos y también compartir mi fiesta con ella. Mi pareja sabía de mi ilusión y aunque habían hablado por teléfono no se conocían. Hubiese sido mejor un café a tres donde poder contarnos batallitas y tener tiempo para conocernos, pero las cosas vienen así. Mi pareja y yo hablamos de cómo íbamos a estar en el cumple y cómo iba yo a relacionarme con ella, y me apoyó para que estuviese como me lo pidiese el cuerpo. Y eso hice. Como buen anfitrión nos dividimos en la mesa para encargarnos de nuestros amigos, y de vez en cuando nos cruzábamos miradas para comprobar si todo estaba bien entre los dos.

En un momento de la noche me dijo que me veía radiante y feliz y que le encantaba verme a sí. Me emociono solo de pensarlo, desde luego le dio miles de vueltas al género masculino ese que posee, que marca territorio, que estrangula libertades, que se siente inseguro si no controla. Es un ser de otro planeta.

Con Siete, pues compartieron momentos pero a mi pareja le supo a poco, así que ahora toca pasar tiempo juntos y va a enseñarle a tocar la guitarra. Jajajaja, yo paso.

Tres: Siete. Entró sola con paso firme. Sabía que iba a ser observada y allí en medio del bar la besé. Se integró perfectamente con mis amigos, habló con muchos de ellos y creo que estuvo tranquila y se divirtió. Me flipa lo fuerte que es, no le da miedo nada y se pone el mundo por montera. Otra persona sentiría la presión de verse en una situación así, y no dudo que seguro la tenía pero vino y estuvimos como pareja, con un par, y yo súper orgullosa de tenerla a mi lado.

Cuatro :los amig@s. Casi todos los que vinieron sabían de nuestra condición de pareja abierta pero esto ya era hacerlo “oficial”. El día antes me apresuré a hablar con una amiga íntima que no sabía nada, a la que había intentado proteger de tanta “falta de moral”. Sus creencias y su forma de ver la vida me hacían muy difícil abordar el tema con ella. No quería que llegase a la fiesta y se encontrase con el papelón así que se lo conté versión resumida.
Su pregunta fue: ¿estáis bien? ¿Es lo que quieres? Y vi el respeto más absoluto en sus ojos. Me lo puso muy fácil.

Tengo unos amig@s que son súper respetuosos. Aunque no lo entiendan o no lo compartan, aunque cotilleen en sus casas y piensen que la crisis de los 40 me ha vuelto loca, respetan y no hacen que me sienta incómoda o juzgada.

Como pasa siempre, algunos de los que vinieron no sabían nada y tuve que improvisar un poco sobre la marcha, pero la respuesta fue siempre la misma.

Fue el mejor cumpleaños que pude tener, estuvieron los que tenían que estar y me sentí más yo misma que nunca, libre y honesta.

Recuerdo lo que me dijo mi terapeuta allá por marzo: “en cuanto cruces la línea tendrás un montón de conflictos pero serás más auténtica, ¿quieres eso? SI QUIERO”.

Mi cumple

Los acuerdos en el poliamor.

 

Esta semana hemos tenido un momento “álgido” con un acuerdo de pareja.

Cuando empezamos le dedicamos mucho tiempo al tema de los acuerdos. Había que negociar los tiempos, definir qué tipos de encuentros, definir que “personas”, acuerdos de fluidos y sexo seguro, entre otras cosas.

Ya conté en un post que en un ataque de celos me cargué un acuerdo hace meses. Me acosté con alguien sin avisar a mi pareja antes y en mi casa. Vaya, me cargué DOS acuerdos. Por supuesto lo afronté en el momento y con el miedito en el cuerpo por las consecuencias me preparé para escuchar los reproches. Y no fue así, hubo escucha pero sobre todo evaluamos porque habían fallado los acuerdos, y empezamos a reconstruir la confianza. Este es el proceso que se debe de hacer cuando se rompe un acuerdo.

Los acuerdos necesitan de cierta indefinición que se aclarará cuando llegue una situación concreta o no. Muchos acuerdos se hacen sobre la marcha para solucionar un problema que surge en un momento determinado, para evitar discusiones y sobre todo la culpa.

Nosotros estamos constantemente reevaluando nuestros acuerdos según las necesidades que vayan surgiendo. Está claro que si mi pareja tiene a alguien que vive lejos no va a respetar la cita de “solo dos días” porque igual tarda meses en volver a ver a esa persona.

Los acuerdos deben ser realistas, porque si no difícilmente se pueden cumplir.

Hace un mes mi pareja se cargó un acuerdo, uno de los “importantes”. Yo sabía que existía esa posibilidad y me jodió acertar. Hicimos lo de siempre, porque pasó, que se puede mejorar y cómo podemos volver a confiar. En este caso pasó una cosa rara. Somos tres en el acuerdo, aunque es un acuerdo que viene de la pareja principal y afecta a otras, con lo cual es más complicado.

Lo normal habría sido que para conseguir el consentimiento activo, todas las partes involucradas aceptasen la posibilidad de conocer sus sentimientos y comunicarlos. Así se crea el acuerdo. En este caso solo una parte expresó como se sentía, yo, y automáticamente mi pareja dijo que el acuerdo quedaba tal cual. No se negoció y yo sentí que vetaba. Esto me hizo sentir súper incomoda porque la jerarquía aunque existe no debería de ser determinante.

Es muy complejo el tema, yo no quería decidir por los tres, quería consensuar, y ahí nos falló el proceso.

Afortunadamente pronto nos conoceremos todas las partes y creo que podremos abordar el acuerdo en igualdad de condiciones, porque lo importante para mi, es alcanzar un acuerdo que se pueda cumplir y que nos de seguridad a todas las partes.

Madre mía no dejamos de aprender.

Los acuerdos en el poliamor.