“Siete”

“Siete” es una chica.

Cuando decidí que la no-monogamia era mi opción se abrió un mundo de posibilidades. La más interesante para mí y principal fue que no tendría por qué renunciar o perder al amor de mi vida, a mi compañero.

Cuando empecé a experimentar el contacto con otras personas nunca pensé en “quienes” pero sí que busqué primero en la opción más conocida para mí, los hombres.

Para la sociedad yo soy heterosexual, para mí, que odio las etiquetas, soy simplemente una persona que ama. Así que cuando empecé mi camino me plantee la posibilidad de conocer a mujeres también. A mí me cuesta mucho clasificar, no me siento muy cómoda, pero ¿cómo conocer a mujeres interesadas en conectar?

Me pasó una cosa que me dejó perpleja. Fui a facilitar una comunidad de convivencia de mujeres feministas y una de ellas es lesbiana y muy activa en el movimiento LGTB, así que le comenté mi opción personal y que mi proyecto era crear una comunidad de apoyo en Galicia. Mi sorpresa fue cuando me dijo: “a las lesbianas no nos gusta el poliamor”. La verdad que me sorprendió, así que simplemente le pasé la información de este blog y nada más.

Quiso la casualidad que en Píkara salió un reportaje sobre una aplicación de mujeres para mujeres y no ponía de lesbianas, así que allá me fui. Allí conocí a “Siete”. Lo primero que me dijo fue: “mi situación es un poco especial porque tengo una hija”. Desde casa yo me moría de la risa porque si eso le parecía novedoso en cuanto le contase lo mío se iba a quedar muerta, y eso hice.

Su reacción fue de mente abierta. Es verdad que después de hablar muchas horas ella me comentó que estaba un poco cansada de las relaciones de pareja lesbianas, y que esta opción aunque no la entendía muy bien le parecía buena. Así que me pidió el libro de Ética Promiscua para entender un poco más y yo me ofrecí a aclarar todas las dudas que tuviera.

Su pensamiento es monógamo y su ilusión es tener una compañera con la que compartir su vida y la educación de su hija, y me parece precioso y un estupendo objetivo para ella. Tuve que aclarar que yo no puedo darle eso. No soy lesbiana, tengo pareja, hijas y toda una vida montada. Aun así quedamos para conocernos.

Nuestra primera cita fue en su casa, la peque estaba enferma y era la única manera de vernos. Así que allá me fui y conocí a Siete y a su hija en su vida cotidiana. Fue la cosa más rara que experimenté en mucho tiempo y varias fueron las razones.

La primera, me di cuenta de que no entiendo los códigos entre mujer y mujer. Los conocidos para mí son mujer-hombre, así que me vi súper pez y no entendía las señales, di tu que el día tampoco era para tirarse los tejos, con la peque de un colo al otro.

Lo segundo, no es gallega y eso lo noté mucho en el contacto físico. Y lo último, no estaba conociendo a una amiga, eso lo sé hacer sin problema, estaba teniendo mi primera cita con una mujer.

En cuanto salí de su casa le escribí un whats up contándole como de perdida me había sentido, que me había gustado mucho estar con ella pero que no tenía ni idea de cómo había ido la cita. Su opinión llegó pronto: le había gustado y entendía perfectamente que no estuviese acostumbrada pero que quería seguir quedando.

A partir de aquí empezamos a quedar para ir conociéndonos y viendo hacia donde iba nuestra relación. Ha coincidido siempre con niñas de por medio, con la suya o con la suya y las mías. Ella está sola y es complicado. Empezamos a planear nuestra cita “a solas” con mucha ilusión y todos los miedos del mundo.

El día de la “cita” estábamos súper nerviosas. Uno de mis miedos, y el que más hablé con ella, fue el tema del sexo. Nunca había tenido sexo con otra mujer más allá de un beso y alguna caricia picante en los pechos, y quería darle placer. Otro miedo, y este para las dos, es si a mí me gustaría tener sexo con una mujer. A esto se añadió la responsabilidad para ella de mi “virginidad femenina”, jajajajajaja.

El resultado, para mí fue la cosa más natural del mundo. En ningún momento me pareció determinante ni limitante que fuese una mujer. Confié en ella y me dejé llevar. Sorteamos los nervios como pudimos, y había de fondo un sentimiento más profundo que el mero hecho de tener sexo, y era compartir un momento de complicidad, aprendizaje y conexión. Sabemos que el segundo encuentro irá muchísimo mejor porque empezaremos a comunicarnos con el cuerpo sin los miedos previos, será un viaje apasionante hacia nuevas sensaciones tanto mías como para ella, y tenemos muchas ganas.

Ahora vamos a construir nuestra relación poco a poco y ver como encajan nuestras necesidades individuales y sobre todo nuestras vidas. Me considero muy afortunada de haber encontrado a Siete y de poder vivir esta experiencia con ella, porque es ella y no el hecho de ser mujer lo que lo hace especial. Aquí es cuando me doy cuenta de que mi camino es el correcto, el de conectar con “personas”, aceptando y empapándome de la diversisad, y dejando que la vida me sorprenda y me traiga estos regalos.

Siete, pasear juntas de la mano ,cenar mirándonos a los ojos sin importarnos todo lo de alrededor, abrazarnos entre pechos y descubrirnos con caricias, tuvo todo el sentido del mundo.

“Siete”

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