La primera ciclogénesis.

He superado el lunes sin ningún acontecimiento extraño y me siento afortunada, ya empezaba a estar un poco paranoica con mis lunes.

Hoy entra la primera ciclogénesis. Para aquellos que no sois de Galicia deciros que es el típico temporal de lluvia, frio y viento de toda la vida pero con nombre chuliguay. Es tiempo de casita, de recogimiento, de nostalgia. A mí en concreto esta época del año me encanta, realmente para mí ya acabó el verano aunque no lo diga el calendario, y empieza “el curso”.

Estoy en calma. Reencontrándome, dedicando tiempo a ver cuáles son mis necesidades ahora mismo, vuelvo al yoga y toca recuperar la postura.

Estos días mi pareja está como el tiempo, y me ha pedido cariño, mucho cariño. Es difícil para un hombre la búsqueda de personas para compartir momentos, afortunadamente no se está encontrando gente que le dé la “moralina” de lo que haces está mal, simplemente no comparten su punto de vista y se apartan de su camino. Llevamos varios días comentándolo y le ha generado frustración y yo creo que también aburrimiento. Se ha juntado también con el hecho de que yo esté conociendo otra persona en mi vida.

No hace ni un mes yo estaba como él. Estaba aburrida de contar lo mismo, de sentirme una anomalía exótica altamente follable. Todas mis relaciones se habían ido a la mierda de una manera u otra. Estuve reflexionando un mes sobre cosas que no estaban al alcance de mi mano, que poder hacer para no perder a mis amantes, como ser más interesante, atrayente o yo que sé, para no sufrir el abandono. La conclusión, el abandono es parte de este proceso y es un aprendizaje. ¿Duele? claro que sí, y en este mes he escuchado toneladas de canciones melancólicas y deprimentes, leído poesía y textos con los que me he sentido identificada en cada palabra, hablado miles de horas con amig@s sobre cómo me sentía y que hacer.

Ahora simplemente estoy en la fase de “dejar ir” todos esos sentimientos confusos, enmarañados, caóticos, y estoy volviendo al orden, la calma, la estabilidad, la mantita y las castañas. Claro que soy consciente de que en cualquier momento puede venir una ciclogénesis de esas y ponerlo todo patas arriba, pero por lo menos ya tengo experiencia, y procuraré no estar tan expuesta al viento indomable.

Casi todos los días intento cerrar el día con estas tres preguntas:
-¿Qué me fue bien?
-¿Qué me fue mal?
-¿Qué puedo mejorar?

Es con estas tres cuestiones con las que me siento más cómoda y me es más fácil identificar cosas que tengo que trabajar. Pasito a pasito, le digo a mi pareja. Besito a besito, y un montón de abracitos. A veces no hay que decir nada, solo acompañar y esperar a que las cosas se vayan ordenando poco a poco, y contemplar cómo pasa la ciclogénesis.

La primera ciclogénesis.

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