La vuelta a la normalidad

Después de la montaña rusa de emociones del fin de semana y superado el test de estrés, vamos reconstruyendo poco a poco nuestra pareja.

El fin de semana nos sirvió para darnos cuenta de los “vacíos” que hay en nuestra relación. A pesar de que hablamos mucho, procesamos todos los días, estamos pendientes uno del otro, ha quedado de manifiesto que nos queda un largo camino. Tanto mi pareja como yo “supusimos” lo que el otro haría frente a una situación desconocida, y está claro que si los dos hubiésemos tenido la misma información hubiésemos actuado de otra manera, o por lo menos aunque fuese la misma lo haríamos de manera más consciente.

Nos ha golpeado duro pero es increíble la fuerza que nos une. La vuelta del viaje vine destrozándole la cabeza a mi pareja y culpándole de todos los males del universo, los que podía controlar y los que no. Además le hice responsable de mis sentimientos, tenía que cuidarme, protegerme, adivinarme, intuirme,… todas esas MIERDAS que precisamente no debemos hacer. Tenía que haberme hecho responsable de mis sentimientos y decirlos abiertamente, comunicarme de manera directa y no dando dobles señales como una loca, tenía que haber reconocido que no soy una superwoman y saber pedir ayuda de manera eficaz, no dando millones de rodeos para que el intentase adivinar qué coño quería.

La reconstrucción empezó cuando empezamos a aflojar. Yo a no exigirme tanto, tanta cabeza, tanto control, tanta comprensión, tanta elasticidad y permitirme tener un lunes de mierda , triste y con la incertidumbre sobre lo que iba a pasar con nuestra pareja. Así que decidí dejarme llevar, me sumergí en la cotidianidad para ordenar mi día y simplemente fluí, esta vez con el corazón. Es increíble el poder que tiene un simple mensaje de TE QUIERO a través del móvil. Él decidió concederse calma y empezó a disfrutar de las cosas que le apasionan y la cosa se fue ordenando.

Es increíble la velocidad de recuperación que tenemos. El martes nuestros cuerpos se buscaban de manera ansiosa para sellar el círculo y volver a conectar. Estar conectados es lo que nos hace fuertes, aunque estemos separados y cansados por la rutina diaria. Esos momentos de abrazos, de caricias, de confianza, de placer hacen que nuestra unión sea indestructible.

El miércoles alcanzamos el nivel superpareja. Yo tenía una cita con Stranger. Le había propuesto a mi pareja cancelar la cita para dedicarnos tiempo para nosotros pero dijo que no, que siguiese adelante con mi cita que él se quedaba a pasar la tarde con las niñas. Y me fui confiada. La semana pasada mi primer encuentro con Stranger había supuesto un desafío. Siempre es un desafío cuando entra una persona nueva, aparecen los miedos, las inseguridades, las suposiciones y las imaginaciones. En cuanto le mandé un mensaje de que volvía a casa me escribió: viva la compersión!

Me subí al coche con una sonrisa, y en cuanto llegué a casa le dije: cuéntame eso. Y me contó que se sentía bien, que había pasado una tarde caótica con las niñas donde no había podido trabajar nada, pero que no necesitaba ir a correr, que no necesitaba nada para dejar de pensar. Simplemente lo había pasado y solo quería ver mi nivel de sonrisa. No hicieron falta detalles sobre el encuentro, la persona, lo que hicimos, lo que no hicimos, simplemente me dio un espacio de libertad para que compartiese lo que me diese la gana. Y así lo hice, pero ese será el post de mañana.

Amor, no dejas de sorprenderme, dices que no llegas pero a veces me sobrevuelas con tu capacidad.

Te quiero.

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