El reencuentro

Muchas han sido las llamadas y mensajes de la gente que me conoce preguntándome si estaba bien. Habían leído el post y los que me conocen saben que es raro que me ponga triste. Lo cierto es que me concedí dos días de tristeza, y la verdad que es una emoción bastante creativa.

Ayer hacia la tarde ya empezaba a sentirme incómoda con el estado grisáceo y me puse a pensar que podría hacer para cambiar mi humor. Me vino una idea a la cabeza: necesito contactar con aquellas personas con las que he tenido “cierres” extraños para decirles que estoy aquí y siempre tendrán mi amistad.

Aprovechando además que la próxima semana cumplo 40 tenía la disculpa perfecta para volver a contactar.

Le escribí a “Lola”, mi amor de verano. La última vez que le vi fue en su cumple en Septiembre y nunca más volvimos a coincidir. La verdad es que no hubo un cierre chungo, simplemente se acabó el verano y cada uno siguió su camino. Agendas irreconciliables, dudas por su parte sobre hacia donde nos llevaba nuestra relación y un mail explicándole mis necesidades y límites, pusieron fin al verano más emocionante de los últimos años.

Un wup sencillo de “hola, cómo estás?”con una propuesta de vernos antes de mi cumple ,porque algo me hacía pensar que no podría venir , hizo que hoy le tuviese aquí.

Es de los reencuentros más dulces que he tenido. Primero porque creía que en el último momento me dejaría colgada, la verdad, pero me sorprendió mandándome un mensaje de “estoy debajo de tu casa”. Me salió una sonrisa, una sonrisa enorme. Allí estaba con su pitillo y su café, esperando.

El que haya leído mi post de LOLA sabe lo que sentí por esta persona, toqué el amor con la punta de los dedos hasta que se fue a la mierda. Pero lo mágico de todo, y eso es trabajo de los dos, conseguimos conservar la amistad y el cariño.

Hoy vi esos ojos verdes pícaros llenos de dudas sobre cómo será su futuro sentimental. Ahora está en fase huraño, disfrutando de una soledad elegida y compartiendo ratitos para aplacar el hambre. Es achuchable, un duro sensible y tiene el discurso menos claro que he visto en mi vida, pero siempre consigue sacarme una sonrisa y tenerlo al lado me recarga las pilas y consiguió que toda mi tristeza y mi cabreo con el mundo desapareciesen de un plumazo.

Él no es consciente de lo que hizo hoy, claro que le puse al día de cómo me van las cosas y sigue mi blog, pero sin quererlo apareció cuando más necesitaba una mano amiga, y a él si le dejo decirme ”es que las cosas son así” y sabe que me revelo contra eso, pero dicho por el me parece menos malo.

Me sorprendió no sentir el deseo y la fragilidad que sentía cuando estaba a su lado. Como con una leve caricia podía deshacerme en cachitos de tantas emociones que sentía por él. Todo esto fue sustituido por el cariño, el afecto, el respeto, un poco de preocupación por saber cómo se siente en este momento de su vida y el agradecimiento infinito de conservarlo en mi vida como amigo.

No me pude resistir a preguntarle que nos había pasado y la respuesta era conocida: ”no eres tú, soy yo, yo me exijo a mí mismo mis cosas”. Y ahí me liberó, porque yo no puedo, ni podía hacer nada, escapa de mi radio de acción.

Lola, estaré para ti siempre que lo necesites.

No tardes en volver.

El reencuentro

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